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Trump busca más dinero y refuerzos militares para una nueva fase de la guerra en Irán

Donald Trump y la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi
Donald Trump y la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, este jueves en el Despacho Oval. Aaron Schwartz /POOL (EFE)

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El Pentágono solicitará 200.000 millones de dólares en fondos adicionales para financiar la ofensiva, dominada ahora por los ataques contra el sector energético

En una reunión en la Casa Blanca con la primera ministra de Japón, la conservadora Sanae Takaichi, el mandatario no despejó por completo la incógnita. “No voy a mandar tropas a ninguna parte”, declaró, antes de agregar: “Y si lo hiciera no se lo diría, pero no voy a mandar tropas”. Trump también aseguró que hará “lo que haga falta” para estabilizar los precios del petróleo y devolver la tranquilidad de los mercados.

El mandatario aseguró que Tokio “va a cumplir su papel” para apoyar a Estados Unidos en la guerra en Irán. “A diferencia de la OTAN”, añadió, tras una breve pausa. Trump también indicó que hablaría con la jefa del Gobierno nipón sobre “equipamiento militar”.

Japón es uno de los países firmantes de un comunicado de siete gobiernos —junto al Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania y Holanda- que expresan su “disposición a contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar el cruce seguro del estrecho”. Los siete también prometen “otros pasos para estabilizar los mercados de la energía, incluida la colaboración con ciertos países productores para aumentar la producción”.

Desenlace incierto

Con la guerra a punto de entrar en su cuarta semana, han muerto ya centenares de personas en el conflicto, Trump trata de encontrar aliados que participen en acciones militares para garantizar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz —sin gran éxito hasta ahora— y el precio del petróleo se dispara, amenazando la marcha de la economía mundial. Los ataques del miércoles de Israel contra el yacimiento de gas de Pars Sur, el mayor de Irán, y la respuesta de Teherán contra Qatar amenazan con desatar el caos económico y militar en una guerra que el presidente estadounidense sigue calificando de “excursión”.

El mensaje que intenta enviar el Pentágono desborda triunfalismo. Estados Unidos está “ganando de manera decisiva”, la ofensiva contra Irán, aseguró este jueves el secretario de Defensa —o de Guerra, como él prefiere autodenominarse—, Pete Hegseth. “Esta no va a ser una guerra eterna”, prometió en una rueda de prensa. “Los objetivos se están alcanzando de acuerdo con nuestro plan”, añadió. Esos objetivos son la destrucción del programa de misiles y la industria militar de Irán, e impedir que ese país pueda conseguir hacerse con armas nucleares, según puntualizó. Trump, por su parte, volvió a asegurar desde la Casa Blanca que el conflicto acabará “pronto”.

La realidad parece ir por otro lado. El propio Hegseth, que en los primeros días del conflicto hablaba sin ambages de cuatro a seis semanas, quizá ocho, para dar la guerra por acabada, evitaba ahora en su intervención ante la prensa fijar un plazo. El fin, subrayaba, es algo que decidirá Trump.

El fin no parece estar cerca. El Departamento de Estado aprobó este jueves nuevas ventas de armas a países árabes del Golfo. Hegseth reconoció —y Trump lo corroboró posteriormente desde el Despacho Oval— que el Pentágono solicita al Congreso un presupuesto adicional para esta guerra que equivaldría a casi la cuarta parte de su asignación para todo el año fiscal, unos 900.000 millones de dólares.

“Hace falta dinero para matar a los malos”, alegó Hegseth. “Tenemos que asegurarnos de que nuestras tropas cuentan con todo lo que necesitan”, indicó el jefe del Pentágono, en unas declaraciones que apuntan a que la guerra va a continuar durante el futuro previsible. “Vamos a ir al Congreso para asegurarnos de que contamos con los fondos necesarios para lo que se ha hecho y para lo que podamos hacer en el futuro, para asegurarnos de que nuestra munición, todos nuestros equipos, no solo se reponen, sino que se aumentan”, declaró en su comparecencia conjunta con el jefe del Estado Mayor, Dan Caine.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth (izquierda), y el jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, en su rueda de prensa este juevesDPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Estados Unidos es el país con el mayor presupuesto militar del mundo. La cifra solicitada representa tres veces más la ayuda militar que Washington ha enviado a Ucrania durante los cuatro años de guerra en ese país, cerca de 67.000 millones de dólares. No está claro hasta el momento si el Congreso autorizará un monto de ese tamaño, dado lo impopular del conflicto entre los votantes y la oposición cerrada de la bancada demócrata.

Hegseth tampoco quiso aclarar si se plantea un envío masivo de refuerzos. “Van a oír mucho ruido sobre la ampliación de misiones o nuevas misiones, muchas conjeturas sobre lo que haremos o dejaremos de hacer”, zanjó. La semana pasada, el Pentágono ordenó el traslado desde el Pacífico de un grupo anfibio de cerca de 2.500 infantes de Marina a la zona. Su objetivo será contribuir a los esfuerzos de Estados Unidos para tratar de mantener abierto el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el tráfico marítimo de petróleo.

Conversación con Netanyahu

El mandatario estadounidense aseguró que le ha dicho al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que no vuelva a atacar la infraestructura petrolera iraní. “Somos independientes, pero estamos coordinados”, indicó. Fuentes israelíes y del Gobierno estadounidense han indicado a medios de este país que el republicano dio luz verde a la operación como medida de advertencia a Teherán. Una advertencia similar a la que Estados Unidos quiso enviar la semana pasada con el ataque contra objetivos militares en la isla de Jarg, la gran terminal petrolera de Irán.

La Administración de Trump “encara un dilema drástico”, opina Danny Citrinowicz, antiguo agente de la inteligencia militar israelí, y ahora analista del Atlantic Council en un mensaje en redes sociales. “Puede usar la fuerza para reabrir el estrecho, a sabiendas de que cualquier ataque contra la infraestructura de energía de Irán desencadenará represalias. Esa no es una operación limitada. Es una escalada, potencialmente rápida, y potencialmente incontrolable. No caben medidas a medias: si Washington quiere abrir Ormuz, tendrá que pelear por ello”.

La otra opción, apunta el experto, es “aceptar la realidad, tratar de reducir sus pérdidas, y buscar un acuerdo con Teherán sobre las condiciones de acceso. ¿Políticamente incomestible? Por supuesto. Pero cuando está en juego el flujo del petróleo global y la estabilidad de los mercados asiáticos, la necesidad estratégica tiende a tener preferencia sobre la retórica. Lo que ha quedado clarísimo (en los ataques del miércoles) es esto: no hay una solución limpia, ni una victoria fácil”.

Estados Unidos mantiene, mientras tanto, su discurso triunfal. Según apuntaron Hegseth y el general Caine, las fuerzas estadounidenses han alcanzado 7.000 objetivos y han destruido, entre otras cosas, 11 submarinos iraníes y 120 buques de guerra. El programa de fabricación de misiles del país adversario ha quedado diezmado, también según Hegseth. “Probablemente haya sido lo que ha recibido los peores golpes”, dijo el secretario de Defensa. “Vamos a acabar esto”, añadió.

Pero soldados que combatieron en Irak hace 23 años tienen palabras de advertencia para esta. Administración. “Allá por 2003, cuando empezó aquella guerra, se nos dijo que sería algo rápido, barato y que cambiaría las cosas. En su lugar, dilapidamos dos billones de dólares, perdimos más de 4.000 vidas estadounidenses y cientos de miles de vidas iraquíes, vimos cómo Al Qaeda se transformaba en el Ejército Islámico y dejamos un vacío de poder que fortaleció ese mismo régimen iraní contra el que ahora combatimos”, apuntaba Naveed Shah, veterano de aquella Operación Libertad Iraquí y hoy director de la organización de veteranos Common Defense, en una rueda de prensa este jueves.

Macarena Vidal Liy desde Washington para ElPais.com 19/3/26