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Machu Picchu y la amenaza de dejar de ser maravilla: el problema que heredará quien llegue a Palacio en Perú

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La ciudadela eterna.

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La organización New7Wonders ha emitido una nueva advertencia: la ciudadela inca está en riesgo de perder su condición de “maravilla oficial” por severos problemas de gestión

Una carta abierta desde Zúrich, dirigida a Keiko Fujimori y a Roberto Sánchez —los aspirantes a la presidencia—, ha remecido la segunda vuelta. New7Wonders, la organización con sede en Suiza que en 2007 instauró un concurso para determinar a las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, le ha recordado al Perú que Machu Picchu enfrenta una amenaza concreta: perder el reconocimiento internacional que convirtió a la ciudadela incaica en un imán para millones de viajeros y en uno de esos lugares que hay que contemplar al menos una vez en la vida.

En el último tiempo, Machu Picchu ha dejado de ser noticia únicamente por su magnetismo ancestral, y más bien ha quedado a merced del caos y las tensiones que la envuelven. Denuncias de corrupción en la venta de boletos, incremento de precios en los servicios turísticos, paros indefinidos, enfrentamientos entre los gremios y las fuerzas del orden, colas interminables, bloqueos, y accidentes. En diciembre, un choque de trenes en la ruta hacia la llaqta (ciudadela) dejó un muerto y más de cien heridos. Y en medio, miles de turistas varados, desconcertados y atemorizados.

“La gente va con un sueño y descubre una pesadilla”, ha cuestionado Jean Paul de la Fuente, director de New7Wonders. En septiembre del 2025, la organización emitió un extenso comunicado donde advirtió por primera vez que Machu Picchu corría el riesgo de perder su categoría oficial de ser una de las Maravillas del mundo moderno. Le exigió a las autoridades “redoblar de manera urgente los esfuerzos necesarios para garantizar la protección y la adecuada gestión integral” del sitio.

Tres presidentes han pasado por Palacio desde entonces: Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar, quien el viernes cumplió cien días en el poder. Todo indica que ninguno ha asumido el tema con el compromiso necesario. A inicios de semana, New7Wonders lanzó una segunda llamada de atención, donde señalan que “no se ha producido ningún progreso ni cambio en todos los problemas que están socavando la credibilidad de Machu Picchu” y que, por lo tanto, “todos los riesgos permanecen”.

En el documento se enfatiza que esta inacción se debe principalmente a la “cuasi parálisis político-administrativa que enfrenta el Perú”, un país cuyos gobernantes no han concluido sus mandatos desde el 2016. Remarcan que, ad portas de las elecciones, desean asegurar que Machu Picchu ocupe un lugar prioritario en la agenda del siguiente gobierno. “Esperamos y confiamos en que quien sea elegido se comprometa plenamente, con nuestro asesoramiento y determinación, a revitalizar Machu Picchu para que pueda volver a ser una Maravilla verdaderamente creíble”, finaliza la carta que emplaza a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, quienes el 7 de junio disputarán su llegada a Palacio.

Hasta ahora, ninguno de los dos candidatos presidenciales ha dicho una palabra sobre el tema. El silencio resulta llamativo en el caso de Roberto Sánchez, quien fue ministro de Comercio Exterior y Turismo entre 2021 y 2022, cuando Machu Picchu todavía intentaba levantarse del golpe de la pandemia. Durante esos años, el santuario histórico recibió menos de medio millón de visitantes, apenas un tercio de los que llegaban antes del covid-19. Aunque las cifras han mejorado, la recuperación aún luce incompleta. Entre enero y noviembre de 2025, Machu Picchu recibió 1,4 millones de visitas, un 3% menos que en el mismo periodo de 2019, cuando alcanzó 1,5 millones, según el Instituto Peruano de Economía (IPE). “Se estima que, en los últimos cinco años, Machu Picchu dejó de recibir más de 5,3 millones de visitas respecto a su tendencia prepandemia”, subraya la institución.

Machu Picchu representa un motor económico indiscutible para el país. Representa el 35% del flujo de turistas internacionales que normalmente visitan el Perú. Sin embargo, autoridades locales denuncian que ello no se ha traducido en mayores beneficios para el territorio y las comunidades locales. El gobernador regional del Cusco, Werner Salcedo sostiene que la Dirección Desconcentrada de Cultura recauda aproximadamente 250 millones de soles (73,5 millones de dólares) anuales por la venta de entradas a la ciudadela, de los cuales solo siete millones (dos millones de dólares) se invierten en su preservación.

El periodista Roberto Ochoa, director de la revista Andares, explica que una de las razones de la masificación turística sin planificación ocurrió a comienzos de siglo cuando a Aguas Calientes —la localidad más cercana a Machu Picchu— se le cambió de nombre a “Machu Picchu Pueblo” con la finalidad de “embaucar a todo el mundo, haciéndolo pasar como el lugar donde viven los descendientes de los pobladores que construyeron la llaqta”. Construyeron hospedajes, restaurantes y viviendas sin una hoja de ruta. La zona se tugurizó. “Cuando comprobaron la sobreoferta empezaron las presiones para aumentar el flujo turístico […] El problema de Machu Picchu se origina por la existencia de Aguas Calientes como una zona liberada donde las mafias hacen y deshacen a su antojo. Y empezó durante el desgobierno de Pedro Castillo”, dice Ochoa.

Como si a la discusión todavía le faltara tensión, el Ministerio de Cultura y la Cámara de Turismo del Cusco han intentado bajar el tono a la advertencia de New7Wonders al considerar que solo tiene “fines comerciales”. Ambos sostienen que la única institución con competencia para evaluar el estado de Machu Picchu es la Unesco, el organismo que en 1983 inscribió a la ciudadela inca en la Lista del Patrimonio Mundial por considerarla “una obra maestra de arte, urbanismo, arquitectura e ingeniería”. El argumento busca relativizar la alarma, aunque no necesariamente despeja las preguntas sobre el deterioro de la experiencia turística que rodea a una de las mayores joyas arqueológicas del planeta.

“Claro que la lista tiene fines comerciales y eso beneficia al Cusco. La incorporación de Machu Picchu a la lista de New7Wonders provocó el actual boom de turistas peruanos y extranjeros. Minimizar esta alerta es puro cinismo considerando además que la Unesco también alertó los peligros que acechan no solo a la llaqta, sino a todo el Santuario Histórico de Machu Picchu”, explica Roberto Ochoa.

Machu Picchu empieza a perfilarse como uno de esos problemas incómodos que el próximo presidente no podrá seguir pateando. Quien llegue a Palacio el 28 de julio —Keiko Fujimori o Roberto Sánchez— heredará no solo una joya arqueológica bajo presión, sino también un modelo turístico cuestionado, conflictos locales enquistados y una advertencia internacional que amenaza con erosionar la principal vitrina del Perú hacia el mundo.

Renzo Gómez. El País.