Desde hace varios, el router WiFi se ha vuelto un aparato tan esencial y presente en los hogares como la nevera o el televisor, y es que la conexión a internet se ha convertido en algo indispensable en cualquier hogar, debido a que a través de ella hoy en día hacemos la mayoría de actividades y tareas.
A pesar de la importancia de este, son muchos los hogares que sufren de una mala conexión WiFi, ya sea porque carga demasiado lento, sufre latencia o es inestable y el WiFi va y viene en el peor momento. Aunque normalmente acusamos al router o la compañía proveedora, lo cierto es que los culpables de que tu internet sea lento o funcione mal, solemos ser nosotros mismos.
Esto se debe porque fruto de nuestro desconocimiento sobre este aparato lo ponemos en situaciones en las que funciona peor o no sabemos sacarle todo el partido que tiene el router. Un claro ejemplo de ello está en los router WiFi que tienen antenas, que por norma general nadie hace nada con ellas pero si están ahí es por algo, y los expertos coinciden en que si las orientas de una determinada manera, tu WiFi va a ir mucho mejor.
La regla del ángulo de 90 grados
La recomendación de muchos ingenieros de empresas como los de Apple o TP-Link es colocar una antena en posición vertical (hacia el techo) y la otra en posición horizontal (paralela al suelo), formando un ángulo de 90° entre ellas. La clave de esta regla está en un concepto conocido como polarización, y es que para que la conexión sea óptima, la antena del router y la del dispositivo que tienes conectado a la red tienen que estar en el mismo plano.
Es decir, si la antena del router está hacia arriba, la señal viaja y llega mejor a los dispositivos cuyas antenas también están verticales, por ejemplo, tu ordenador. Y lo mismo, con aquellos que están en vertical.
Por ello, al tener el router con una antena en vertical y otra en horizontal, te aseguras que tu WiFi llegue a todos tus dispositivos por igual y de la mejor forma al haber una antena con la misma orientación. Es importante que hagas esto también, porque a diferencia de otros dispositivos, con el móvil (el que más usamos), siempre lo estamos moviendo, inclinando y cambiando de posición según la app que estemos usando, por lo que de esta manera nos aseguramos de que siempre reciba la mejor conexión.
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