- El lobby nace mientras Washington cuestiona las leyes antimonopolio de 1961
- La fragmentación del mercado provoca confusión entre los aficionados
- El precio del fútbol en España se ha disparado en la última década
Netflix, Amazon y YouTube, propiedad de Google, han unido fuerzas en Washington para crear un nuevo grupo de presión que pretende defender los intereses de las plataformas de streaming frente a una regulación cada vez más exigente. La Streaming Access and Choice Alliance (SACA), lanzada este lunes bajo el paraguas de TechNet, asegura que su objetivo es promover políticas que amplíen el acceso de los consumidores a contenidos de calidad, pero entre sus prioridades destaca el nuevo negocio multimillonario al que aspiran: el deporte en directo.
Las tres compañías han convertido las transmisiones deportivas en una pieza cada vez más importante de sus estrategias y esta temporada cuentan con partidos exclusivos de la NFL. Además, Netflix, Amazon y YouTube figuran entre las compañías que compiten por los derechos de retransmisión en Estados Unidos de los Mundiales de fútbol de 2030 y 2034, unos contratos que podrían alcanzar entre 1.500 y 2.000 millones de dólares por torneo. El problema es que los derechos de retransmisión de los deportes cada vez está más fragmentada, lo que obliga a los aficionados a suscribirse a diferentes plataformas para poder seguir a su equipo o atleta favorito.
La creación del lobby llega, además, en un momento especialmente delicado para las plataformas. Washington ha comenzado a cuestionar si las reglas diseñadas hace 65 años para proteger la retransmisión deportiva siguen teniendo sentido en un mercado dominado cada vez más por el streaming.
La Sports Broadcasting Act de 1961 concede a las grandes ligas profesionales una exención limitada de las normas antimonopolio que les permite negociar y vender conjuntamente sus derechos audiovisuales. La ley nació en una época en la que la televisión en abierto era prácticamente la única vía para seguir el deporte profesional. No obstante, la distribución se ha multiplicado entre cadenas de televisión, operadores de cable y satélite y plataformas digitales. Aquellas reglas diseñadas para promover la distribución de contenidos ahora elevan el precio para los consumidores.
Por ejemplo, el Congreso señala que algunos aficionados necesitan pagar más de 600 dólares por temporada para poder ver todos los partidos de su equipo y califica el actual modelo de retransmisión como caro, fragmentado y difícil de navegar. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha puesto bajo el foco la transformación del mercado y el creciente desplazamiento de los partidos hacia plataformas de pago. El organismo advierte de que los contenidos que antes llegaban a los hogares a través de una antena están migrando hacia una creciente combinación de suscripciones y aplicaciones específicas de las ligas.
En Europa, el aumento del número de plataformas y operadores que compiten por los derechos está elevando la complejidad para los aficionados. En España, el precio de los paquetes de fútbol de Movistar y Orange ha aumentado un 31,7% y un 74,8%, respectivamente, desde la temporada 2016/17, según datos de Roams.
La batalla por los derechos sigue, además, encareciéndose. Telefónica acaba de pactar con DAZN el pago de 1.650 millones de euros para distribuir durante cinco temporadas, entre 2027/28 y 2031/32, el paquete que incluye cinco partidos de LaLiga por jornada. Son 330 millones anuales, un 17% más que el acuerdo anterior.
La consecuencia de esta carrera por los derechos no es únicamente económica. Un estudio internacional de Gracenote, la división de inteligencia de contenidos de Nielsen, publicado este mes revela que el 26% de los aficionados afirma que a menudo no sabe qué canal o servicio retransmite un partido concreto. Entre los consumidores de 18 a 34 años, el porcentaje alcanza el 36%. El 85% reclama que la pantalla de inicio del televisor indique dónde y cuándo pueden ver a sus equipos favoritos.
Netflix, Amazon y YouTube aseguran que quieren preservar la «elección del consumidor», pero su expansión en el deporte contribuye a crear precisamente el problema que Washington empieza a intentar resolver: un mercado en el que tener más opciones puede significar necesitar más suscripciones, pagar más dinero y dedicar más tiempo a descubrir dónde se emite cada partido.
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