Hace poco menos de un año, Vincent Kompany, el entrenador del Bayern, acudió a la idílica localidad de Bad Wiessee envalentonado por la autoridad que le confería haber ganado la Bundesliga. Ahí, en una mansión junto al lago, le esperaba el oráculo en forma de presidente de honor del Bayern, el honorable Uli Hoeness.
— Uli, ¡necesitamos a Xavi!—, reclamó el técnico.
— Vinc, ahora puedes comerte un trozo de manzana si quieres, ¡pero no tendrás a Xavi!
Hoeness, que recordó la anécdota en una entrevista con el primer ministro de Baviera, Markus Söder, despachó a su entrenador pidiéndole amablemente que emplease la imaginación porque ya no se permitiría más gastos en fichajes, y mucho menos en Xavi Simons, el excéntrico mediapunta que por entonces militaba en el Leipzig. Si quería reforzar su mediocampo con volantes creativos, le sugirió, debía utilizar a canteranos como Pavlovic, Karl o Ndiaye, o, en su defecto, a jugadores consagrados de la plantilla como Guerreiro, Kimmich o Goretzka. Al igual que Nagelsmann, que fracasó en su intento de fichar a Frenkie de Jong, y como Tuchel, que no logró deshacerse de Kimmich, el actual técnico del Bayern debió emprender la conquista de la Champions sin resolver el dilema.
El agujero negro del mediocampo del Bayern pesará con más fuerza que nunca en la mente de Vincent Kompany cuando esta noche en el Parque de los Príncipes (21.00 horas, Movistar) mande a su equipo a batirse por un puesto en la final. Paris Saint-Germain contra Bayern Múnich no es solo una final anticipada. Es el duelo de los ataques más poderosos de Europa. Los equipos que más rematan y los que más goles hacen esta temporada. Kvaratskhelia, Dembélé y Doue contra Kane, Lucho Díaz y Olise. Un prometedor choque de goleadores y dribladores cuya solución no se cifrará tanto en torno a las porterías como en el mediocampo. Ahí se decidirá quién es el más resistente a la presión del rival.
“¡No!”, replicó Luis Enrique, cuando ayer le preguntaron por la “clave” del partido que reune a los atacantes más prolíficos de Europa. “¡Es lo contrario!”, dijo el asturiano, con la barba de dos días, la piel curtida por el sol y la risa fácil. “Si hay dos equipos que atacan muy bien la clave es saber cómo defenderse. Esa será la clave. Atacar, aprovechar el ataque de la mejor manera y saber defenderse”.
El entrenador del vigente campeón es un hombre transparente. La víspera de medirse al equipo más intimidante de la competición después del suyo se mostró visiblemente feliz. Encantado de verse en el centro de la escena el día de la prueba mayor. Recordó que el Bayern lleva 12 partidos disputados en esta Champions y que solo ha perdido uno, mientras que el PSG ha jugado 14, ha perdido tres y empatado dos. “En términos de regularidad”, observó, “ellos están por encima de nosotros, han ganado más partidos y han perdido muy pocos. Pero yo no veo a ningún equipo mejor que nosotros”.
El desafío electrifica al asturiano, sobre todo después de haber estudiado el detalle. El único partido que perdió el Bayern es el que disputó contra el Arsenal en el Emirates: 3-1 en la fase de liguilla, el 26 de noviembre. Una muestra reveladora ya que por entonces el Arsenal era el equipo que más se parecía al PSG en Europa. Y, sobre todo, el que defendía como defiende el PSG: lanzando la presión al hombre, a campo contrario, mano a mano, durante 90 minutos en maniobras que confunden defensa con ataque hasta dislocar a los adversarios.
Contra Merino, Eze, Rice y Zubimendi, no hubo manera de que Pavlovic y Kimmich se organizaran para salir jugando a ras de hierba. Por culpa de la falta de visión periférica de sus mediocampistas, limitados para percibir lo que sucedía a su alrededor cada vez que recibían la pelota de sus centrales, el Bayern perdió el control del partido. Privados de suministros, Kane, Olise, Karl y Gnabry, se desconectaron poco a poco de la acción. Al final de la noche el Arsenal sumó ocho tiros a puerta por dos del Bayern.
Kvaratskhelia: “He mejorado como defensor”
“No vamos a negociar, queremos ganar el primer partido y el segundo”, dijo Luis Enrique, cuyo plan pasa por intentar defender en campo contrario. Ahogando al Bayern en la salida. Justo donde se exponen las vulnerabilidades más acuciantes de una plantilla que necesita centrocampistas con más categoría, por más que fichar a Xavi Simons haya sido una idea peregrina. Kompany —como Nagelsmann y Tuchel— sabe que algo le falla en la sala de máquinas. Algo que suele exponer de manera dramática la presión que hacen equipos como el PSG.
Porque a diferencia de Arbeloa en el Madrid, que lo intentó a medias, Luis Enrique ha convencido a sus figuras ofensivas de que el camino a la gloria pasa por el acoso a los defensas y a los volantes contrarios cuando tengan el balón. Dembélé ganó el Balón de Oro después de coronarse como un hostigador defensivo en la final de 2025. Kvaratskhelia, el driblador más imprevisible de Europa, va por el mismo camino, como él mismo reconoció ayer. “Luis Enrique me ha mejorado como defensor”, indicó el georgiano. “El fútbol ha cambiado. El fútbol ya no es exactamente el juego que practicaba Maradona. A mí me encanta salir al campo y hacer cosas bellas que diviertan a los hinchas. Pero únicamente si sirve de algo a mis compañeros”.
Acompasados con Vitinha y Neves, Dembélé y Kvaratskhelia han conformado la sociedad más creativa del fútbol europeo en dos direcciones: ataque y defensa. El Bayern solo tiene una salvación y pasa por el ingenio de Harry Kane.
Diego Torres, El País




