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La ‘flota mosquito’ de Irán lleva al estrecho de Ormuz la guerra de guerrillas

Irán agarrando el Estrecho
Un gran cartel muestra la mano de un militar agarrando el estrecho de Ormuz, el día 15 en Teherán. ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

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La captura de dos grandes buques por parte de lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria recuerda su papel crucial en el bloqueo de esa arteria marítima

“La Armada iraní yace en el fondo del mar, completamente destruida: 158 barcos”, se jactó el pasado día 13 el presidente de Estados Unidos en su red social, Truth. En el mismo mensaje, Donald Trump continuaba: “Lo que no hemos atacado es el pequeño número de lo que ellos llaman barcos de ataque rápido”. Esas pequeñas lanchas de la fuerza naval del poderoso ejército paralelo iraní, la Guardia Revolucionaria, de las que Trump dijo que no suponían “una gran amenaza”, atacaron este miércoles tres grandes buques portacontenedores. Dos de ellos fueron obligados a dirigirse a puertos iraníes por haber supuestamente tratado de atravesar el estrecho de Ormuz sin la luz verde de la República Islámica.

Como recuerda la captura de esos dos mercantes, en realidad se considera que esas lanchas, con capacidad para lanzar misiles y drones, constituyen un arma crucial en manos de Irán para controlar ese estrecho, la arteria marítima por la que, en tiempos normales, circula el 20% del petróleo mundial, además de otras materias primas vitales.

La afirmación de Trump es probablemente cierta respecto a los barcos grandes. Se calcula que la Armada iraní convencional ha quedado destruida en un 90%. Sin embargo, el país asiático no necesita esos buques hundidos a los que aludió el republicano para controlar Ormuz, aseguraba en una entrevista reciente con este diario el politólogo iraní Vali Nasr. Le basta con el miedo de los dueños de los petroleros —y, sobre todo, de las aseguradoras— para que muchos buques se abstengan de intentar atravesar ese estrecho. Teherán tampoco necesita fragatas para detener a quienes se aventuran por esas aguas. Es suficiente con utilizar “drones, minas y armamento barato”, precisaba Nasr, exasesor sobre Irán de la Administración de Barack Obama. O lanchas rápidas.

Irán no solo dispone de dos ejércitos; el regular y la Guardia Revolucionaria; también tiene dos armadas. Una es la flota tradicional, con fragatas y submarinos. La otra es la fuerza naval del poderoso ejército paralelo iraní, que cuenta con unos 20.000 efectivos, según un análisis del Foro Internacional del Golfo, y que ha privilegiado las embarcaciones pequeñas y veloces.

“El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC por sus siglas en inglés) utiliza una flota mosquito” en “lugar de grandes buques de guerra”, confirma Saeid Golkar, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Tennessee en Chattanooga, a través de mensajes de texto desde Estados Unidos. Este experto en la Guardia Revolucionaria describe cómo esas embarcaciones actúan “en enjambres, acercándose a gran velocidad desde diferentes direcciones. En una zona angosta como el estrecho de Ormuz, esto ejerce una presión significativa sobre las fuerzas navales estadounidenses”.

Las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria constituyen así la punta de lanza en el mar de una especialidad que el país lleva décadas cultivando en previsión precisamente de un ataque de Estados Unidos y/o Israel: la guerra asimétrica, diseñada para contrarrestar a un enemigo convencionalmente superior. En su caso, ejecutan, explica el especialista, “una forma de guerrilla marítima centrada en el acoso, la desorganización y el aumento del coste de las operaciones estadounidenses, más que en tratar de ganar una batalla tradicional”.

Es difícil saber de cuántas de esas embarcaciones dispone Irán. Se cree que son entre varios centenares y 1.500, si bien, en contradicción con lo afirmado días después por Trump, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Dan Caine, había asegurado el 8 de abril que “la mitad” de la cifra total —que no precisó— había sido destruida.

Se trata de lanchas de entre 14 y 17 metros de eslora que se mueven a gran velocidad y que, por lo tanto, son blancos difíciles de detectar por los radares y satélites y más aún de alcanzar, máxime si atacan en gran número (en enjambre) para saturar las defensas de los buques enemigos y que estos sean incapaces de interceptarlas a todas ni a los proyectiles que lancen.

Una lancha rápida de la Guardia Revolucionaria, en 2019 cerca del estrecho de Ormuz. NurPhoto (NurPhoto via Getty Images)

En esta guerra, ahora pausada por el frágil alto el fuego que Trump prorrogó el martes, la Guardia Revolucionaria está combinando además su estrategia marítima con la aérea, al diseñar ataques con lanchas rápidas acompañados con arremetidas de drones de la serie Shahed. La agencia Reuters lo describió con un símil con otro insecto: “Si te pica una abeja, es una molestia; si te pica todo un enjambre, puede ser mortal”.

Aguas poco profundas

El estrecho de Ormuz es una lengua de mar de 33 kilómetros en su parte más angosta y aguas poco profundas que los iraníes conocen como la palma de su mano. Es relativamente fácil bloquearlo, sobre todo porque los petroleros y buques portacontenedores deben transitar por los escasos canales donde el mar es más profundo.

Las lanchas de la flota mosquito se esconden fácilmente en los más de 1.700 kilómetros de costa iraní en el golfo Pérsico y el mar de Omán. No solo por su tamaño, sino también porque la Guardia Revolucionaria ha construido bases fortificadas y/o subterráneas para ellas. El 11 de marzo, se difundió en X un vídeo emitido en enero de 2025 por la televisión estatal iraní que supuestamente muestra una base militar submarina secreta. En él se alude —emulando a las “ciudades de misiles”— a una “ciudad de barcos” subterránea en la costa meridional de Irán.

Esas lanchas alcanzan una velocidad superior en algunos casos a la de un torpedo: entre 40 y 70 nudos (75 y 130 kilómetros por hora) o incluso los 110 nudos (más de 200 kilómetros por hora) del modelo Heydar 100, presentado en enero de 2025, equipado con dos misiles de crucero antibuque, probablemente derivados del modelo de tecnología china Nasr 1, y alcance de hasta 50 kilómetros, según el portal Defence Security Asia. La Heydar 100 pesa, sin su armamento, solo nueve toneladas. Está diseñada para operaciones hit and run (golpea y corre).

Los barcos de Estados Unidos carecen de su rapidez y agilidad y tampoco pueden adentrarse en las aguas poco profundas por las que esas lanchas sí pueden transitar.

El gigante militar estadounidense dispone, por supuesto, de armamento rápido y ágil. Por ejemplo, los helicópteros de combate Apache, que se están usando contra esas embarcaciones iraníes, según confirmó el general Caine. Sin embargo, a la hora de enfrentarse con las lanchas de la Guardia Revolucionaria, para Estados Unidos surge el problema de lo que los expertos militares llaman “asimetría de costes”.

Las lanchas iraníes están armadas con ametralladoras de gran calibre y, en algunos casos, con misiles antibuque, según informes del Congreso de Estados Unidos. “Aunque no puedan destruir un buque de guerra importante, pueden dañarlo, ralentizar las operaciones y amenazar continuamente con una escalada” destaca Golkar.

También pueden, teóricamente, derribar un Apache. Un destructor de la clase Arleigh Burke —como los del grupo de combate del portaviones USS Abraham Lincoln, estacionado a las puertas del estrecho de Ormuz— cuesta unos 2.700 millones de dólares (2.300 millones de euros); un Apache de última generación puede superar los 100 millones, mientras que las lanchas iraníes apenas valen unas decenas de miles de dólares.

El diseño de esas embarcaciones, así como la estrategia de la “saturación en enjambre”, se alinean con la doctrina militar de la Guardia Revolucionaria, elaborada desde la guerra con Irak (entre 1980 y 1988) e impulsada desde la invasión estadounidense de ese país árabe en 2003. Una parte crucial de esa doctrina son los ataques con armas baratas que generan de forma combinada altos costes defensivos para el enemigo, como los que representan arriesgar helicópteros que cuestan cientos de millones de dólares, o gastar los también muy costosos proyectiles interceptores para detener los misiles y drones iraníes.

En conjunto, esa “estrategia asimétrica” permite a la Guardia Revolucionaria “desafiar de manera seria a una marina mucho más poderosa”, asegura Golkar, que apunta a que algunas de esas lanchas están además “preparadas para ataques de tipo kamikaze”. El profesor subraya cómo “el concepto de martirio desempeña un papel crucial” en esta cuestión, pues “reduce la disuasión” y hace que la táctica iraní “sea más impredecible”.

Incluso con la mayor fuerza militar de Estados Unidos tratando de abrir el estrecho de Ormuz, esa y otras estrategias desplegadas por Irán han llevado a una situación en la que“llevará semanas alcanzar un nivel que permita operar con seguridad en el estrecho y, aun así, una parte importante de los activos [militares] de Irán seguirá intacta”, destaca, citado por The New York Times, Parzin Namidi, experto iraní en defensa del Instituto de Washington para la Política del Cercano Oriente.

Trinidad Deiros Bronte desde Madrid para ElPais.com 22/4/26

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