- El IPC subyacente se sitúa por encima de lo previsto en tasa mensual y anual
- El repunte del 9,1% mensual en la gasolina arrastra al alza al IPC general
- Suben de nuevo hasta el 50% las apuestas por un alza de tipos de la Fed en octubre
La inflación se calentó aún más en septiembre en EEUU a causa de la crisis energética, siendo especialmente feroz el repunte del precio de la gasolina. El índice de precios al consumo (IPC) subió un 3,7% interanual el mes pasado, una décima más de lo esperado, hasta situarse tres décimas por encima de la lectura de agosto. En términos intermensuales, el salto fue del 0,6%, en este caso en línea con lo previsto. Por su parte, el IPC subyacente (excluye energía y alimentos) repuntó hasta el 2,6% interanual, una décima por encima de lo esperado y dos por encima de la cifra de agosto. En tasa intermensual, la subida fue del 0,3% frente al 0,2% previsto. Aunque el dato subyacente intermensual era en el que más énfasis habían puesto los analistas, no está claro que esta sorpresa vaya a ser suficiente para decantar la balanza y que la Reserva Federal suba los tipos de interés en su reunión de finales de octubre. Sin embargo, sí puede contribuir a hacer más denso el debate.
En el desglose publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), la inflación energética es, en efecto, protagonista con un 5,2% mensual. Dentro de esta partida, destacan el repunte del 9,1% mensual en la gasolina y del 15,3% en el fuelóleo. También se registraron subidas generalizadas en otros ámbitos: los precios de la vivienda subieron un 0,4% -una subida más marcada- debido a otro fuerte incremento del 2% en los precios del alojamiento y a un aumento medio más sólido, del 0,3%, en el alquiler de primera residencial y el alquiler equivalente de los propietarios.
El muy esperado aumento de las tarifas aéreas se quedó en el 1,2% mensual; no obstante, los precios de los servicios se vieron sometidos a presiones al alza en otros ámbitos, incluyendo un aumento más marcado del 0,6% en los precios de los servicios hospitalarios y relacionados, así como subidas más sólidas en los precios de los servicios recreativos y otros servicios personales.
También se esperaba que las subidas de precios de los iPhone impulsaran los precios de los bienes duraderos, pero, al final, los precios de los smartphones solo subieron un 0,4%. No obstante, los precios de los bienes duraderos subieron un 0,3% intermensual, en parte debido al mayor incremento mensual jamás registrado en los precios de los juguetes, que se dispararon un 4,2%, así como a un aumento más notable del 0,7% en los precios de los vehículos de segunda mano, mientras que los precios de la ropa también subieron un 0,3% y los de los equipos informáticos también aumentaron. La única buena noticia fue que los precios de los alimentos siguen beneficiándose de la mejora de las condiciones de sequía, con un ligero descenso del 0,1% en los precios de los alimentos para el consumo doméstico.
«La sorpresa al alza del IPC subyacente en septiembre tuvo un carácter generalizado, más que deberse a factores temporales evidentes, lo que vuelve a poner sobre la mesa una subida de tipos en octubre y plantea riesgos al alza para nuestra previsión de solo dos subidas más de 25 puntos básicos por parte de la Fed», valora en una nota para clientes Stephen Brown, analista de Capital Economics.
Es probable que esta subida generalizada del IPC subyacente se refleje también en el deflactor del PCE subyacente, cuya estimación preliminar, a la espera de los datos del IPP de septiembre, se sitúa en el 0,32%, razonan desde Capital. Esto provocaría que la tasa trimestral anualizada repuntara hasta el 2,8%, desde el 2% de agosto, y que la tasa anual volviera a situarse en el 3,1%, frente al 3% anterior. «Este es el tipo de evolución que podría llevar a la Fed a dar el paso de aplicar otra subida este mes, en lugar de esperar como han sugerido recientemente los responsables de la Fed», escribe Brown, esperando más detalles en la próxima lectura de la inflación al productor (IPP), de la que bebe el citado PCE (deflactor del consumo personal), más seguido por la Fed.
Tras el informe de IPC, los mercados estiman ahora una probabilidad del 50% de que la Fed suba los tipos frente al 20% anterior a la publicación de los datos. Los mercados financieros se han sentido cómodos en los últimos días descontando una probabilidad del 20% de una subida de tipos de interés por parte de la Fed en la reunión del FOMC (el Comité que toca las tasas) de octubre, después de que ‘pesos pesados’ del banco central, Philip Jefferson, John Williams y Chris Waller, hayan sugerido que no tienen prisa por subir los tipos tras el aumento de 25 puntos básicos en septiembre.
«El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, insiste repetidamente en que lo que importa no es un dato aislado, sino la tendencia. Y esta tendencia no es precisamente favorable. La tasa de inflación no ha mostrado hasta ahora señales de acercarse al objetivo del 2% de la Fed. Esto hace necesario endurecer nuevamente la política monetaria», reflexiona Bernd Weidensteiner, economista de Commerzbank Research.
El analista de Commerz recuerda que la próxima reunión del banco central está programada para el 27 y 28 de octubre. Esto la sitúa en la fase final de la campaña electoral previa a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. «Normalmente, la Reserva Federal actúa con cautela en fechas tan delicadas políticamente. Sin embargo, los mercados financieros no están tan seguros. (…) Las cifras de hoy sin duda han aumentado el riesgo de que la Fed no espere hasta diciembre, como preveíamos», remacha.
Una visión crítica con el informe de IPC es la que adopta Paul Donovan, economista jefe de UBS, quien señala que, en los últimos años, los datos sobre los precios al consumo en EEUU han perdido precisión: «Se están repercutiendo los costes del petróleo, lo que eleva tanto la tasa de inflación general como la subyacente. La inflación impulsada por los beneficios empresariales y las presiones salariales siguen prácticamente ausentes (salvo, tal vez, en las tarifas aéreas)». Este tipo de inflación, argumenta Donovan, «apenas requiere respuesta -o ninguna en absoluto- por parte del banco central».
Desde el punto de vista de los hogares estadounidenses, plantea el estratega de UBS, «el sesgo de frecuencia y la aversión a la pérdida distorsionan la percepción de la inflación, y es esta percepción la que alimenta la crisis de la capacidad de compra«. Su tesis es que los niveles de precios importan tanto -o más- que la variación más reciente de los mismos y que cuestiones concretas como el precio de la carne de vacuno (elevado y objeto de compras frecuentes) y el de la electricidad (un tema políticamente sensible) son las realmente relevantes.




