La compra de los cazas Lockheed Martin F-16 Fighting Falcon por parte del Perú, tuvo un aterrizaje de emergencia el último viernes, cuando el presidente José María Balcázar decidió suspender la adquisición hasta el próximo gobierno (ver aquí), ocasionando la ira del embajador estadounidense Bernie Navarro, quien tuiteó: «Si negocian de mala fe con EE.UU. y socavan los intereses estadounidenses, tengan la certeza de que como representante de la Administración Trump utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger y promover la prosperidad y la seguridad de nuestro país y la región» (17/4/26). El contrato incluía un Convenio Marco del Programa de Compensaciones Sociales e Industriales (Offset) y se preveía que los primeros F-16 llegarían al Perú a mediados del año 2029.
El Programa Offset comprendía, entre otros, el desarrollo y coproducción de un dron de medio alcance denominado “Vulture” y la certificación del Servicio de Mantenimiento del Perú (Seman Perú SAC) en un MRO (mantenimiento, reparación y operaciones) a fin de que pueda encargarse inicialmente del mantenimiento, reparación y overhaul (mantenimiento exhaustivo, donde una máquina se desarma y se reensambla) de los sistemas hidráulicos y trenes de aterrizaje, no solo de los F-16, sino también de los KC-130/L-100-20 Hercules actualmente en uso (Defensa 18/4/26).
Una última reunión, entre los representantes de la empresa Lockheed Martin y la Fuerza Aérea del Perú (FAP), se realizó el 15 de abril. Según el portal Infodefensa, ese día se reunieron, 15 ejecutivos de Lockheed Martin con Carlos Sánchez Silva, director de la Dirección General de Recursos Materiales del Ministerio de Defensa.
Otra reunión fue el 9 de abril, entre las 14:12 y 20:24 horas, con Víctor Pomar Galdos, director de la Dirección de Compensaciones Industriales y Sociales Offset del Ministerio de Defensa, y los ejecutivos de Lockheed Martin: Isabel Meneses Reliz, Alexander Sifuentes Espichán, Angelita Ruiz Cárdenas, Natalia Reimers, Alberto Gonzales Villanueva, Alberto Huaco Onari, Shawn Douglas, Jimmi García y Vanessa Martin. Un día antes, funcionarios de la Embajada de USA, junto con seis representantes de Lockheed Martin, se reunieron por ocho horas con Jorge Bustamante Albújar, viceministro de Recursos para la Defensa, y funcionarios de la Agencia de Compras para las Fuerzas Armadas (Infodefensa 17/4/26).
El contrato era por 12 cazas F-16 Block 70 (10 monoplazas y 2 biplazas). Los Block 70 son los más modernos de su clase que existen, pues Chile tiene 10 Block 50 y 36 Block 15 modernizados, mientras Venezuela tiene Block 15 y Argentina está comprando usados los Block 15 modernizados.
El precio de adquisición de los 12 cazas F-16 se redujo de US$ 3,420 millones a US$ 2,000 millones. Sobre el armamento de la propuesta inicial de US$ 3,420 millones, el portal Defensa detalla que el reporte de la Agencia de Cooperación para la Defensa (DSCA – Defense Security Cooperation Agency), aprobado el 15 de septiembre de 2025: «El armamento, incluido en esa propuesta, era reducido: 12 misiles aire-aire AIM-9X Sidewinder y 12 AIM-120C-8 AMRAAM. Sin embargo, versiones extraoficiales indican que la propuesta formal de Lockheed-Martin a la Fuerza Aérea, comprendería el suministro de 24 aparatos, acompañado de un reducido paquete de repuestos y soporte logístico, así como documentación, manuales y publicaciones técnicas. Se desconoce si la propuesta incluye un lote de armamento o un simulador de vuelo» (Defensa.com 9/4/26).
Jorge Céliz Kuong, comandante general del Ejército entre el 2018 y 2020, indica: «El corazón de esta modernización es el radar AESA AN/APG-83, con arquitectura digital y una altísima resistencia a la guerra electrónica. Su capacidad para detectar, rastrear y comprometer múltiples blancos a gran distancia coloca al eventual F-16 peruano en un nivel tecnológico superior al de la mayoría de las fuerzas aéreas del Pacífico Sur. A ello se suma una aviónica plenamente integrada con estándares OTAN y una interoperabilidad directa con fuerzas aliadas… incluye misiles AIM-120C-8 AMRAAM para combate más allá del alcance visual, AIM-9X Block II para enfrentamientos cercanos con designación por casco, y capacidad multirrol con bombas guiadas de precisión JDAM y pods electro-ópticos. En términos simples, el Perú no solo ganaría superioridad aérea, sino también una capacidad de ataque quirúrgico en cualquier punto de su complejo territorio» (Expreso 1/2/26).
En el financiamiento para la compra de los F-16 por US$ 2,000 millones, US$ 1,580 millones provendrían de la «Ley de Endeudamiento del Sector Publico del Año Fiscal 2025», vía un contrato directo entre la FAP y Lockheed-Martin. «Los US$ 420 millones restantes financiaran la adquisición, vía el Programa FMS (Foreign Military Sales), de equipos de apoyo en tierra, repuestos y soporte logístico, capacitación y entrenamiento, documentación, manuales y publicaciones técnicas, y un simulador de vuelo, así como de un reducido lote de armamento. En el contrato se incluiría la entrega de un Boeing KC-135R Stratotanker, evidentemente de segundo uso, para reabastecimiento en vuelo, valorado entre los US$ 40 y US$ 50 millones» (Defensa 18/4/26).
Como el programa “Recuperación de la Capacidad de Control Aeroespacial y Precisión en las Operaciones Militares con Aviones Caza de Alto Rendimiento del Grupo Aéreo N° 4: Base Aérea Coronel FAP Víctor Maldonado Begazo (La Joya, Arequipa) – Código N° 2573425, prevé la adquisición de 24 aviones de combate, el portal Defensa indica que había otra oferta posterior de 12 cazas F-16 por US$ 1,500 millones que se financiarían con la Ley de Endeudamiento, aunque sin más detalles, sin saber si serán nuevos o usados, o si vendrán con armamento.
LAS RESTRICCIONES Y PÉRDIDA DE SOBERANÍA DE LOS F-16
El principal problema de adquirir armamento estadounidense, es que para usarlos en guerra, debes tener autorización de EEUU. Al adquirir equipos militares estadounidenses, se firma un acuerdo de monitoreo de usuario final o End-Use Monitoring (EUM) que limita cómo y cuándo se pueden utilizar. La página web del US Department of State (Departamento de Estado), señala que el EUM realiza inspecciones periódicas para verificar la seguridad, ubicación y uso de los componentes sensibles, como armamento avanzado; se realizan inventarios físicos anuales del 100% de los números de serie, para garantizar que la tecnología no haya sido transferida a terceros, y las organizaciones de cooperación en seguridad de la embajada, realizarán inspecciones para verificar que los países receptores almacenen y utilicen las armas correctamente.
En el caso de los F-16, deben usarse principalmente para defensa propia, entrenamiento o misiones autorizadas por EEUU. Su uso en operaciones ofensivas suele requerir el consentimiento estadounidense, que controla los códigos de ciertos sistemas, además que puede inhabilitar funcionalmente los aviones, al suspender el suministro de repuestos, actualizaciones de software o soporte técnico. En el caso de la Guerra de Ucrania, es notorio que EEUU no ha autorizado a Ucrania a usar los F-16 en operaciones ofensivas, pues los ataques a instalaciones en territorio de Rusia (incluyendo refinerías de petróleo) los hace con drones, mientras utiliza los F-16 para detener drones y misiles rusos, o a atacar alguna nave rusa que invadió el espacio aéreo ucraniano.
En los F-16 de Ucrania, EEUU: «sí puede negarse a actualizar el sistema de interferencia electrónica AN/ALQ-131 que utilizan los aviones para repeler las defensas aéreas rusas. Esto reduciría significativamente la capacidad de los F-16» (Independent.co.uk 11/3/25).
En el caso de un conflicto regional, como una guerra con Chile, EEUU puede restringir o condicionar el uso de los aviones para evitar el conflicto o favorecer a uno de los países.
El congresista Jorge Montoya, había recomendado no comprarle ningún armamento a EEUU. «El problema es político, Estados Unidos ejerce su control y su poder, vendiendo armas también. Por ejemplo, Estados Unidos ha prohibido que usemos cualquier avión que tenga productos americanos adentro, para interdecir las avionetas del narcotráfico. Y no las podemos usar, porque los aviones que tenemos tienen componentes americanos. De esa manera nos presiona y puede llegar el caso que nos impida usar el armamento que lo tenemos, porque lo hemos comprado y lo hemos pagado, porque es de Estados Unidos, esa es una cláusula que viene en su contrato. Como es una potencia, exige ese tipo de cumplimiento, por eso, no debemos comprarle nada a ellos… Chile está así también» (Entrevista con Diego Acuña 25/1/21).
Jorge Céliz Kuong, comandante general del Ejército entre el 2018 y 2020, si bien reconoce que los F-16 Block 70 son mejores que los Mirage 2000 y los MiG-29, que actualmente tiene la FAP, indica que hay una pérdida de soberanía. «A cambio de tecnología de punta, el Perú asume una dependencia técnica y logística profunda, sujeta a autorizaciones, repuestos y software controlados desde Washington… La compra avanzada de los F-16 no debe evaluarse solo como un triunfo tecnológico, sino como una prueba de madurez estratégica. El Perú está eligiendo seguridad, sí, pero también alineamiento y compromiso a largo plazo. La pregunta final no es si el F-16 es el avión correcto (lo es), sino si el Estado peruano está listo para asumir plenamente el costo político, económico y estratégico de mantener su soberanía aérea sin convertirla en una nueva forma de dependencia» (Expreso 1/2/26).
LA FAP COMPRA RADARES A LOCKHEED MARTIN
Los F-16 no es la única compra a Lockheed Martin. El portal Defensa informó que también le compró radares TPS-77 MRR (Multi Role Radar), en el marco del Programa de Recuperación de la Capacidad de Control Aeroespacial del Sistema de Alarma y Control de Aeronaves en la Costa y Sierra – Código N° 2313734, «que prevé la adquisición de 6 Radares de Vigilancia y Alerta Temprana 3D del Tipo AESA (Active Electronic Scanning Array), se cifra entre los US$ 260 y US$ 280 millones. Inicialmente, se adquirirá un radar y los cinco restantes, de no mediar inconveniente alguno, en 2027″ (Defensa 9/4/26).
El portal Defensa detalla que el TPS-77 MRR es capaz de detectar no solo aeronaves, sino también misiles de crucero, blancos de baja reflexión radárica, incluso de tecnología “stealth” y armas “stand off”, y vehículos aéreos no tripulados (drones). Tiene un alcance de 463 Km, dispone de IFF (Identificación Amigo o Enemigo), y opera en las bandas L y S, en frecuencias de 1215 a 1400 Mhz. Ofrece un área de cobertura de 360°, elevación antena de 0° a +40°, con inclinación ajustable electrónicamente, y un techo de operación de 30.5 Km, siendo capaz de rastrear mil blancos. Su puesta en operación varía entre 30 y 45 minutos, y puede operar de forma ininterrumpida por 48 horas. El tiempo medio entre fallos críticos (MTBCF) es de 2,000 horas. Es altamente resistente a las contramedidas electrónicas y es transportable, por tierra o a bordo de naves del tipo C-130 / L-100-10 Hércules.


