China se ha convertido en el referente mundial de los coches eléctricos. A lo largo de las últimas décadas, el gigante asiático ha creado una infraestructura enorme alrededor de ellos con enormes fábricas, marcas punteras y coches con la última tecnología disponible a precios bajos.
Este cambio a nivel nacional también se notó en las carreteras, donde los eléctricos han ido sustituyendo a los de combustión. Y mientras esta revolución tecnológica parecía ser la solución definitiva para acabar con los problemas medioambientales que provocan los coches, China se ha topado con un enorme problema que tiene que resolver.
En concreto, los vehículos eléctricos generar una enorme cantidad de residuos en forma de su baterías gigantes que los impulsan. Según el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino, para 2030 se enfrentarán a un millón de toneladas de baterías usadas, por lo que el país está en una carrera contra el tiempo para buscarle una solución.
Esto es porque los coches eléctricos venían a reducir las emisiones, pero los cementerios de baterías se han situado como un problema, aunque por suerte China ya trabaja en planes para tratar de darles una segunda vida aprovechando hasta la última pieza posible de estas.
Las baterías de los coches eléctricos están compuestas de litio, níquel, cobalto, manganeso, cobre y aluminio, materiales de alto valor que si se reciclan correctamente pueden volver a utilizarse en la cadena operativa. Para ello, el gobierno chino quiere controlar todas las baterías que se producen, y mediante un nuevo sistema de trazabilidad pretenden dar respuesta a este problema.
Y desde el 1 de abril de 2016, China impuso la norma de que toda batería de un vehículo de nueva energía tenga una identidad digital. De esta manera se aseguran de que se sepa dónde está la batería en todas las etapas de su vida, y que una vez se agote poder saber dónde está para reciclarla correctamente y crear así una economía circular en las baterías.
Para ello, las autoridades han centrado la responsabilidad en fabricantes, vendedores, operadores logísticos y recicladores, ya no vale con solo producir los coches o venderlos, sino que también hay que tener un plan de reciclaje responsable. En una industria que no deja de producir millones de baterías, tomar medidas para cuando estas sean inservibles es crucial para afrontar este problema ecológico al que hasta ahora no se le había puesto el foco.
Además, esta medida de reciclaje responsable tiene un segundo beneficio más allá de reducir el impacto medioambiental. Y es que como decíamos, estas baterías contienen recursos muy valiosos, y recuperarlos y darles una segunda vida en instalaciones industriales, redes eléctricas o incluso en edificios, reduciría la presión sobre la minería para conseguir estos mismos materiales disminuyendo los costes.
China está marcando el camino de las transición hacia la electrificación de los coches, y como demuestra esta nueva normativa, no vale solo con producir y usar, sino que dentro de la estrategia hay que incluir los pasos posteriores: reutilizar, reciclar y recuperar materiales.
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