- El alza del metal precioso coincide con la fortaleza de la renta variable, una dualidad que genera debate
- El riesgo geopolítico, la Fed y la demanda de los bancos centrales actúan como catalizadores del rally
- Expertos advierten que el rendimiento superior de la plata sobre el oro podría haberse vuelto ya excesivo
El comportamiento de los metales preciosos en los últimos ejercicios -el oro acumula con el presente cuatro años consecutivos de abultadas ganancias anuales- ha supuesto una incuestionable bocanada de optimismo para los alcistas en materias primas, pero a la vez ha generado controversia por lo inusual que resulta que se haya producido a la vez que la renta variable registra un buen comportamiento.
«Aunque la reciente fortaleza de la renta variable suele apuntar a un mayor apetito por el riesgo, ¿no sugiere lo contrario el repunte del oro, tradicionalmente considerado una cobertura frente al riesgo?«, se pregunta al respecto Nanette Abuhoff Jacobson, estratega de inversión global y multiactivos en Wellington Management.
«Las ganancias de la renta variable y del oro reflejan realidades distintas«, responde el experto que afirma que en el entorno actual, «tiene sentido conservar la exposición a ambos activos y que existen razones por las que el metal precioso podría seguir desempeñando un papel útil en las carteras durante los próximos años»
«El riesgo geopolítico ha aumentado con la situación en Venezuela y los metales preciosos, incluso tras su histórico repunte en 2025, son claros ganadores, pues los inversores los consideran una cobertura vital frente a la volatilidad y la incertidumbre económica», destaca por su parte César Pérez, director global de inversiones en Pictet WM para explicar parte del último rally de estas commodities.
Y también la mayor interferencia con la Fed es «un factor clave para el alza de los metales preciosos en 2026», explica Carsten Menke, director de Investigación Next Generation de Julius Baer, que prevé que la plata reaccione con mayor sensibilidad a estas preocupaciones. De hecho, en los 10 días cotizados que van de 2026 ya se revaloriza más de un 25% superando el comportamiento medio anual que ha registrado en el último siglo. «Seguimos creyendo que su rendimiento superior al del oro se ha vuelto excesivo», advierte en ese sentido Menke.
Además, si se atiende a inversión estacional, este comportamiento de comienzo de año debería ser solo el principio. Y es que, enero es tradicionalmente el mes más alcista del año para los metales preciosos. Los datos estadísticos recopilados por Bloomberg durante los últimos 30 años reflejan que durante el primer mes del año, el oro ha repuntado de media un 2,23%, más que en ningún otro mes del año.
Los metales preciosos se han visto favorecidos por los aranceles, las tensiones geopolíticas, las preocupaciones fiscales y monetarias… No obstante, aún existen razones por las que el oro podría seguir desempeñando un papel útil en las carteras durante los próximos años.
Uno de ellos es que la demanda de los bancos centrales es cada vez mayor. «Por ejemplo, tras las sanciones impuestas por Estados Unidos sobre los activos rusos denominados en dólares, muchos bancos centrales -en especial de mercados emergentes- decidieron diversificar sus reservas de divisas y reducir su dependencia del dólar estadounidense», ilustran desde Wellington Management.
Otro de los motivos para confiar en el metal es que la incorporación de la onza a una cartera podría mejorar su perfil de riesgo-rentabilidad, porque el oro suele presentar una correlación reducida con los activos de riesgo y una volatilidad más baja.
El metal ya cotiza caro en el mercado
Tras la meteórica subida que acumulan los metales preciosos en lo que va de año, hay quien no duda en señalarlos como los claros ganadores de este 2026, sin embargo, algunos expertos consideran que el metal precioso cotiza caro según distintos indicadores, entre ellos su precio real (ajustado a la inflación) y la relación entre la capitalización del mercado del oro y el PIB mundial.
«Además, el oro no genera flujos de caja ni rendimientos, lo que supone una desventaja frente a las posiciones en efectivo», incide en ese sentido Jacobson que asegura que si la renta variable cae porque la inflación obliga a la Reserva Federal a subir los tipos de interés, «cabría esperar que el oro también retrocediera».
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