¿Responde el Escudo de las Américas a las necesidades de seguridad del país?, ¿a qué nos comprometió Donald Trump?
En ka residencia de verano del presidente Donald Trump en Mar e Lago (Florida) como signo de los tiempos, invitó a un grupo de países de América Latina y el Caribe (ALC) exceptuando al Perú (6/3/26), sin invitar tampoco a Brasil, México y Colombia. En suma, se trató de una convocatoria a gobiernos de derecha a la Casa Blanca. En la presentación del 22/3/26 ante la asamblea de la ON, los países de LATAM se alinearon con los EEUU vetando la presencia de Palestina, sin llegar por ahora, a pedir la desaparición de la Corte Penal Internacional (CPI) como pide EEUU.
¿Era necesario un nuevo acuerdo en materia de lucha contra el delito organizado? La Comunidad Andina venía promoviendo hace años una iniciaticva similar, que pulula entre otras cumbres regionales, cumbres hemisféricas e latinoamericanas, como la promivida recientemente por el presidente de Chile José Antonio Kast, el Compromiso de Santiago.
En estos seis meses, si bien no existe documento ni plan de cómo combatir a las mafias, se han agregado otras demandas al Perú: y lo os países de América Latina y el Caribe (ALC), y en el futuro vendrá salirnos de la Corte Penal Internacional, que ha dictado una orden de aresto a Benjamin Netayahu y morigerar el ingreso de “potencias extracontinentales” (o sea, China, Rusia e Irán).
¿A qué nos obligaría pertenecer al Escudo?
Esto sigue siendo un misterio, porque, de lo que se conoce hasta la fecha, la declaración de marzo en el Hotel Doral en marzo, y luego un documento que permanecía desconocido, no disponemos de mayores antecedentes, más que las declaraciones a la prensa que han hecho las autoridades estadounidenses.
Lo cierto es que desde sus inicios la Casa Blanca ha indicado que se trata de una continuación de la llamada “Flecha del Sur”, maniobra que culminó con la extracción de Nicolás Maduro. Es decir, una operación “antidrogas” que recurrió al empleo de fuerza militar con el fin inicial de detener el contrabando de drogas en el Caribe, que luego se extendió al Pacífico colombiano y ecuatoriano mediante el cual fuerzas navales y aéreas de los EE.UU. hundieron decenas de embarcaciones con un número indeterminado de bajas.
El Gobierno estadounidense, legítimamente preocupado por el narcotráfico, al igual que los gobiernos de ALC, optó por declarar a los carteles de droga como “organismos terroristas”, lo cual permite el empleo de fuerza militar en su combate. ¿Esto podría ampliarse a todos los países que formasen parte del Escudo?, ¿permitiríamos el empleo de fuerza militar extranjera en nuestro espacio aéreo y naval?, ¿en qué pensaba el actual ministro de Defensa cuando firmó este documento el 12 de marzo?
¿Seguridad colectiva o dominación geopolítica?
Desde hace mucho existe una corriente en el mundo estratégico estadounidense respecto de ALC, que ha recrudecido con el fin de la Guerra Fría. El discurso era que, dado que se había acabado la amenaza extracontinental (o sea, la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia), no sería necesario que los países al sur del Río Bravo tuviesen fuerzas convencionales, que la seguridad continental podría garantizarla el Comando Sur. Las Fuerzas Armadas latinoamericanas –en esta óptica– debían dedicarse de manera preferente a tareas de orden interno. El mundo que se avecinaba era un mundo de paz y cooperación. La guerra era cosa del pasado y estábamos en el fin de la historia.
Ese discurso caló hondo en las sociedades y en la intelectualidad, incluso alimentó un “socialismo utópico”, cuyo epicentro era el desarrollo y construir una nueva relación interamericana. Aumentaron las becas para centros de formación en EE.UU. para civiles en seguridad y defensa.
Desgraciadamente, el mundo siguió su camino más allá de quienes se enamoraron de sus ideas “idealistas”, valga la redundancia. El presente vergonzante de Gaza, la proliferación de conflictos de todo tipo –regulares, irregulares, étnicos, híbridos, etc.– se transformó en la difícil realidad y en el más que probable futuro cercano de la humanidad.
En este contexto, ¿el Escudo de las Américas corresponde a las necesidades estratégicas y de seguridad de nuestro país?, ¿a qué nos compromete?, ¿les agrega nuevas misiones a nuestras Fuerzas Armadas?
No es posible para la ciudadanía opinar con plenitud sobre estos temas al carecer de la información básica.


