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Rusia se enfrenta a una crisis que tendrá consecuencias durante décadas: «Va a ser el fin de toda la economía rusa»

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  • La economía se enfrenta a una descapitalización sin precedentes
  • Las políticas de Moscú tapan agujeros a corto plazo y abren brechas a largo
  • El pesimismo de los rusos sobre la economía toca máximos históricos

La economía de Rusia parece haberse reactivado en el segundo trimestre de 2026 tras la contracción sufrida en los tres primeros meses del año. El dato, además, fue mejor de lo previsto. El PIB se expandió un 1,3% interanual entre abril y junio, en medio de los masivos ataques ucranianos contra refinerías de petróleo que han reducido los volúmenes de refino a su nivel más bajo en dos décadas, según la agencia estatal de estadísticas Rosstat. Con todo, el PIB entra en terreno positivo en lo que va de año y se expande un 0,6% en el primer semestre respecto al mismo periodo del año anterior. Pese a estos datos, la economía podría haber llegado a un punto de no retorno. El talento perdido desde que comenzó la guerra, la marcha de empresas internacionales, las controvertidas políticas que está implementando el Gobierno y la caída de la inversión en los sectores no relacionados con la guerra pueden haber firmado la ‘sentencia de muerte’ para la economía rusa.

El crecimiento del PIB ha sido una vez más un tanto artificial, una especie de espejismo. Los datos sugieren que el gasto público en defensa y un aumento temporal de los ingresos petroleros siguen sosteniendo la economía rusa en tiempos de guerra. Sin embargo, varios economistas aseguran que los altos tipos de interés, las interrupciones causadas por los ataques con drones ucranianos y la debilidad de las industrias civiles hacen improbable una recuperación sostenida. Alguno de estos expertos ha llegado a señalar que todos estos factores «van a ser el fin de toda la economía rusa».

Un fin a cámara lenta

La economía de Rusia está sufriendo una descapitalización que hoy apenas se percibe en las estadísticas de crecimiento, pero que puede haber llevado al país a un punto de no retorno, es decir, pase lo que pase podría condenar a la economía a la mediocridad durante décadas. Son pocos los medios que hacen énfasis en la gran pérdida de talento e inversión que está sufriendo Rusia en los últimos años. La inversión en defensa y todos los sectores que trabajan de forma indirecta para mantener viva la guerra han creado un cascarón enorme que parece mantener viva una economía que realmente está ‘muriendo’ por dentro.

Rusia está quedándose son capital humano ante la emigración del talento, la pérdida de vidas en el frente y la desactualización (a nivel formativo y de habilidades) de los cientos de miles de rusos que se encuentran luchando en el frente. Cuando termine la guerra, muchos de esos perfiles serán ‘inservibles’ para la economía durante mucho tiempo o quizá de por vida. Buena parte de la culpa de estos movimientos los tiene el Gobierno de Moscú.

El prestigioso académico y economista ruso Vladislav Inozemtsev hace la diferenciación clave en una reciente entrevista con el medio Republic. Abordando la recurrente pregunta de si los drones ucranianos podrán hundir la economía rusa, Inozemtsev explica que, más que los efectos directos de los ataques en sí, el gran y potencial daño reside en la propia respuesta de Moscú a esas agresiones.

Según establece el economista ruso, hay que distinguir entre los dos tipos de consecuencias de los ataques ucranianos. Por un lado, está lo que él denomina el efecto directo: «Cuánto ha subido el precio de la gasolina, en qué medida se han visto interrumpidas las labores de cosecha, hasta qué punto se han visto afectados los transportes, etcétera». Por el otro lado, diferencia, hay un efecto que quizá sea aún más importante: ¿cómo responderá el Gobierno a todo esto?

El ‘problema’ es el Kremlin

«En mi opinión, nada afecta tan negativamente a la economía rusa como las medidas del Kremlin. Esto se aplica tanto al aumento de los impuestos como a la expropiación de empresas y a la regulación desmesurada y, por supuesto, a las acciones militares, como, por ejemplo, una nueva movilización, que, en mi opinión, es poco probable, pero no se puede descartar. Si llegara a producirse, supondría el fin de toda la economía rusa», agrava su diagnóstico Inozemtsev. Todo ello está destruyendo la economía desde dentro y descapitalizándola poco a poco. Aunque un día vuelva la normalidad no será fácil recuperar el terreno pedido en una economía global cada vez más competitiva.

Es por ello que el teórico considera todos estos ataques de Ucrania como una «provocación» más que otra cosa. Se trata, expone Inozemtsev, de un provocación «en su sentido conceptual y clásico: una provocación dirigida contra las autoridades rusas, con el fin de que emprendan acciones aún más descabelladas de las que están llevando a cabo hoy en día». «Ya veremos hasta qué punto esto resulta eficaz para Ucrania. Por sí solos, los ataques con drones no acabarán con la economía rusa, ni reducirán de forma significativa su capacidad para librar la guerra. Pero la cuestión más importante es cómo reaccionará el Kremlin», redondea el economista, quien sentencia que «el cansancio económico debe convertirse en político», apuntando directamente a los ciudadanos.

Lo cierto es que el pesimismo se ha apoderado de la población con un récord del 60% de los rusos entrevistados en los últimos meses han afirmado que su situación económica local está empeorando. Menos de la mitad (27%) opinó que está mejorando. Esta es la primera vez desde 2006 que la mayoría de los adultos rusos declara que su economía está empeorando. Los máximos anteriores se registraron en 2020 (45%) y 2021 (50%) durante la pandemia del covid-19, según Gallup.

Entre 2010 y 2016, la mayoría de los rusos (aproximadamente el 40% cada año) se mostraba neutral respecto a la trayectoria de su economía local, afirmando que la situación no mejoraba ni empeoraba. Sin embargo, en los últimos años, solo alrededor de uno de cada diez rusos ha declarado que su economía local se mantiene igual, mientras que la mayoría opina que está mejorando o empeorando.

Los rusos también se muestran pesimistas sobre su nivel de vida. En la última encuesta, el 56% afirmó que su nivel de vida está empeorando. Este es el nivel de pesimismo más alto registrado hasta la fecha y la primera vez en dos décadas que la mayoría de los adultos rusos expresa esta opinión. La sociedad rusa parece que va a explotar, la cuestión es saber cómo y cuándo se producirá esa explosión.

eleconomista.es

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