Por Diana Esquinarila
(*) Especialista en gestión pública
Arequipa podría convertirse en una puerta de reconciliación con el sur peruano. No por una razón geográfica, sino política y simbólica. Los últimos resultados electorales muestran que el sur sigue siendo un espacio decisivo y distinto del resto del país, pero también revelan que esa región no es monolítica ni está condenada a votar siempre bajo la misma lógica de izquierdas.
Mientras Puno, Cusco, Apurímac y otras zonas andinas mantienen una fuerte inclinación hacia opciones identificadas con el radicalismo, Arequipa ha vuelto a mostrar un comportamiento más plural y competitivo.
En la segunda vuelta de 2026, Fuerza Popular obtuvo en Arequipa el 36,41 %, su mejor resultado histórico en esa región, si revisamos los datos de 2011, 2016 y 2021. Ese dato no debe exagerarse, pero tampoco minimizarse. Arequipa sigue siendo una región crítica para la democracia peruana; sin embargo, una parte importante de su electorado estuvo dispuesta a votar por una opción percibida como defensora de la institucionalidad democrática frente a una candidatura identificada por muchos como radical. Esta es una señal de apertura.
Arequipa es hoy el departamento más urbano, moderado y económicamente articulado del sur. A diferencia de Puno, donde los sentimientos de exclusión política, cultural y económica aún son profundos, Arequipa conserva un regionalismo fuerte y orgulloso, con la ventaja de mantener una relación más fluida con el resto del país. Esa doble condición le permite dialogar con ambos mundos: con el sur altoandino, que reclama atención ante el olvido, y con el Estado, que necesita reconstruir su relación con la llamada macrorregión sur.
Por eso, Arequipa puede ser el puente de un nuevo sur, siempre que el próximo gobierno entienda que la reconciliación no se construye solo con discursos. Se requiere una agenda concreta. En Arequipa, ello supone —con decisión política firme y trabajo articulado del Ejecutivo y el Legislativo— ejecutar de inmediato el proyecto Majes Siguas II y destrabar todos los proyectos de inversión minera en beneficio de su propia población. La sola ejecución de Majes Siguas II significaría 186 000 empleos —106 000 directos y 80 000 indirectos—, según estimaciones de la Autoridad Autónoma de Majes, Autodema.
En Puno, la prioridad del nuevo Gobierno debería ser la creación de una zona de libre comercio que libere de impuestos, por un buen tiempo, al empresariado local; además de un plan inmediato, serio y financiado de descontaminación del lago Titicaca y sus alrededores, así como impulsar la explotación e industrialización del litio.
Cusco es un tema cultural de arraigado indigenismo, por lo que habría que repotenciar el turismo con la reconstrucción inmediata de la destrozada vía Cusco-Valle Sagrado, que va a Machu Picchu; ordenar la gestión de este santuario inca; destrabar las inversiones mineras y fomentar, al más alto nivel, la inmediata búsqueda o exploración de reservas de gas, dada la precariedad de las reservas probadas actuales en Camisea.
Esta agenda —con desarrollo aparte de Moquegua y Tacna, y aún sin tocar la minería informal e ilegal— exige capacidad técnica y decisión política, reiteramos. También requiere equipos especializados, articulados desde el Ejecutivo y las citadas regiones.
Arequipa tiene tres ventajas para cumplir este papel de puente reconciliatorio. Primero, posee legitimidad en el sur sin compartir el aislamiento político de Puno. Segundo, puede traducir demandas regionales en propuestas nacionales sobre descentralización, infraestructura, inversión y representación. Tercero, puede convertirse en un laboratorio democrático, regionalista y moderno, capaz de hablarle a todo el sur sin despreciarlo ni temerle.
Expreso 30/6/26




