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La captura silenciosa del MINEM: los tentáculos de Ilich López y Mario López Tejerina

Jerí
Con apoyo del presidente José Jerí, personajes oscuros han tomado por asalto el MINEM. ¿Hasta qué punto el Estado peruano puede ser colonizado por ambiciones personales y operadores con pasado turbio?

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Si en el Perú la política es un teatro donde los actores cambian de máscara pero nunca de libreto, pocas obras resultan tan elocuentes como la que hoy se representa en el Ministerio de Energía y Minas (MINEM). Desde hace semanas, en los pasillos silenciosos del edificio de San Borja, se comenta un movimiento inquietante, casi clandestino: el sector habría sido capturado por un dúo político cuyos antecedentes, lejos de inspirar confianza, parecen una radiografía del desgobierno que padecemos. Nos referimos al congresista Ilich López, de Acción Popular, y a su inseparable operador, Mario López Tejerina, un asesor que carga consigo un rosario de denuncias, destituciones y cortísimas permanencias en cargos públicos de distintas regiones del país. Como si se tratara de una oscura comedia, ambos personajes habrían impuesto al nuevo ministro de Energía y Minas, Luis Bravo De la Cruz, un subordinado histórico de López Tejerina en Distriluz y Electrocentro.

Lo que comenzó como una anecdota —el interés de López por controlar Distriluz y las empresas eléctricas del FONAFE— ha mutado en una evidencia documental. Apenas 48 horas después de instalado el nuevo ministro, ya se habían enviado oficios de designación para colocar a directores afines en las principales empresas del sector. Un copamiento veloz y quirúrgico. En política, nada ocurre por azar: detrás de la mano visible del ministro parece operar la mano invisible —pero enormemente influyente— del asesor López Tejerina.

Mario López Tejerina.

El viernes 17 de octubre, el libro de visitas del MINEM dejó una constancia reveladora: López Tejerina despachó durante diez horas ininterrumpidas con el ministro Luis Bravo. Diez horas. ¿Qué funcionario, asesor o técnico permanece tanto tiempo en el despacho ministerial sin estar tomando decisiones de alto nivel? Esa misma tarde —como si la coreografía estuviera escrita de antemano— se concretó la remoción del presidente de Petroperú, un movimiento que tomó por sorpresa incluso a la ministra de Economía. Los cambios se comunicaron a la Superintendencia del Mercado de Valores sin la mínima coordinación, con una temeridad que solo puede explicarse desde el poder real, no el nominal.

Fuente: Transparencia.

López Tejerina lidera reuniones en el Minem.

Mientras el ministro Bravo actuaba como una especie de notario que firma lo que otros redactan, López Tejerina continuaba operando. El 11 de octubre designaron como Jefe de Gabinete de Asesores a Víctor Manuel Torres Hermúndez, un personaje que arrastra investigaciones por presuntos casos de corrupción en Requena. Su experiencia en el sector energético es nula; su habilidad para moverse en entornos oscuros, excepcional.

Apenas cinco días después, el 22 de octubre, otro movimiento completó el cuadro: Rommy Manyari ingresó al MINEM para una visita de apenas 80 minutos al jefe del gabinete de asesores. Horas más tarde, fue designada secretaria general del ministerio. El patrón es evidente: quien entra al despacho del asesor, sale con un cargo. El ministro, mientras tanto, permanece como un personaje secundario, relegado a firmar los decretos preparados por otros.

Pero el ascenso vertiginoso de Torres es apenas una parte de la historia. El verdadero cálculo del tándem Ilich López–López Tejerina parece estar en la estructura corporativa de las empresas eléctricas del Estado. Allí, en el FONAFE, han colocado a Eduardo Castro Morales como presidente de Distriluz y a Ernesto Lovón, amigo íntimo de López Tejerina desde sus estudios en ESAN, como director de proyectos. Ambos, curiosamente, fueron jefes o subordinados del propio asesor en sus años de gestión. El 22 de octubre, también ha sido asignado Juan Aguilar como Asesor de Alta Dirección del Despacho Ministerial del Ministerio de Energía y Minas, este es otro ex subordinado de López Tejerina. Juan Aguilar también es recordado por aparecer mencionado en los correos lobistas de la Sociedad Peruana de Energías Renovables (SPR). Si algo queda claro es que no quieren técnicos: quieren lealtades.

Eduardo Castro Morales.

Juan Aguilar Molina, un alfil clave dentro del Minem.

¿Quién es López Tejerina, convertido de pronto en el gran titiritero del MINEM? Una revisión de su trayectoria resulta un catálogo del fracaso institucional peruano. En Loreto, Tacna, Yurimaguas y el Callao, su paso dejó una estela de denuncias por presuntos pagos fraudulentos, adulteración de documentos, desfalcos por millones, colusión con empresas constructoras y devengados aprobados irregularmente. En Tacna llegó a durar menos de 24 horas como gerente municipal; en el Gobierno Regional de Loreto aprobó pagos por más de 36 millones de soles que hoy están bajo investigación; en Yurimaguas, la Procuraduría Regional lo denunció por concertar con empresas proveedoras. Siempre sale por la puerta de atrás, pero siempre reaparece: como si algún pacto perverso lo protegiera.

Fuente: Municipalidad Provincial de Tacna.

Pero sería un error pensar que este entramado se sostiene solo en la habilidad de un operador oscuro. La cúspide política del esquema es el propio congresista Ilich López, un parlamentario cuya biografía legislativa está marcada por investigaciones fiscales, acusaciones por presunta corrupción y vínculos con redes que él mismo ha calificado de “persecuciones”, aunque los expedientes dicen otra cosa. López fue uno de los protagonistas del caso “Los Niños” de Acción Popular, señalado por supuestas coordinaciones irregulares para favorecer obras públicas desde el Congreso.

Hoy, paradójicamente, aparece como figura cercana al presidente José Jerí Oré, con quien mantiene una relación política que muchos describen como una alianza silenciosa pero funcional: Ilich López aporta operadores, influencia y cuadros listos para ocupar cargos; el gobierno, debilitado y necesitado de aliados, cierra los ojos mientras el congresista expande su dominio sobre sectores estratégicos. Esa convergencia —ese pacto tácito entre un presidente con una pequeña bancada y un legislador con ambiciones territoriales— explica por qué el MINEM, uno de los ministerios más sensibles del país, habría sido entregado sin resistencia a un congresista que carga consigo más sombras que credenciales.

Los compadres: Presidente José Jerí junto a su alfil Ilich López.

El problema, sin embargo, no es solo moral, sino técnico y político. Según diversos funcionarios, el ministro Luis Bravo es un profesional limitado, incapaz de explicar sin leer los temas del sector, sin conocimientos sólidos de electricidad, hidrocarburos o minería. ¿Un ministro que desconoce el sector más delicado del país? ¿O un ministro ideal para quienes necesitan que simplemente firme lo que otros deciden? La respuesta cae por su propio peso.

¿Qué está en juego realmente? Nada menos que el control del sector energético, la joya de la corona de cualquier gobierno: empresas estatales con miles de millones en activos, contratos estratégicos, compras públicas gigantescas, cargos claves y decisiones que afectan al 100% de la población. El Congreso podrá ser un circo, pero el MINEM es poder real. Por eso lo han tomado.

Dios perdona el pecado pero no el escándalo.

La pregunta ahora es: ¿cuánto tiempo permitiremos los peruanos que la energía del país —literal y figuradamente— sea administrada por operadores con prontuarios judiciales y congresistas que actúan como dueños del Estado? Las democracias no se derrumban de un día para otro; se pudren lentamente, en oficinas donde nadie mira, con decretos firmados en silencio y designaciones amarradas en diez horas de despacho continuo.

Algo se pudre en el Minem. Y si a la ciudadanía no le indigna, pronto descubriremos que el apagón no es solo eléctrico: es moral, institucional y político.

Ante las evidencias, desde el Miniterio de Energía y Minas se guarda un silencio sepulcral.

Lima Gris 17/11/25

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