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Periodistas bajo el fuego israelí en Líbano, cuando cada cobertura puede ser la última

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Traslado del féretro cubierto de floes de la periodista Amala Khalil, muerta en un ataque israelí, durante el funeral en Baisariyeh (Líbano), el 23 de abril. Aziz Taher (REUTERS)

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Los ataques han matado a 27 informadores desde octubre de 2023

El ambiente en la redacción del diario libanés Al Akhbar refleja el sentir general entre la comunidad periodística local, donde los misiles israelíes que matan a informadores causan resignación, pero no sorpresa. Los periodistas de este periódico, fundado el día que comenzó la tregua entre Hezbolá e Israel tras el conflicto de 2006, mantienen la cobertura de un país en guerra rodeados de fotografías recientemente impresas de Amal Khalil, su corresponsal en el sur de Líbano hasta que el pasado 22 de abril falleció en un bombardeo israelí.

La muerte de 27 informadores bajo las bombas israelíes desde octubre de 2023 ―según el Sindicato de Editores de Prensa de Líbano―, cuando el movimiento armado libanés Hezbolá abrió un frente contra Israel en apoyo a Gaza, se percibe como un mensaje y amenaza inequívocos. “El periodismo es un testigo de la verdad”, subraya Wafic Kanso, número dos de la redacción de Al Akhbar. “Y no está en el interés de Israel que quienes lo ejerzan sigan con vida”, explica a este periódico en un encuentro celebrado en Beirut, en las oficinas del diario.

Los reporteros que trabajan en el sur de Líbano, donde el ejército israelí mata a diario ―60 personas han fallecido allí desde el sábado―, asumen que su oficio los pone en la diana. En especial, a quienes ejercen su labor en medios de comunicación “incómodos” para los israelíes y contrarios a la hegemonía estadounidense. Así es como describe Wafic a Al Akhbar, que se dice independiente y cuya línea editorial es vista por algunos sectores como simpatizante de Hezbolá. Fue fundado por el intelectual comunista Joseph Samaha.

En las paredes de la redacción lucen los rostros de individuos asociados al amplio concepto de la resistencia, el pulso regional contra Israel y la influencia de Washington. También de combatientes de organizaciones armadas que Estados Unidos y la Unión Europea consideran terroristas, pero a las que muchos en Oriente Próximo atribuyen legitimidad en medio de una sensación de abandono por parte de los gobiernos locales y de la comunidad internacional.

“A menudo, sentimos que nuestra cobertura en la zona fronteriza es la última”, lamenta Jamal al Gharib, periodista libanés de 44 años, en mensajes de texto desde la ciudad de Sidón, en el sur de Líbano. Este reportero del medio libanés Al Mayadeen acusa a Israel de ignorar que “aquellos a quienes ataca no poseen más que una cámara y un bolígrafo”.

Es lo que él se encontró el 28 de marzo cuando llegó al vehículo en el que viajaban tres periodistas que Israel mató con cuatro misiles cerca del municipio de Jezzine. Fatima Ftouni, reportera de televisión, y su hermano Mohamed, camarógrafo, fueron dos de las víctimas del mayor ataque contra informadores desde el reinicio de la guerra abierta, el 2 de marzo. Eran compañeros de Al Gharib en Al Mayadeen, un medio cuyas oficinas Israel bombardeó en 2024 cuando estaban evacuadas, y que en su página web apoya “el derecho de los pueblos a resistir a la ocupación, especialmente la ‘israelí’ [puesto entre comillas] en Palestina y en las tierras árabes”.

El periodista Jamal al Gharib muestra restos de chaleco de reportero quemados en el ataque israelí que mató a tres profesionales en Jezzine, en el sur de Líbano, el 28 de marzo. Mohammed Zaatari (AP)

La tercera víctima fue Ali Shoeib, reportero de la televisión Al-Manar, brazo mediático de Hezbolá. La semana anterior, un bombardeo israelí sobre un edificio residencial en Beirut había matado a Mohamed Sherri, jefe de programación política del medio, y a su mujer mientras dormían.

El ejército israelí, que desmintió que lance ataques contra informadores, describió en un comunicado a Shoeib y a Ftouni como “terroristas” de Hezbolá que operaban “bajo la apariencia de periodistas”. No aportó ninguna prueba.

Israel publicó después una imagen manipulada de Shoeib que superponía artificialmente un uniforme militar sobre su atuendo de periodista y que afirmaba: “El chaleco de prensa solo era una tapadera para el terrorismo”.

“Se suponía que este chaleco tenía que proteger a nuestros colegas”, decía Al Gharib ante el vehículo, en plena retransmisión en directo para Al Mayadeen. “¿Dónde están las leyes internacionales que protegen a los periodistas y a los civiles? ¿Dónde está la Carta Internacional de los Derechos Humanos?”, se preguntaba, con la voz llena de rabia.

“Ataques deliberados”

El ejército israelí, que desde 2023 ha matado a más de 220 informadores en Gaza, es el responsable de la muerte de 16 de los 27 reporteros fallecidos a causa de hostilidades a nivel mundial desde el pasado enero, según la ONG Campaña Emblema de Prensa, radicada en Ginebra (Suiza). La organización señala algunos de los ataques como “deliberados, lo que constituye un crimen de guerra”, y denuncia la falta de rendición de cuentas, que propicia “una impunidad que fomenta nuevas violaciones”.

Pero el mal está hecho. Las acciones de las tropas israelíes, que el pasado 8 de abril iniciaron una ofensiva sobre Líbano que apodaron Oscuridad Eterna, instalan el apagón informativo sobre la franja fronteriza que ocupan en el país árabe, que alberga 55 pueblos.

Pese a la tregua anunciada por Estados Unidos el 16 de abril, Israel mantiene el fuego acogiéndose a la libertad de acción que le garantiza ese cese, que solo existe sobre el papel. Mientras bombardea varias partes de Líbano, donde el Ministerio de Sanidad del país registra 2.659 víctimas desde el 2 de marzo, avanza en la detonación controlada de casas, colegios y templos en los municipios ocupados, convertidos en un territorio fantasma que Israel presenta como una zona de amortiguación.

Ali Hashisho (segundo por la izquierda) y Mohamed Zaatari (segundo por la derecha) en el municipio de Jiam tras ser atacados por el ejército israelí, el 27 de noviembre de 2024. El autor de la fotografía también resultó herido en la pierna durante el mismo incidente. Abdelkader Ebay

La supuesta tregua tampoco frena los ataques contra periodistas. A Khalil y a su fotógrafa, Zeinab Faraj, el ejército israelí las bombardeó en el municipio meridional de Tiri mientras circulaban por esa zona que Israel plantea como restringida. Un comunicado castrense anunció el ataque sobre dos automóviles “que habían salido de un edificio utilizado por Hezbolá” y que “se acercaban a las fuerzas israelíes de una manera que constituía una amenaza de muerte”. Pero desde la redacción de Al Akhbar, donde en octubre de 2023 padecieron un ciberataque del que acusan a Israel, Wafic Kanso considera la muerte de Khalil, que tenía 43 años, como “una ejecución sumaria”.

Un primer bombardeo contra el vehículo que circulaba enfrente de las periodistas las dejó heridas. El segundo apuntó contra el coche de estas cuando ya se habían apartado. Ambas se refugiaron en un edificio cercano, desde donde contactaron con el periódico pidiendo un rescate. Fue el inicio de dos horas agónicas.

Kanso asegura que hubo contactos internacionales mediante la Cruz Roja Libanesa para advertir de que se trataba de dos periodistas, y la misión de paz de Naciones Unidas, según confirma a este periódico, hizo llegar mensajes al ejército israelí para que permitieran el despliegue de paramédicos. Pese a todo, un nuevo bombardeo contra el edificio que las refugiaba mató a Khalil. “No hay ninguna posibilidad de que sea un error”, asegura Kanso. La muerte de la periodista, añade, “ha dejado un vacío” en la cobertura del sur de Líbano.

“Nos preguntamos a quién le tocará mañana”

“Ahora, nos lo pensamos mucho antes de desplazarnos hacia los municipios fronterizos”, reconoce el fotógrafo libanés Ali Hashisho, de 57 años. “Han matado a nuestros colegas individualmente y en grupo”, destaca escandalizado este colaborador de agencias internacionales como Associated Press (AP), France Presse o Xinhua. “A veces nos preguntamos a quién le tocará mañana”, lamenta por teléfono, también desde Sidón.

Los reporteros, detalla, “sienten que Israel les puede atacar en cualquier momento” cuando se acercan a la zona. Sostiene que seguirán con la cobertura porque es un deber “nacional y humanitario”, pero reconoce el impacto que la carencia de información tiene sobre la opinión pública, “impidiendo la comprensión de los crímenes israelíes”.

Hashisho y Al Gharib han sobrevivido a hostilidades israelíes. Al primero le sucedió el día que entró en vigor el cese al fuego que se firmó en 2024, cuando visitó el municipio meridional de Jiam, donde Israel ocupaba la mitad de la aldea, junto con dos compañeros. “Le mostramos nuestras cámaras al dron israelí para que nos identificaran como periodistas”, recuerda. Pese a eso, las tropas israelíes abrieron fuego. A Mohamed Zaatari, de AP, una bala le penetró en la pierna y otra en el pie. La metralla también hirió en la pierna a Abdelkader Elbay, de Sputnik, y a Hashisho en el labio.

Un mes después, también durante aquella tregua, el ejército israelí abrió fuego contra Al Gharib mientras filmaba la destrucción en el municipio fronterizo de Dhayra. Envía a este periódico un vídeo que registró durante la huida: se oyen lo que describe como “disparos directos”, a los que asegura que se sumó una bomba lanzada desde un dron.

Aunque viajen a la zona fronteriza escoltados por las ambulancias o se identifiquen como periodistas, asegura que el peligro “siempre está presente”. “Pero mantendremos nuestra misión pese a todos los riesgos”, subraya el libanés.

Joan Cabasés Vega desde Beirut para ElPais.com 3/5/26

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