El veto del gobierno chino a la retransmisión de los partidos del Real Madrid por el caso Mbappé tiene un antecedente cercano de semejante magnitud. China censuró la emisión televisiva de los encuentros de la NBA durante dos años y medio entre 2019 y 2022 por otro comentario con fondo político. Si en esta ocasión el apagón llega al referirse el delantero francés a Mao Zedong como “dictador”, entonces fue una opinión del director general de los Houston Rockets, Daryl Morey, la que desató la tormenta. “Lucha por la libertad, apoya a Hong Kong”, escribió el directivo en relación a las manifestaciones en dicho territorio a favor de la democracia. China, como ahora sucede con Mbappé, lo consideró un ataque a la identidad nacional y no le tembló el pulso para vetar a un gigante del deporte mundial como la NBA. Tampoco ha dudado actualmente pese a las disculpas del Real Madrid.
China fundió a negro las retransmisiones de la liga estadounidense y de los partidos de preparación, como un choque entre los Nets y los Lakers que se disputó en Shanghái sin cámaras presentes. La televisión estatal CCTV explicó en un comunicado: “Cualquier comentario que desafíe la soberanía nacional y la estabilidad social no está dentro del ámbito de la libertad de expresión”. Ni siquiera sirvieron las disculpas de James Harden, entonces gran estrella de los Houston Rockets (“pedimos perdón, amamos a China”) ni el hecho de que el presidente de la federación china fuera Yao Ming, el histórico pívot que jugó ocho temporadas en la NBA entre 2002 y 2011, todas precisamente en Houston. El exjugador calificó las palabras del mandatario de los Rockets como “inapropiadas” y manifestó su “fuerte oposición”.
El golpe económico fue mayúsculo, como temen ahora también LaLiga y el Real Madrid. China supone el mercado baloncestístico más importante para la NBA fuera de Estados Unidos, un negocio valorado en 4.000 millones de dólares, según la revista Forbes. El país cuenta con más de 300 millones de practicantes de baloncesto y se estima que más de 500 millones de habitantes consumen información sobre la competición estadounidense. La liga abrió una oficina en Hong Kong en 1992 y durante tres décadas China emitió la NBA hasta esos dos años y medio de apagón, entre el comentario de Morey en octubre de 2019 hasta la reanudación de las emisiones en 2022. Por el camino fueron suspendidos también una docena de acuerdos comerciales de diversas marcas, como el mayor fabricante de ropa deportiva de China, la segunda empresa láctea del país o un gran grupo de motor. Hoy las relaciones se han normalizado y Houston y Dallas jugaron el pasado 11 de octubre un amistoso en Macao.
“Entiendo que nuestros socios estén molestos”, afirmó en 2019 el comisionado de la NBA, Adam Silver; “pero defendemos nuestros principios. Eso es mucho más importante que hacer crecer nuestro negocio. Los valores de la igualdad, el respeto y la libertad de expresión han definido durante mucho tiempo la NBA, y continuarán haciéndolo. Como una liga que opera a nivel global, una de nuestras mayores contribuciones es la defensa de estos valores”. Para China no entraba en juego ese concepto de libertad de expresión, sino un ataque a su orgullo nacional. Y en ese terreno, ni antes ni ahora ha vacilado. Caiga quien caiga, la mismísima NBA o el Real Madrid de Mbappé.
Juan Morenilla, El País


