- Ya han llegado las primeras cartas: Trump impone aranceles a siete países, casi calcados a los de abril
- Trump incide en todas sus creencias erróneas sobre cómo funciona el comercio
- El origen de la obsesión de Trump con los aranceles: una humillante derrota contra japoneses por comprar el piano de Casablanca
Si hay algo que parece claro es que las cartas a los líderes de Corea del Sur y Japón están escritas por el propio Donald Trump en persona. Desde la primera a la última línea reflejan su estilo, con mayúsculas aleatorias por todo el mensaje, y su pensamiento sobre aranceles y relaciones comerciales. Una combinación que deja muchas frases inesperadas, extrañas y sacadas de sus tuits a lo largo de la carta.
Un «COMERCIO justo»: La carta comienza con «Es un gran honor para mí enviarte esta carta porque demuestra la fuerza y compromiso de nuestra Relación Comercial», para luego añadir que «hemos decidido avanzar contigo, solo con un COMERCIO más justo y equilibrado», mostrando su querencia por las mayúsculas como forma de destacar palabras importantes.

La «Economía Número Uno»: A continuación, dice que «os invitamos a participar en la extraordinaria Economía de EEUU, el Mercado Número Uno en el Mundo, con diferencia», en una extraña imagen de un país invitando a otro a venderle cosas. Trump ha dicho que su idea del comercio internacional es la de que él es «el dueño de un centro comercial muy deseable», y que los aranceles son «un alquiler» que él, como dueño, cobra a otros países por ir a vender o comprar en los locales del centro comercial, como «un coste de hacer negocios».
El «comercio recíproco»: A continuación, se queja de que «nuestra relación, por desgracia, ha estado muy lejos de ser recíproca», apuntando a su obsesión con tener un comercio equilibrado, cuando, según recuerdan los economistas, el desequilibrio comercial no es más que el efecto de la disparidad entre el ahorro y el consumo de las empresas, habitantes y Gobiernos de los países, y EEUU es el país más gastador del mundo. Un superávit comercial puede ser una mala noticia, y una señal de que la economía del país no es capaz de impulsar el suficiente consumo de las familias.
Un 25% es poco: «Por favor, entended que el arancel del 25% es mucho menos de lo necesario para eliminar la disparidad de Déficit Comercial que tenemos con vuestro País», insiste, recordando los extraños y polémicos cálculos de los llamados «aranceles recíprocos» de abril, que simplemente dividían el déficit comercial entre la relación comercial total de ambos países, y luego dividían el porcentaje resultante entre dos. Y acusa al país de «tener un mercado cerrado» por la diferencia comercial, como si el hecho de que los consumidores japoneses (o surcoreanos) no importaran tantos productos como los estadounidenses fuera por una prohibición gubernamental.
El Made in Japan, fabricado en EEUU: A continuación, incide en otra de sus creencias insistentes: «No habrá aranceles si Japón decide construir o manufacturar sus productos en EEUU». Japón (o Corea), como país, no produce nada: son las empresas y las familias las que lo hacen. Incluso las empresas públicas son empresas, entidades distintas a los países y los Estados. Y también aparece uno de los errores fundamentales de Trump: la creencia de que son los países extranjeros los que pagan los aranceles, y no los importadores estadounidenses, que son los que realmente los pagan a la Hacienda de EEUU. Trump parece tener una cierta confusión sobre el papel de los países y los Gobiernos en el comercio.
El Economista



