El encuentro, con una carga emocional extraordinaria al celebrarse en la Fiesta Nacional francesa, cobra un nuevo significado tras la columna en la que el expresidente del Gobierno aseguraba que la selección gala juega “sin franceses”
Francia se ha acostumbrado en los últimos tiempos a vivir la frontera. A un todo o nada infinito que se repetirá este martes 14 de julio, cuando se celebra la Fiesta Nacional con la música de fondo de una semifinal de Mundial contra España. Dos vecinos que se miran con recelo, acumulan una larga lista de agravios históricos y se jugarán en Arlington (EE UU) algo más que un pase a la final. Un colofón a la euforia nacional, en la que participará el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o a la amargura de una posible derrota, aunque ocurra a 5.000 kilómetros de distancia.
El expresidente del gobierno Mariano Rajoy, por si todo esto era poco, se encargó el sábado con su artículo en El Debatede generar un conflicto diplomático con unas declaraciones que Francia considera “racistas” y “estúpidas”, según el ejecutivo de Sébastien Lecornu.
Francia asistirá el martes por la noche a un partido decisivo en un clima enrarecido por el calor extremo y el recuerdo de los atentados de Niza, donde murieron 86 personas hace diez años y que ha puesto la sordina a unas celebraciones que podrían ensombrecerse más con una derrota. Pero en vísperas del 14 de julio, la fiesta que conmemora la Toma de la Bastilla en 1789 y una República supuestamente igualitaria que reivindica la fraternidad entre sus ciudadanos, fue Rajoy quien sublevó al país y a la clase política. Lo hizo, además, avivando viejas pulsiones racistas del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen, cuando dudaba de la legitimidad nacional de algunos jugadores de la selección francesa por el color de su piel o su religión.
“Estaría bien encontrar jugadores buenos que fueran franceses”, pedía Le Pen hace 30 años. “Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”, dice ahora Rajoy.
La xenófoba afirmación, además, omite que la selección española tiene casos similares en sus filas como Lamine Yamal o Nico Williams. Pero además, podría deducirse que tampoco son franceses el actual ministro del Interior, Laurent Nuñez (descendiente de españoles), la anterior alcaldesa de París, Anne Hidalgo (nacida en San Fernando, Cádiz), o el que fue primer ministro Manuel Valls (nacido en Barcelona). Pero los tres son blancos. Esa es la única diferencia.
Valls, precisamente, poco sospechoso de ser laxo en cuestiones de integración, respondió así. “No es una ocurrencia, es una confesión. Porque lo que cree no ver en ese equipo no son nacionalidades. Son colores de piel”. “A veces en España sorprende que en Francia haya jugadores que proceden o son hijos de las excolonias. Siempre contesto que son franceses, a veces más que yo porque nacieron aquí”, apunta al teléfono. “Pero sorprende que un expresidente del gobierno, en un artículo escrito, pueda decir eso por ignorancia y no darse cuenta de que es puro racismo. Jean Marie Le Pen decía eso hace muchos años, pero era inteligente y malvado: lo hacía para provocar. No es el caso”.
Valls recuerda también cómo en los años 80 el equipo de Francia estaba compuesto por hijos de españoles, como Luis Fernández, o italianos, como Michel Platini. “Había polacos, argelinos, hijos de obreros franceses. El fútbol suele ser un espejo de las clases populares de nuestros países. Ocurre lo mismo en EE UU, donde puede observarse en la NBA o el fútbol americano. Se escoge el deporte como ascensor social”.
Las palabras de Rajoy, que ni siquiera el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen se permitiría pronunciar hoy en día, chocan de lleno contra los principios de integración republicanos en vísperas del 14 de julio, el último que celebrará Emmanuel Macron como jefe del Estado.
La clase política francesa, cinco miembros del Ejecutivo que preside Lecornu, salieron en tromba a criticar el artículo de Rajoy, que al PP le parece “sarcástico”. La ministra de Ultramar, Naïma Moutchou (Horizons), denunció: “Con cada victoria de los Bleus reaparecen las mismas obsesiones e insultos racistas. No son simples deslices; es un odio metódico y normalizado hacia Francia y hacia lo que representa“. El ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, recordó que “Francia no tiene color de piel”. “Cualquier afirmación en sentido contrario es una estupidez, racismo o una combinación de ambas cosas”, lanzó el jefe de la diplomacia, perplejo por la falta de moderación de un expresidente.

La selección francesa funciona desde hace décadas como un espejo de la sociedad y de ese ascensor social a través del deporte del que habla Valls. También del pasado colonial y los traumas que acompañaron la independencia de dichos países. Sus victorias no son interpretadas únicamente como éxitos deportivos, sino como momentos de afirmación colectiva, un retrato del momento social y cultural que comenzó a evolucionar claramente con la selección que ganó el Mundial de 1998, formada en su mayoría por hijos de aquella colonización: Zidane (marsellés hijo de argelinos), Henry (nacido en Francia, hijo de una madre de Guadalupe y un padre de Martinica, Trezeguet (nacido en Francia, hijo de argentinos), Thuram (familia guadalupeña) o Desailly (nacido en Ghana, pero integrado en Francia desde muy pequeño).
El entrenador y exjugador franco-español, Luis Fernández (Tarifa), él mismo ejemplo de lo que habla Rajoy cree “el artículo es una falta de respeto al equipo y a la sociedad francesa”. “Sería mejor que se hubiera callado”, apunta al teléfono con este periódico.
El momento no era el mejor. La relación entre Francia y España sufrió un nuevo revés en el Senado la semana pasada cuando el PP y Vox bloquearon en la Cámara alta el Tratado de Amistad y Cooperación entre ambos países firmado en 2023 y contra el que ha presentado un recurso previo de inconstitucionalidad. “Están saboteando con un absurdo recurso de inconstitucionalidad que solamente está en su mente el Tratado de Amistad y Cooperación con Francia; hacen declaraciones peligrosísimas, hirientes, hacia la selección francesa de fútbol (…); se posicionan claramente como un partido antifrancés contra Francia; eso en el norte”, criticó el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares.
El 14 de julio interroga cada año qué significa ser francés y, en el terreno de juego, a 5.000 kilómetros, podrían encontrarse algunas respuestas al artículo de Rajoy. A las nueve de la noche, cuando el balón comience a rodar, Francia estará suspendida entre dos emociones contradictorias. La promesa de esa vieja celebración colectiva y la conciencia de una fractura social, pero también de una evolución de su sociedad. Este año, sin embargo, la celebración quedará en suspenso hasta que, cerca de la medianoche, se conozca el resultado del partido.
Daniel Verdú desde París para ElPais.com 13/7/26




