La coma retrocede paso a paso en los titulares. A veces desaparece cuando debería aclarar un significado, indicar la ausencia de un verbo, marcar un vocativo o señalar una aposición explicativa.
La coma sitúa su escueta grafía a los pies de las palabras, pero ese humilde emplazamiento no se debe desdeñar. Véase cómo cambia el sentido en las respuestas de estos diálogos:
—Rodri quiso fichar por el Real Madrid.
—No era Mourinho el entrenador.
—Rodri quiso fichar por el Real Madrid.
—No, era Mourinho el entrenador.
En el primer caso, con la contestación se sobreentiende una respuesta afirmativa y se explica el contexto en el que Rodri aceptaba irse al club madrileño, cuando se lo propuso el candidato Enrique Riquelme; pero como ganó las elecciones Florentino Pérez y se llevó consigo al técnico portugués, las circunstancias de la segunda respuesta cambian radicalmente. Y la coma lo sabe.
Otro tanto sucede cuando debe señalar la ausencia de un verbo. El diario El Mundo tituló el 18 de junio a toda portada de papel: “Zapatero incapaz de refutar los ‘rotundos’ indicios de corrupción”. Al suprimirse “es”, debió incluirse la coma tras el sujeto: “Zapatero, incapaz de refutar…”. Asunto aparte sería el titular “Zapatero incapaz de arreglar una suela decide dejar el oficio”.
Si un medio prescinde de las comas, debe bajar su precio, porque omite algo importante. En una portada de ¡Hola! se lee: “Leonor ilusionada”. Y en la de Diez minutos: “Aitana solidaria con los niños enfermos”. ¿Y las comas? Un error parecido se introdujo en este rótulo del Telediario el 21 de julio: “España lista para apoyar a la selección”. Y durante el Mundial se vio también este subtítulo televisivo: “Irán a por la clasificación”; pero, por el contexto, tal vez quisieron decir “Irán, a por la clasificación”. La coma puede convertir un verbo en un país. O un adjetivo en un verbo: “La oposición, atenta contra el ministro” / “La oposición atenta contra el ministro”. El mejor titular es el que no necesita comas. Pero si las necesita, han de ponerse.
También ocurre esto en elpais.com, como el 18 de junio: “Adiós barrio Salamanca, hola La Moraleja”. (Habría sido mejor “Adiós, barrio de Salamanca; hola, La Moraleja”, según la norma). O el 21 de junio: “Caminante no hay camino”. (No hay camino… ni coma).
Este signo hace falta asimismo ante una interjección: “Vamos a comer, ostras” frente a “Vamos a comer ostras”.
Pero aquellos que necesiten un atracón de comas para compensar ayunos como los mencionados pueden releer el famoso auto firmado por Juan Carlos Peinado el 20 de junio. Insistiendo en errores previos (si bien su último escrito, del 21 de septiembre, experimenta una milagrosa mejoría), el juez escribió allí al menos diez comas sobrantes y tres anacolutos ¡en un solo párrafo!
Decía así: “Se alega, por el letrado de la acusada, María Begoña Gómez Fernández, que al ser una persona, que dada su condición de esposa del actual Presidente Del Gobierno, ello implica que en todo momento se encuentre acompañada, y custodiada, por agentes o miembros de los Cuerpos de Seguridad Del Estado, pero lo que no cabe duda, es que, esos agentes en un momento determinado pueden, bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos, sean precisamente, quienes colaboren en la acción o acciones que se lleven a cabo, para facilitar esa fuga, que haga imposible, que la acusada se encuentre a disposición de la justicia”.
Esas faltas no eran de juzgado de instrucción, sino de juzgado de guardia.
Álex Grijelmo, El País



