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La revolución de Irán pone en bandeja a EEUU el control de casi el 50% de las reservas de petróleo del mundo.

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Alí Jamenei, líder supremo de Irán.

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  • Irán cuenta con las terceras mayores reservas de petróleo del mundo
  • Un régimen más cercano a Occidente facilitaría la inversión en el país
  • Ex analista de la CIA: «Este es el momento más importante en Irán desde 1979»

Mientras que en Irán se gesta con relativa rapidez una auténtica revolución, los analistas e inversores valoran qué puede suponer este posible giro en los mercados financieros y energéticos. Por ahora, el petróleo cotiza con precaución, mientras que las bolsas caen. Pero lo cierto es que si el régimen iraní termina cayendo y llega al poder un nuevo gobierno ‘pro-occidental’ o más bien ‘pro-EEUU’, la mayor economía del mundo habría dado un histórico puñetazo sobre la mesa en el mercado energético global. En pocas semanas, EEUU habría pasado a controlar de forma indirecta (a través de sus empresas e influencia) casi el 50% de todas las reservas probadas de petróleo del mundo, algo que solo llegó a hacer la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en sus mejores tiempos, cuando los países de Oriente Medio eran los ‘únicos’ que producían petróleo en abundantes cantidades.

La pieza que falta en este complejo rompecabezas es, precisamente, la caída del régimen iraní. Por ahora, con la captura de Maduro, EEUU ya controla alrededor del 30% de todas las reservas probadas de crudo del mundo, según un informe de JP Morgan. Venezuela y sus 300.000 millones de barriles de reservas probadas ya están bajo ‘control’ de EEUU y sus empresas. Ahora, el riesgo de la caída del régimen iraní y la llegada de un posible nuevo Gobierno aliado de EEUU y Occidente entregaría en bandeja a EEUU casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo. EEUU cuanta con algo más de 40.000 millones de barriles de crudo, que sumados a los 300.000 millones de Venezuela y los 209.000 millones de Irán, más otros cuantos miles de millones controlados indirectamente por empresas norteamericanas alrededor del mundo, otorgarían a EEUU un poder inmenso sobre el crudo.

La industria del petróleo y los grandes organismos estiman que el mundo puede haber entre 1,5 y 1,6 billones de barriles de petróleo técnicamente recuperables (crudo que se puede recuperar a los precios actuales y con la tecnología disponible). EEUU, con sus propias reservas probadas, más las de Guyana (bajo ExxonMobil), Venezuela y la presumible caída del régimen de Irán alcanzaría más del 40% de todas las reservas globales. Si a eso se le suma que Canadá, uno de los países con mayores reservas de crudo del mundo, es uno de los aliados más fieles de EEUU, se podría decir que el Gobierno de Trump tendría cierto control o influencia sobre el 50% del petróleo del mundo.

En el otro lado de la balanza aparece Arabia Saudí con 267.000 millones de barriles en reservas probadas, Irak con unos 200.000 millones, Rusia con 80.000 millones de barriles y Emiratos Árabes Unidos con más de 100.000 millones. El petróleo global quedaría repartido entre dos corrientes, bloques o influencias no del todo bien definidas (Arabia o Emiratos a veces parecen más cercanos a EEUU que a Rusia, por ejemplo). La gran pregunta es si estos dos poderes energéticos competirían por ganar cuota de mercado o terminarían aliándose (como lo hizo la OPEP) para lograr maximizar su beneficio.

Como señalan desde la agencia Bloomberg, los líderes mundiales y los inversores observan la situación con extrema atención. Según un funcionario de la Casa Blanca, mandos militares estadounidenses han informado a Trump sobre opciones para llevar a cabo ataques militares. Trump afirmó el domingo que está siguiendo muy de cerca la situación en Irán. «Lo estamos analizando muy seriamente», asegura a los periodistas a bordo del Air Force One. «El Ejército lo está estudiando y estamos contemplando opciones muy contundentes».

Aunque el petróleo retrocede esta jornada levemente, lo cierto es que el crudo Brent subió más de un 5% entre el jueves y el viernes pasado hasta superar los 63 dólares por barril, al descontar los inversores la posibilidad de interrupciones del suministro en el cuarto mayor productor de la OPEP.

El momento de Irán

«Este es el momento más importante en Irán desde 1979», afirma William Usher, exanalista sénior de Oriente Medio en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en referencia a la revolución que dio origen a la República Islámica, alteró el equilibrio de poder en la región y desencadenó décadas de hostilidad entre Teherán y EEUU y sus aliados. «El régimen está ahora mismo en una situación muy complicada y el principal motor es la economía. Creo que tienen una ventana cada vez más estrecha para reafirmar el control y un conjunto de herramientas cada vez más limitado para hacerlo», sostiene en declaraciones a Bloomberg.

Si el régimen cayera, supondría un duro golpe para el presidente ruso, Vladímir Putin, que perdería otro aliado extranjero tras Maduro este mes y el derrocamiento del sirio Bashar al Asad hace algo más de un año, añadió el funcionario.

El riesgo a corto plazo para el petróleo

Lo que está en juego para los operadores de petróleo es considerable. Al igual que sucedía con el escenario de Venezuela hace unas semanas, si las tensiones terminan convirtiéndose en un conflicto civil en toda regla u otro tipo de guerra, el impacto a corto plazo para el petróleo sería alcista, puesto que la producción de Irán (unos 3,5 millones de barriles diarios) sería vulnerable a quedar interrumpida. Por el contrario, la llegada de un nuevo régimen ‘pro-Occidente’ supondría el fin de las sanciones y la vuelta por todo lo alto (poco a poco) de la producción potencial de Irán, que supera los 4 millones de barriles diarios.

No solo eso, una posible intervención de EEUU volvería a poner el Estrecho de Ormuz (una arteria crítica para el transporte de petróleo) en el objetivo de un Irán desesperado y en búsqueda de hacer el mayor daño posible. Ahora se espera que Trump se reúna con asesores de alto nivel el martes para discutir las opciones para Irán, según ha revelado un funcionario estadounidense a Reuters este domingo.

«También se han hecho llamados a los trabajadores de la industria petrolera para que cesen sus actividades en medio de las protestas», señalaron en una nota analistas de ANZ, encabezados por Daniel Hynes. «La situación pone en riesgo la exportación de petróleo de al menos 1,9 millones de barriles diarios», añadieron.

Por ahora, según publican desde Bloomberg, no está claro si Juzestán, la principal provincia productora de crudo, ha registrado disturbios, y por ahora no hay señales de una reducción de las exportaciones. El sábado, Reza Pahlaví, hijo del antiguo sha, exiliado en EEUU y que se está posicionando como líder de la oposición, instó a los trabajadores del sector petrolero a declararse en huelga. Las huelgas petroleras de 1978 fueron uno de los golpes de gracia a la monarquía de su padre, por el impacto inmediato que tuvieron sobre la economía.

«La atención del mercado se ha desplazado ahora hacia Irán», sostiene Arne Lohmann Rasmussen, analista jefe de A/S Global Risk Management. «También crece la preocupación de que EEUU, con Trump al mando, pueda aprovechar el caos para intentar derrocar al régimen, como hemos visto en Venezuela».

La Casa Blanca se encuentra en un momento de euforia tras el éxito táctico de la operación contra Maduro, así como por la decisión de Trump de bombardear instalaciones nucleares iraníes al final de la guerra de 12 días. Funcionarios estadounidenses también están aumentando la presión sobre Dinamarca para que ceda el control de Groenlandia, lo que indica que la Administración tiene apetito por nuevas incursiones en el exterior.

Trump podría verse tentado, pese a todos los riesgos, a intentar derrocar a un Gobierno que ha sido archienemigo de Estados Unidos e Israel durante más de 45 años. «El equilibrio de poder cambiaría de forma drástica», comenta Mark Mobius, veterano inversor en mercados emergentes, al referirse a la caída de la República Islámica. «El mejor resultado sería un cambio completo de Gobierno. El peor, un conflicto interno prolongado y la continuidad del régimen actual».

La crisis de Irán más allá del petróleo

La República Islámica se encuentra sumergida en una crisis económica y energética que no tiene fin. Resulta curioso que el país con las terceras mayores reservas de petróleo del mundo sufra una crisis energética, pero la falta de inversión en infraestructura energética y la mala gestión provocan grandes apagones constantes en los dos últimos años. Una economía estancada, una inflación desbocada y los ataques de Israel han agravado la situación. Sin embargo, Irán conserva un amplio y sofisticado arsenal de misiles balísticos capaces de alcanzar objetivos en todo Oriente Medio, desde bases militares hasta instalaciones petroleras, y el régimen sigue contando con el respaldo de las numerosas fuerzas de seguridad del país, incluido el crucial Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Para el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y países como Turquía y Pakistán, el peor desenlace sería el caos en Irán, afirma Ellie Geranmayeh, subdirectora del programa para Oriente Medio y el Norte de África del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en declaraciones a la agencia Bloomberg. Es una eventualidad que se ve favorecida por la enorme diversidad de los manifestantes iraníes, que incluyen desde élites urbanas y laicas hasta conservadores religiosos, y que carecen de un líder unificador.

«Con la reconciliación del CCG con Teherán en los últimos años, existe la sensación de que es mejor el diablo conocido que un caos total o una estructura de poder desconocida y ajena para ellos», señaló Geranmayeh. Los ataques estadounidenses e israelíes incluso podrían fortalecer al Gobierno y reducir el atractivo del movimiento de protesta al crearse un enemigo externo común que debilitase la lucha contra el régimen actual.

No obstante, la República Islámica probablemente no sobrevivirá en su forma actual más allá de finales de 2026, según Dina Esfandiary, analista de Oriente Medio en Bloomberg Economics. El escenario más probable, explicó, es una reconfiguración del liderazgo que preserve en gran medida el sistema o un golpe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, lo que podría traducirse en mayores libertades sociales (la organización está dirigida por generales y no por clérigos), pero menos libertad política y una política exterior más militarizada. Las probabilidades de una revolución siguen siendo relativamente bajas, añadió.

«Por ahora, un colapso parece poco probable», afirma. «Los iraníes temen el caos, tras haber visto cómo ha devastado a países vecinos como Irak y Siria. Y, lo que es más importante, el Gobierno está reprimiendo con dureza», sostiene.

Un presidente sin credibilidad

El domingo, el presidente Masud Pezeshkian, antiguo cirujano cardiaco y considerado un moderado en comparación con otros dirigentes en la cúpula del poder iraní, adoptó un tono conciliador, ofreciendo condolencias a las familias afectadas por las «consecuencias trágicas… Sentémonos juntos, de la mano, y resolvamos los problemas», aseguró en la televisión estatal.

No obstante, los analistas creen que es poco probable los manifestantes le crean, puesto que el presidente suele ser una figura que se pliega a las peticiones del líder supremo, una figura mucho más poderosa, así como miembros de las fuerzas de seguridad, están adoptando un tono cada vez más beligerante, barajando la pena de muerte y dejando claro que están dispuestos a responder como siempre lo han hecho: con una fuerza brutal.

«No creo que un colapso del régimen sea algo bonito», señala el exanalista de la CIA. «A corto plazo, podría imaginar cierta fragmentación del país, con minorías étnicas y algunas provincias buscando autonomía frente a Teherán. La Guardia Revolucionaria luchará con determinación para salvar el régimen, así que creo que existe una alta probabilidad de violencia a gran escala», sentencia este experto.

Vicente Nieves. El Economista.

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