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El ejército israelí lanza otra ofensiva terrestre en el sur de Líbano, más allá de las zonas que ocupa

Nabatie
Columnas de humo de bombardeos israelíes, vistos desde la ciudad de Nabatie, en el sur de Líbano, este lunes. Stringer (REUTERS)

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Las tropas exigen el vacío de la ciudad meridional de Nabatie, reivindican 100 bombardeos contra Hezbolá y expanden las operaciones terrestres más allá de la zona ocupada

Israel persiste en su escalada de operaciones en Líbano. Este martes, su ejército ha incrementado los bombardeos, las órdenes de desalojo y las maniobras terrestres a unos niveles inéditos desde la entrada en vigor de un alto el fuego nominal el pasado 17 de abril. Mediante declaraciones a la prensa de su país, las tropas han reivindicado por primera vez desde esa tregua la extensión de las operaciones terrestres en el sur de Líbano más allá de la Línea Amarilla, una demarcación trazada por el propio Israel para delimitar el territorio que tenía bajo ocupación al inicio del cese.

El ejército israelí ha reivindicado durante la mañana del martes el lanzamiento de un centenar de bombardeos sobre distintos municipios del sur y del este del país desde la noche del lunes, cuando el primer ministro, Benjamín Netanyahu, anunció que había ordenado “pisar el acelerador” en los esfuerzos bélicos contra la milicia libanesa Hezbolá. La ofensiva israelí, según un comunicado castrense, ha apuntado contra 90 puntos de interés militar y contra “terroristas” de la organización proiraní. El ataque nocturno contra una vivienda en Mashghara, un municipio a 35 kilómetros de la frontera no oficial con Israel, mató el lunes a 11 personas, entre ellas dos niños. Son datos del Ministerio de Sanidad libanés, que este martes registra 28 muertes adicionales.

Cuando todavía se desconoce el balance total de muertos y heridos que ha causado la ofensiva militar, el ejército hebreo ha ordenado este martes el desalojo íntegro de la ciudad meridional de Nabatie (con unos 75.000 habitantes). El aviso para vaciar ese importante municipio, que acoge algunos de los hospitales que dan cobertura a los afectados por la guerra en el sur, es la orden de expulsión de mayor envergadura que Israel emite ―y que se suma a los 1,2 millones de desplazados libaneses por la guerra y desalojos forzosos― desde la entrada en vigor de un alto el fuego solo sobre el papel que Estados Unidos impulsó en abril.

Durante los últimos días, sin embargo, Israel ya venía emitiendo órdenes de desalojo cada vez más extensas y ambiguas, lo que ha llenado de angustia y confusión a una población que confiaba en poder volver a sus hogares con la llegada del supuesto cese de las hostilidades. Tras el comunicado de Netanyahu anticipando una escalada, miles de residentes partieron, una vez más, de los suburbios de Beirut, ampliamente devastados por los ataques israelíes durante episodios anteriores del conflicto.

Un centro de atención primaria en Maashouq, en el distrito de Tiro, es destruido en un ataque aéreo israelí, según informaciones locales, el 20 de mayo.CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

“Estamos en guerra con Hezbolá”, proclamó Netanyahu la noche del lunes en un comunicado. “No vamos a levantar el pie del acelerador”, agregó. Su mensaje llegó después de que el ala ultra de su coalición de Gobierno —encabezada por los ministros de Finanzas, Bezalel Smotrich, y de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir— y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, reclamaran escalar las hostilidades contra Hezbolá como una respuesta al goteo de bajas que la milicia está causando entre las tropas israelíes, donde 23 soldados han muerto desde marzo —el último, este domingo—.

La lucha contra los drones

Desde el inicio del cese, Hezbolá ha provocado la mayoría de muertes entre las filas israelíes con un tipo de dron que ha añadido a su arsenal y que vuela sin señales electrónicas de radio, convirtiéndose en indetectable para los sistemas tradicionales de defensa israelíes. En su lugar, un fino cable de fibra óptica conecta el dispositivo con el operador, permitiendo al miliciano atacar a las tropas israelíes desde unos 20 kilómetros de distancia.

La frustración israelí fue en aumento cuando Hezbolá impactó un dron contra una vivienda en el municipio israelí de Metula y otro en un autobús escolar en Shomera. Ante la presión creciente, también Netanyahu se acogió a ese argumento: “Sí, nos están atacando con drones, y tenemos un equipo especial trabajando en ello”, reconoció en su comunicado. “Pero lo que esto exige de nosotros ahora es intensificar los ataques”, concluyó.

La falta de solución definitiva para frenar esa arma lleva al ejército a extender su presencia terrestre en Líbano. Así lo han justificado en la prensa israelí representantes castrenses, que anuncian un intento para anular las posiciones desde las que los miembros de Hezbolá conducen esos drones. El grupo proiraní, que manifiesta que seguirá atacando al ejército israelí mientras mantenga la ocupación de Líbano ―del 5% del territorio nacional―, ha confirmado este martes la existencia de combates en Zawtar al Sharquiya. Es una zona cercana a Nabatie, al norte del río Litani, donde afirma que el ejército israelí está realizando una nueva “incursión” más allá de la zona previamente ocupada y a 35 kilómetros al norte de su frontera -provisional- con Líbano.

Israel está escalando las hostilidades sobre Líbano en un momento en el que se especula con que las negociaciones de una tregua entre Estados Unidos e Irán comprometerán la acción israelí respecto a Hezbolá, toda vez que Teherán insiste en que el alto el fuego con Estados Unidos debe ser regional e incluir también a Líbano. El pasado 8 de abril, cuando el mediador pakistaní anunció que el cese de los combates entre Washington y Teherán tenía ese carácter regional y englobaba a Líbano, Israel lanzó una ofensiva colosal sobre el país árabe y causó 350 víctimas mortales ―la mayoría civiles― en cuestión de minutos. Poco después, la Administración de Donald Trump desmintió a Islamabad y negó que el acuerdo extendiera el alto el fuego a Líbano.

Una ofensiva incesante

La presión militar llevó la semana pasada al cierre de uno de los centros de la defensa civil libanesa en la ciudad. Este martes, un ataque contra un centro de rescatistas en el municipio cercano de Srifa ha matado a un sanitario, que se suma a la lista de los 125 muertos desde marzo por ataques directos de Israel, que acusa a los equipos de ambulancias de trasladar milicianos y armas. Sin embargo, las autoridades israelíes, a quienes el Ministerio de Sanidad libanés ha denunciado este martes por aplicar “la ley de la selva”, nunca aportan pruebas que sostengan esas acusaciones.

La guerra sigue arrinconando al Gobierno libanés en un equilibrio imposible, en el que busca el fin de la guerra mediante un proceso diplomático con Israel en medio de sus bombardeos. Más de una cuarta parte de la población libanesa ―1,2 millones de personas, la mayoría del sur― están forzosamente desplazadas por el conflicto en un país con una crisis humanitaria galopante, donde un porcentaje similar de libaneses padece una crisis de seguridad alimentaria aguda. Desde el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá disparó contra Israel en defensa de Irán y la guerra abierta volvió a Líbano, las tropas israelíes han matado a 3.213 personas —la mayoría civiles, incluidos 221 menores— y han herido a otras 9.737, según el Ministerio de Sanidad libanés. Por su parte, Hezbolá ha matado a 23 soldados israelíes y a un contratista que trabajaba con el ejército hebreo en territorio libanés, según el recuento anunciado por las Fuerzas de Defensa Israelíes, y a dos civiles, según informaciones de Reuters.

Joan Cabasés Vega para ElPais.com 26/5/26