Cuando se habla de negocio familiar, se suele pensar en la pequeña tienda de barrio regentada primero por los padres y después por los hijos, pero la realidad es que hasta las multinacionales más grandes del mundo también lo pueden ser.
Un claro ejemplo de ello es Samsung, el gigante tecnológico surcoreano es el chaebol (o empresa de propiedad familiar) más grande de su país y uno de los del mundo. Y como tal, tras el fallecimiento de Lee Kun-hee en 2020, la presidencia de Samsung pasó a las manos de su hijo Lee Jae-yong, que formó un nuevo equipo directivo junto su madre, Hong Ra-hee, y sus hermanas, Lee Boo-jin y Lee Seo-hyun.
En Corea del Sur, el impuesto de sucesiones es uno de los más altos del mundo, con una tasa del 50% y teniendo en cuenta que la herencia de Lee Kun-hee fue de más de 17.000 millones de dólares, en la que se incluía acciones, propiedades e incluso piezas de arte, el impuesto a pagar ascendía a los 8.000 millones de dólares.
La alta suma ha generado un interés global entre los inversores por el hecho de poder afectar la capacidad de la familia de mantener el control de Samsung, pero desde el primer momento estos se han mostrado acordes con la suma asegurando que «el pago de impuestos es un deber natural de los ciudadanos».
Ahora, según recoge la BBC, han finalizado de pagar la suma en seis cuotas a lo largo de los últimos cinco años, convirtiéndose en la mayor contribución en impuestos en la historia del país.
A pesar de ello, el patrimonio de la familia Lee se ha multiplicado en los últimos años, llegando a los 45.000 millones de dólares, según Forbes, principalmente por demanda de chips informáticos por parte de la industria global, principalmente en Inteligencia Artificial.
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