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Asesores argentinos en La Moneda y Cancillería chilena abren debate tras polémica por estrecho de Magallanes

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Andrés Cárdenas Guzmán
Por : Andrés Cárdenas GuzmánPeriodista El Mostrador

La tensión con Buenos Aires abrió un flanco en La Moneda: el peso de dos asesores nacidos en Argentina y los contrapesos que requiere una política exterior bajo presión.

El mismo jueves en el que Chile y Argentina daban por cerrado, a nivel de ministros de Defensa, el episodio gatillado por los dichos del jefe de la Fuerza Aérea trasandina sobre Magallanes, en el oficialismo empezaba a cocinarse una discusión bastante menos protocolar: qué tan cómodo es que asesores nacidos en el país que acaba de volver a poner en duda la soberanía chilena en el extremo austral estén, al mismo tiempo, sentados junto al Presidente cuando se define qué decirle a ese mismo país.

El incidente en sí ya tiene desenlace administrativo. El brigadier general Gustavo Valverde afirmó que “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía”; Cancillería respondió con nota de protesta y con la fórmula que ya es casi un estribillo oficial —”el Estrecho de Magallanes es chileno”—; y el miércoles el ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, llamó a su par Fernando Barros para atribuir el exabrupto a “confusión y desprolijidad” y zanjar que no está en discusión que el estrecho es chileno. Capítulo cerrado, en teoría.

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Lo que no se cierra es la pregunta de fondo que dejó instalada la seguidilla de roces con Buenos Aires —el del contraalmirante Hernán Montero en abril, el de Valverde en agosto— sobre el peso real que tienen, en el diseño de la política exterior de Kast, asesores con biografía y redes construidas al otro lado de la cordillera.

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Según reconocen tanto en el oficialismo como en la oposición, el nombre que concentra la conversación es Eitan Bloch Wisniacki, 32 años, nacido en Mendoza, instalado en Chile desde la adolescencia y hoy uno de los operadores más escuchados por Kast en el Segundo Piso, con despacho fuera de Cancillería y límites de atribuciones que la propia prensa ha calificado de difusos por su cercanía directa con el Mandatario. Antes de llegar a La Moneda fue asesor parlamentario del entonces diputado DC Gabriel Silber y consejero político en la embajada de Israel en Santiago, bajo dos embajadores distintos. Coordinó, además, los llamados de felicitación a Kast la noche del triunfo, incluido el de Javier Milei.

Ese doble perfil —argentino y con trayectoria construida en la órbita israelí— es lo que empezaría a incomodar puertas adentro. En privado, parlamentarios oficialistas de distintos sectores plantean, sin acusación de por medio, que el Segundo Piso necesita “contrapesos” cuando se trata de Argentina o de Medio Oriente, justo las dos materias donde Bloch tiene mayor ascendencia personal.

El exjefe de la diplomacia chilena, José Miguel Insulza (PS), fue directo al ser consultado: no objeta que extranjeros asesoren en política exterior, pero considera que Argentina, por vecindad y peso bilateral, es un caso aparte, y que en el escenario actual Bloch “probablemente no sea el mejor” perfil para esa función. En las antípodas está el senador Manuel José Ossandón (RN), presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, que defiende a Bloch como alguien “totalmente prudente” y “súper profesional”. En lo referido a Israel-Palestina, recuerda sus 18 años en Chile y su proceso de nacionalización, y agrega un dato que complica la narrativa de sesgo unilateral: Kast también cuenta con un asesor de origen palestino.

La tensión con Israel-Palestina no es anécdota lateral. En enero, el Centro de Información Palestina ya había pedido reconsiderar el nombramiento de Bloch por su cercanía con organizaciones sionistas; en abril, el Senado formó un Grupo de Amistad Chile-Palestina con 28 parlamentarios transversales, y Cancillería recibió por su cuenta a la embajadora palestina Vera Baboun. No hay, cabe decirlo, una posición homogénea en la derecha: sectores de Chile Vamos mantienen posturas cercanas a Israel y no comparten los reparos.

El cuadro se completa con un segundo nombre, de perfil e influencia política mucho menores que los de Bloch, quien, según explican en el oficialismo, recomienda embajadores, aporta ideas para discursos presidenciales y participa en la definición de cargos. Se trata de Juan José Lagorio, periodista argentino nacionalizado chileno, hoy encargado de prensa del canciller Francisco Pérez Mackenna, con paso previo por la campaña de Evelyn Matthei y por la Presidencia en el segundo gobierno de Piñera.

Su función es comunicacional, no de definición de política exterior, y no hay antecedentes de que participe en decisiones sobre Argentina. Consultada sobre si existe algún criterio de abstención para funcionarios nacidos en el país vecino frente a contingencias bilaterales, Cancillería no ha entregado una respuesta. De todas formas, desde Palacio señalan que Lagorio cuenta con la confianza del Presidente.

Nadie en esta historia sostiene que la nacionalidad de origen inhabilite por sí sola a un funcionario, ni existen antecedentes públicos de que Bloch o Lagorio hayan actuado contra el interés chileno. El punto que el episodio de Magallanes vuelve a poner sobre la mesa es institucional: cuánto pesa el Segundo Piso en la conducción de la política exterior y qué contrapesos existen frente a asesores que, por su trayectoria personal y profesional, mantienen vínculos con países que son prioritarios para Chile.

En el caso de Bloch, además, se trata de dos escenarios especialmente sensibles —Argentina e Israel-Palestina— en los que parlamentarios oficialistas ya han planteado la necesidad de mayor equilibrio. Kast llegará en los próximos días a Magallanes con la controversia diplomática todavía fresca. La discusión, a estas alturas, no es si un argentino puede asesorar al Presidente de Chile, sino cuánto poder concentra ese asesor y qué mecanismos existen para asegurar que las decisiones de política exterior se adopten con los contrapesos institucionales correspondientes.