Los documentos históricos que custodia el Archivo General de la Nación (AGN) constituyen una parte esencial de la memoria colectiva del país. Su conservación y restauración permiten que las generaciones presentes y futuras accedan a testimonios auténticos de nuestro pasado, evitando que información valiosa se pierda, se deteriore o sea alterada.
En el marco de la Semana Internacional de los Archivos, el AGN destaca la importancia de la restauración documental, una labor especializada que busca recuperar documentos afectados por el paso del tiempo, la humedad, los hongos, la corrosión de las tintas o la pérdida parcial de sus soportes. Se trata, muchas veces, del último recurso para evitar la desaparición definitiva de piezas documentales de gran valor histórico.
Actualmente, el AGN, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Biblioteca Nacional del Perú son las únicas instituciones del país que cuentan con especialistas en restauración documental. Sin embargo, el AGN es la única entidad que brinda este servicio a otras instituciones públicas, contribuyendo así a la preservación del patrimonio documental nacional.
Entre los trabajos realizados destacan la restauración de mapas históricos, documentos vinculados al héroe nacional Miguel Grau y catorce libros pertenecientes al Ministerio de Economía y Finanzas, entre otros importantes proyectos.
Uno de los principales protagonistas de esta labor es Amancio Arellán Malpica, quien ingresó al AGN en 1987 como archivero y, un año después, comenzó a especializarse en restauración documental. Desde entonces, ha participado en la recuperación de innumerables documentos junto a un equipo de profesionales comprometidos con la preservación de la memoria histórica del país.
En el año 2000, Arellán viajó a España junto a tres trabajadores del AGN para capacitarse en técnicas de restauración con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Esta formación resultó fundamental para asumir uno de los mayores desafíos de la institución: la restauración del Protocolo Ambulante de los Conquistadores (1533), considerado el documento más antiguo de Sudamérica y una de las piezas documentales más valiosas que resguarda el AGN.
Actualmente participa en la restauración de un libro de marcas y patentes de 1906. Anteriormente formó parte de la recuperación de manuscritos del siglo XVI que contribuyen a demostrar el origen peruano del pisco, un trabajo que demandó quince días de dedicación exclusiva.
Arellán explica que el proceso de restauración comienza con la identificación de las características del soporte documental, determinando el tipo de papel, su composición y gramaje. Dependiendo del estado de conservación, se aplican tratamientos especializados para eliminar hongos y estabilizar el documento. En los casos de pérdida de material, las áreas faltantes se reconstruyen mediante la aplicación de fibras compatibles con el soporte original, garantizando su integridad y conservación.
La restauración documental se ha convertido en una disciplina cada vez más especializada. En el Perú, la Escuela Nacional de Archivística (ENA) incorpora conocimientos de conservación y restauración en la formación de técnicos en archivística, contribuyendo a la formación de especialistas dedicados a la protección del patrimonio cultural y documental del país.



