Desde el Faro
Por: Rafael Hidalgo
Después de 11 años, Xi Jinping volvió a Washington en visita oficial, empero, en realidad, es el cuarto encuentro con Donald Trump: el primero, en la residencia de verano Mar-a-Lago para “romper el hielo” (6/4/17); luego en Busan, Corea del Sur, donde pactaron una tregua en la guerra comercial, reduciendo los aranceles (APEC 30/10/25) y después, la visita oficial de Trump a Pekín (14/5/26), en la que restableció la exportación de soya, vendió 200 aviones Boeing 747 y US$ 17.000 millones anuales en otros productos.
En este viaje, Xi Jinping y Peng Liyuan fueron “recibidos como reyes” por Melania y Donald, con alfombra roja al pie de la escalinata del avión —rompiendo el protocolo de recibirlos en la Casa Blanca—, con salva de 21 cañonazos y el estruendoso vuelo de los B-1, que si bien incomodaron a Trump, Xi permaneció imperturbable.
En la cumbre, Xi reiteró su confianza en que EEUU no apoyará la independencia de Taiwán: “la salvaguardia de la unidad” (Xinhua 24/9/26) ni concretará la venta de armas a ese país por US$ 14.000 millones; garantizan que la Inteligencia Artificial (IA) “permanecerá bajo control humano”, estableciendo un “teléfono rojo”, y hablaron de los conflictos en Irán y Ucrania. También prorrogaron por 60 días el armisticio de Busán (hasta el 10/1/27), que redujo los aranceles estrambóticos del “Día de la Liberación” (1/5/25), 145% a las importaciones chinas, que tuvo como vuelto 125%. El republicano se postró para restablecer la exportación de soya y, por cierto, que China les venda tierras raras que requieren sí o sí las empresas de Silicon Valley.
Trump calificó la relación de “constructiva, de estabilidad estratégica basada en el respeto, la equidad y la justicia” (25/9/26), una declaración de amor, pese a que China sigue comprando petróleo ruso y acaba de vetar en la ONU la supervisión nuclear a Irán. Según Wu Xinbo, asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores: “En Pekín, existe preocupación porque el equipo de Trump tiene una visión menos positiva de la relación que su líder” (CNN).
En la cena, compartieron la mesa principal de los jefes de Estado: Elon Musk, CEO de SpaceX; Jensen Huang, CEO de Nvidia, y su esposa Lori Huang; Tim Cook, presidente de Apple, y Lisa Su, CEO de AMD, junto a su esposo Daniel Lin. Según Forbes, la fortuna de estos multimillonarios asciende a US$ 1,13 billones. La mayor corresponde a Musk (US$928 mil millones), escoltado por Huang, la séptima persona más rica del mundo con un patrimonio de US$194.500 millones. Ocuparon una mesa cercana Mark Zuckerberg de Meta, Sam Altman de OpenAI y Sundar Pichai, CEO de Google, mientras que Darío Amodei de Anthropic brilló por su ausencia.
Trump regaló la escultura de un águila calva, símbolo nacional de los EEUU (y de la libertad), mientras que Xi obsequió una pareja de osos panda, Ping Ping y Fu Shuang, al zoológico de Atlanta, que representan el Yin y el Yang, la armonía de las fuerzas opuestas, en lo que se conoce como “la Diplomacia del Panda”, siendo el antecedente el regalo de dos pandas al zoológico de Washington, tras la visita de Richard Nixon (1972).
Finalmente, a diferencia de la comitiva de Trump que visitó Pekín, Xi viajó sin empresarios, tanto que Cui Hongjian de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín considera: “Ambas partes se encuentran todavía en una fase en la que desean estabilizar un poco más la situación política” (CNN 24/9/26). En ese afán, volverán a juntarse en noviembre en Shenzhen (APEC) y en diciembre en Florida (G-20).
Expreso



