En la pastelería Luzón saben bien lo que es pasar por una crisis. Después de siete generaciones, han pasado por bastantes. En cada una toca aprender sobre algo nuevo: ahora sobre geopolítica y tifones lejanos. Lo cuenta Antonio Colón, mientras prepara en su obrador del Barrio de Salamanca (Madrid) los primeros panettones de la temporada. Por culpa de eventos aparentemente lejanos, el precio de la harina y otras materias primas no deja de subir. Es momento de apretarse el cinturón, cuenta el pastelero, para no repercutir todo sobre el cliente.
El trigo, alimento básico para más de un tercio de la población mundial, cotiza en los mercados mayoristas en máximos desde 2023 y las perspectivas a futuro no son alentadoras ante un endiablado cóctel de noticias. Las exportaciones de Rusia y Ucrania, que suman un tercio del comercio mundial, decaen por los ataques mutuos a buques graneleros e instalaciones portuarias. Grandes potencias cerealeras como Francia y Estados Unidos, acumulan meses de malas cosechas por las sequías. Los costes de producción aumentan como consecuencia de los precios de la energía y del transporte, ya que en los mercados se acude a países más lejanos como Australia y Argentina. Como colofón, los efectos del fenómeno natural cíclico “El Niño”, que produce un calentamiento de la temperatura del Pacífico oriental, amenazan las cosechas de los próximos meses en gran parte del hemisferio sur.
El precio del trigo ha subido un 2,6% solo en el mes de agosto y se sitúa un 15% por encima de su nivel de hace un año, según el índice de precios que realiza la agencia de las Naciones Unidas para la alimentación, la FAO. El indicador se obtiene de los precios de venta en los mercados internacionales, entre los que destaca el Chicago Mercantile Exchange. Está a más de 6.000 kilómetros de España, pero, al igual que ocurre con el petróleo brent, lo que ocurre allí impacta directamente en los precios. Lo explica Jorge de Saja, secretario general de la Asociación Española de la Industria de la Panadería, Bollería y Pastelería (Asemac).
Los grandes comerciantes y las empresas cierran acuerdos que aseguran las necesidades mínimo hasta seis meses vista, señala de Saja: “No esperamos subidas hasta octubre, a partir de ahí la incertidumbre es total”. Pero las empresas más pequeñas, como la pastelería que regenta Antonio Colón junto a su padre, compran cada semana, por lo que pueden sentir los efectos mucho más rápido. El precio del pan ha mostrado una evolución bastante contenida en lo que va de año, según datos del INE.
El director de la patronal panadera explica que cuando los precios dependen de las cosechas y la meteorología son más predecibles. Ahora, sin embargo, lo que más influye es la geopolítica, cuenta. El elemento más disruptor es la guerra de Ucrania, según apuntan los analistas y también los autónomos más veteranos, como los dueños de la pastelería Luzón.
La FAO advirtió el pasado 4 de septiembre de que los precios mundiales de los alimentos están en su nivel más alto desde que comenzó la guerra en Ucrania, en 2022. En aquel momento la inestabilidad llegó por la parte de Ucrania, pero ahora, según destaca el banco especializado en el sector agroalimentario Rabobank, “el problema está también del lado ruso”. Kiev solo exporta el 31% de su volumen potencial, según un informe del sindicato de agricultores ucranios UAC publicado el 27 de agosto. Mientras que el presidente ruso, Vladímir Putin, admitió el 1 de septiembre que el ejército ucranio ha dañado unos 100 buques en los últimos 40 días, ataques cuyo impacto equivale al 1% del PIB del país.
Los analistas de Rabobank no aprecian una solución a los daños portuarios en el corto plazo, y a su vez dudan de que se puedan buscar rutas alternativas pronto. El mercado se vuelca ahora en países como Australia y Argentina, apuntan los especialistas de Bloomberg Intelligence. Pero Mobeen Tahir, director de análisis económico en la gestora de activos WisdomTree, avanza que la producción en Australia podría reducirse en unos nueve millones de toneladas con la llegada de “El Niño”, por lo que los precios pueden aumentar todavía más.
“El Niño” es un patrón climático caracterizado por el aumento del calor en la superficie del agua en las áreas tropicales del Pacífico oriental, cuyos efectos repercuten en todo el globo. El fenómeno meteorológico lleva meses afectando a diversas industrias de la economía mundial, desde el transporte marítimo hasta sectores mineros y agroalimentarios. Ya está haciendo estragos, pero lo peor está por llegar: La Organización Meteorológica Mundial (OMM) explicó en su boletín mensual de septiembre que alcanzará su punto álgido hacia finales de año.
A esto se suma el cambio climático, cuyos efectos han mermado especialmente las cosechas en países occidentales este verano. Las olas de calor en Europa redujeron en torno a 2.000 millones de euros el valor de la cosecha de cereales solo en junio, según estima el Financial Times. Entre los países más afectados, el periódico británico señala a Francia, el principal productor de trigo de la Unión Europea.
En España la última recogida del trigo este verano ha dejado resultados muy negativos para los agricultores, según cuenta Ignacio Huertas, profesional del sector y parte de la directiva de la Asociación de Pequeños Agricultores (UPA). Apunta a que el volumen se ha reducido en torno a un 30% respecto al año pasado, sobre todo debido a las olas de calor. Los precios de venta han aumentado, pero asegura que, con la subida de la energía y los fertilizantes, cuyo precio depende del gas natural, “no compensa”.
La presión se extiende por toda la cadena de producción, desde el campo hasta los mostradores de los locales. Huertas avisa de que los agricultores “van a perder mucho dinero este año”. El representante de la patronal panadera, Jorge de Saja, alerta de que han reducido sus márgenes de beneficio, pero no pueden sostenerlo mucho más. Desde la pastelería Colón tratan de mantener el optimismo, después de 86 años enfrentándose a incontables crisis: “No podemos tocar los precios siempre. Hay que saber aguantar”.
Carlos Méndez, cincodias.elpais.com



