- Su demanda en la industria de chips, renovables y centros de datos es clave
- Grandes productores frenarán su capacidad por la crisis energética
- El oro sigue atrapado entre bancos centrales y el caos de los inversores (ETF)
Las materias primas han tomado un rol clave desde que comenzó la guerra. El oro sorprendió a propios y a extraños con movimientos totalmente anómalos respecto a lo que se esperaría del valor refugio por excelencia. El metal amarillo, que cuando suenan los disparos suele actuar como un faro para la riqueza del mundo, empezó a caer a marchas forzadas. Este fenómeno se ha dado por un shock respecto a las enormes subidas previas, dudas de las compras de los bancos centrales (que podrían necesitar sus activos para reforzar sus monedas y no tanto para comprar lingotes) y un dólar fortalecido por el petróleo. Si bien el metal está ahora más o menos estabilizado, no ha realizado ningún movimiento parecido a una subida. Sin embargo, los inversores están sorprendidos por lo que ocurre con su hermana pequeña, que suele captar menos la atención de los expertos, porque la plata está subiendo decididamente en los últimos días.
El metal precioso cotiza actualmente en los 84 dólares la onza. Si bien todavía está por debajo de los niveles alcanzados en sus máximos prebélicos en enero y febrero, ya ha subido un 14,67% en menos de una semana y un 10% en el último mes. Mientras tanto, el oro cede un 1,7% en los últimos 30 días y se revaloriza un 3% en la última semana, hasta situarse en los 4.702 dólares la onza.
Cabe destacar que la plata vivió algo parecido a una burbuja en enero, tras la cual se desmoronó un 50% desde sus máximos. De hecho, tal fue la subida en los precios preguerra que incluso llegó a provocar problemas en las joyerías del mundo, que han reducido su exposición a la plata. Sin embargo, el metal se ha recuperado y ya vuelve a conquistar máximos de dos meses. Además, la relación oro-plata deja claro que ambos metales, pese a empezar el conflicto con una reacción parecida, están viviendo dos historias totalmente diferentes. Esta relación se ha reducido a 55 tras una dispersión enorme y con un promedio cercano a los 70 en las últimas décadas.
Los expertos explican que detrás de todo esto está el doble uso de la plata. Si bien actúa también como reserva de valor, la función clásica de estos metales preciosos, la realidad es que la materia prima es también un activo clave a nivel industrial. Se trata de uno de los mejores conductores eléctricos y térmicos, además de tener una gran resistencia a la corrosión. Se ha convertido en un elemento básico de los teléfonos móviles, televisores o coches a través de su presencia en los chips, pero también de los centros de datos. Cabe destacar que el motor es una de sus grandes fuentes de demanda, pero también las renovables, en particular los paneles solares.
Desde SaxoBank explican que el reciente repunte del metal solo se entiende con ese impulso industrial, en particular de los centros de datos. «Como metal de transición clave utilizado en la electrificación, las energías renovables, la electrónica, la infraestructura de IA y la producción automotriz, la plata continúa beneficiándose de muchos de los mismos factores estructurales que actualmente impulsan al cobre».
Pero entonces, ¿por qué se acelera precisamente esta semana? El motivo que argumentan los expertos de la firma es que «en las últimas semanas los operadores han empezado a dejar de lado los posibles riesgos de desaceleración económica vinculados a Oriente Medio y se están centrando en el creciente desafío de acaparar metales de importancia estratégica».
«Fundamentalmente, la plata sigue respaldada por otro déficit de oferta anual previsto, en un momento en que tanto la demanda física como la de inversión se mantienen firmes, especialmente en China, donde la demanda local de metales preciosos e industriales se ha mantenido elevada a pesar de las preocupaciones económicas generales», comentan desde SaxoBank.
Además, unas cadenas de suministro debilitadas harán más valioso el suministro de este metal y hacen crecer el temor de una escasez. «La continua interrupción de los flujos comerciales a través del estrecho de Ormuz ha añadido una nueva capa de incertidumbre a un panorama de suministro que ya se encontraba ajustado. Si bien la plata en sí no depende directamente de las exportaciones del Golfo, el conflicto ha contribuido al aumento de los costes de energía, flete y refinación en múltiples cadenas de suministro de materias primas, lo que refuerza las preocupaciones generales sobre la inflación y la escasez de recursos».
Esto es algo que comparten los expertos de Commerzbank, que defienden que «particularmente la plata está dando signos de fortaleza relativa». Según el banco alemán, «el repunte significativo está muy impulsado por la demanda industrial ante las medidas de emergencia que pueden tomar países concretos por la guerra». La firma pone el ejemplo de Perú, donde «se podría declarar un estado de emergencia y frenar la producción». El país andino es el tercer mayor productor del mundo. Sin embargo, advierten de que la dirección alcista que parece haber tomado la plata no es segura. «Advertimos contra el optimismo excesivo, vemos una volatilidad demasiado alta».
Ese posible decreto de emergencia no es una simple especulación, es algo que se comentó la semana pasada y que se habría puesto en marcha esta semana ante una gran escasez de gas. Al igual que ocurre con la nación sudamericana, podría haber problemas en la oferta de otros países productores. En cualquier caso, la incertidumbre al respecto todavía es muy alta.
Desde ING señalan que hay un doble motivo desde Oriente Medio para impulsar la plata. Por un lado, esa contracción de la demanda si el conflicto va a peor. Por el contrario, si todo mejora y con cada noticia de un posible acercamiento, la plata también puede verse reforzada, pero esta vez desde el lado de la demanda. «Una caída sostenida de los precios de la energía daría más alas a la Fed para recortar tipos, algo que favorece a los metales preciosos. La plata, en particular, tendrá un desempeño superior respaldada por su menor rendimiento y el mayor apetito por el riesgo (que se generaría)».
¿Y el oro?
Si bien el oro ha tenido un leve repunte, no ha sido comparable con el de la plata, y los expertos dan varios motivos para esa diferencia. Muchos, como Saxo Bank, señalan a las preocupaciones por las menores compras de los bancos centrales o incluso la venta de lingotes. Esto se ha explicitado en el caso de Turquía y la India, dos compradores muy relevantes. El primero ha vendido oro para apoyar su moneda, la lira, y el segundo ha anunciado una pausa en las compras para contener la salida de divisas.
Sin embargo, desde ING no ven esto como una de las claves, porque, mirando la imagen completa, la realidad es que los bancos centrales han comprado más oro este primer trimestre, con guerra incluida. «En general, si bien los bancos centrales se convirtieron en vendedores netos de oro en marzo, con ventas netas de alrededor de 30 toneladas, la demanda de estas instituciones sigue siendo el pilar del mercado y en el conjunto del primer trimestre la demanda de los bancos centrales aumentó un 17%, pese a que es cierto que las ventas aumentaron».
Sin embargo, ellos atribuyen el giro del oro hacia las caídas a la tendencia inversora. Hasta el estallido de la guerra, la entrada masiva de inversores a través de ETF vinculados al oro fue una de las dinámicas que generó una enorme subida. Sin embargo, los inversores han roto esta tendencia con la guerra. «Las salidas de capital de los ETF han lastrado los precios desde que comenzó el conflicto, revirtiendo gran parte de las entradas de capital registradas este año», comentan desde ING. Sin embargo, señalan que creen que esto podría cambiar pronto. El motivo es que, según los datos del Consejo Mundial del Oro, en abril se han registrado entradas por valor de 6.600 millones de dólares.
Más allá de esto, creen que la pérdida de valor como activo refugio es solo una distorsión. «El papel del oro como valor refugio es indiscutible. Sin embargo, en los últimos meses se ha demostrado que la evolución de los precios a corto plazo aún puede verse influenciada por factores macroeconómicos, en particular los rendimientos reales, el dólar y las expectativas sobre la política de la Reserva Federal. Una vez que estos factores adversos comiencen a disiparse, el respaldo subyacente del oro debería reafirmarse».
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