WhatsApp es una de las apps más usadas en el mundo, y en España es la plataforma favorita ya que más de 33 millones de españoles la utilizan casi a diario. Ya sea en el entorno personal para hablar con familiares o amigos, o incluso en el profesional, la app de Meta es el recurso más usado para comunicarnos.
Esto ha llevado que WhatsApp forme parte de nuestro día a día, y sea el medio con el que hablamos a todas horas y de todas las formas (mensajes, audios, videollamadas…) con las personas de nuestro entorno.
Una gran parte del éxito de la app es todas las formas de comunicación que ofrece, porque aunque nació como una app de mensajería, WhatsApp ofrece múltiples formas de ello, desde mensajes de audio, llamadas, videollamadas, además de permitir el envío de fotos y vídeos.
Esto hace que cada uno elija y use la app de una manera personal, y esto no es casualidad, sino que los psicólogos observan ciertas características según uses WhatsApp. Por ejemplo, aquellos que no nunca envían audios y prefieren escribir todo por mensajes tienen una personalidad vinculada a la necesidad de mantener el control y reducir la fatiga emocional.
La inmediatez de la voz, para muchas personas, representa una exposición directa y sin filtros que no quieren asumir. Los psicólogos coinciden que la preferencia de escribir mensajes reside en la necesidad de estos de planear y autocorregirse si es necesario, ofreciendo a estas personas a tener más control y seguridad sobre la conversación.
Los mensajes escritos operan como un escudo protector frente a la fatiga emocional. Grabar un mensaje de voz implica un nivel de interacción directa que simula una llamada telefónica, mientras que el texto permite interactuar en diferentes tiempos.
El audio transmite mucha más información no verbal que el texto (el tono, la velocidad, los suspiros, el nerviosismo). Quienes experimentan cierta ansiedad social sienten que un audio los deja «desnudos» emocionalmente ante el receptor, mientras que el texto les permite mantener una distancia cómoda y proteger su intimidad.
eleconomista.es




