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Los Hijos del Sol

Los Hijos del Sol

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Por Ricardo Ghibellini Harten

Han pasado más de tres décadas y aún siento la emoción de aquellos días. Como productor —y viviendo entonces en Estados Unidos— fui testigo del nacimiento de algo extraordinario: Los Hijos del Sol, un encuentro de músicos peruanos decididos a hacer música de calidad mundial desde el extranjero.

Todo comenzó diez años después de la disolución de la Orquesta Contemporánea de Jaime Delgado Aparicio. La cofradía estaba dispersa: Lucho González en Buenos Aires, los hermanos Stagnaro en distintos rumbos, Cocho Arbe y Héctor Venero en Estados Unidos. Pero las ganas seguían intactas.
Desde mi base en EE. UU., comencé a tejer la red. Mis principales cómplices fueron el Chino Figueroa en Lima y Lucho González en Buenos Aires, los dos gestores musicales fundamentales del proyecto. Juntos convocamos a la vieja guardia y sumamos dos voces que consolidarían el sonido: Eva Ayllón y Roxana Valdivieso, timbres distintos pero perfectamente complementarios.

En 1989 organizamos la primera grabación en Los Ángeles. El equipo estaba completo: Lucho, el Chino, Cocho, Ramón y Óscar Stagnaro. Se incorporó el percusionista Alex Acuña, ya figura en el jazz estadounidense, acompañado por el baterista Efraín Toro. Y como si fuera poco, se sumaron leyendas como Paquito D’Rivera, Wayne Shorter y Justo Almario.

Grabamos en un estudio de primer nivel, pero al llegar la mezcla, se nos acabó el presupuesto. Nos faltaban 10 mil dólares. Regresé a Lima con Lucho buscando desesperadamente un inversionista. Recorrimos empresarios, supuestos mecenas culturales… Nada. Era septiembre del 89 y volvíamos a EE. UU. derrotados.
Pero el destino nos tenía guardada una sorpresa. En su vuelo Lima-Miami, un pasajero invitó a Lucho a primera clase. Era un personaje que yo había conocido en un viaje anterior, a quien le había hecho escuchar un borrador de la música. Quedó fascinado. Esta vez, después de oír a Lucho en persona y conocer nuestra urgencia, preguntó cuánto necesitábamos.

—Diez mil dólares —respondió Lucho.

Sin dudarlo, abrió su maletín, contó los billetes y nos los entregó. Así terminamos de mezclar nuestro disco.

En noviembre organicé una serie de conciertos en el Teatro Municipal de Lima. Traje a todos y sumé a Jean Pierre Magnet, Juan Torres, Caitro Soto, Ronaldo y Rony Campos, y un coro dirigido por la gran Leila Parra. Más de 25 músicos en escena. El público deliraba con El tamalito. En semana y media, 25 mil personas nos acompañaron.

Hoy, 35 años después, nadie ha replicado esa alquimia. Los Hijos del Sol no fueron solo una banda: fueron una hermandad de virtuosos que se reencontró con el corazón.

Esa historia la viví, la promoví, la hice realidad junto al Chino y Lucho. Por eso merece contarse: porque fue real, y porque fue nuestra.

Expreso 1/8/25

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