Todos los partidos del arco parlamentario rechazan crear un Estado palestino en los próximos años. Hay más consenso que nunca sobre esta cuestión
Ohad Izenberg explica en un evento para jóvenes en la Universidad de Tel Aviv por qué votará a Los Demócratas, el partido judío más a la izquierda de los que concurren a las elecciones de este martes. Es el único, argumenta, que habla de un “Esta…”. Se para y, en vez de acabar la frase (“Estado palestino”), cambia a “conflicto con los palestinos”. Días antes, circulaba por las redes sociales un vídeo de un grupo de jóvenes cantando en un festival la Canción por la Paz, la que sonó en el escenario justo antes del asesinato de Isaac Rabin en Tel Aviv. A algunos les pareció ridículo o pensaban que era irónico, por extemporáneo y asociado a los noventa. A muchos, les irritó.
Las dos anécdotas reflejan el panorama de la actual campaña electoral. No es ya que todos los partidos judíos del arco parlamentario rechacen crear un Estado palestino en los próximos años. Es, sobre todo, que no se habla del tema.
Como no podía ser de otra manera, el conflicto de Oriente Próximo está presente en campaña, de una u otra forma. Candidatos de distinto signo político hablan de Irán, de erradicar a Hamás en Gaza o de la violencia desatada de los colonos en Cisjordania. Pero no de cómo resolver en la mesa de negociaciones el conflicto con los palestinos. En el mejor de los casos, de cómo gestionarlo. En los peores, de anexionar territorio, expulsar masivamente árabes o expandir las colonias. En resumen, hay más propuestas de paz de los cementerios que de paz a secas.
Mairav Zonszein, analista sénior sobre Israel del centro de análisis International Crisis Group, aseguraba en una reciente mesa redonda que el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 “no solo ha traumatizado la sociedad israelí, sino que también ha hecho que la idea de cualquier tipo de proceso político con los palestinos, de solución de dos Estados, esté fuera de las urnas”. “Ya lo estaba antes, pero ahora es tóxica. Los únicos partidos que hablan de poner fin a la ocupación son los partidos árabes”, añadía.
La ausencia del asunto en el debate tampoco es nueva. Israelíes y palestinos no negocian desde 2014 y fue más un paripé de Benjamín Netanyahu para contentar al entonces presidente de EE UU, Barack Obama. El último diálogo sustantivo tuvo lugar en 2007-2008, con Ehud Olmert como primer ministro y el mismo presidente palestino que hoy, Mahmud Abbas.
Hace tiempo, además, que se difuminó la tradicional división entre el Likud (derecha, el partido de Netanyahu) y el histórico laborismo, más partidario de dialogar con los palestinos y al que pertenecía Rabin, asesinado por un compatriota ultranacionalista por firmar los Acuerdos de Oslo con Yasir Arafat. Ahora, hay más consenso entre todos los partidos en torno al rechazo (o el aplazamiento a un futuro lejano y condicionado) a un Estado palestino. De hecho, en febrero de 2024, y a iniciativa de Netanyahu, el Parlamento aprobó una declaración contra los “dictados internacionales sobre un acuerdo permanente con los palestinos” y el “reconocimiento unilateral” del Estado de Palestina, por considerarla una “enorme recompensa sin precedentes al terrorismo” tras el ataque de Hamás. La apoyaron 99 de los 120 diputados. Solo nueve, de partidos árabes, votaron en contra.
El único partido judío formalmente abierto a la solución de dos Estados es el citado Los Demócratas. Su líder, Yair Golán, la sigue defendiendo, pero como horizonte (“en absoluto” en esta década, dijo en una entrevista), y evita las palabras ocupación o Estado palestino. Suele hablar de un “proceso progresivo de separación civil”.
Muchos otros cabezas de lista de la oposición son de derechas y ya rechazaban un acuerdo político. El previsible ganador el martes, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eizenkot, considera “ilusos” a quienes, tras el 7 de octubre, piensan en un Estado para los palestinos, pero tampoco aclara qué futuro propone. Defiende la ocupación militar y los asentamientos en Cisjordania, desde una óptica militar y más pragmática que ideológica.
Avigdor Lieberman, exministro de Defensa y Exteriores con Netanyahu, quiere que Jordania controle parte de Cisjordania. Y el exjefe de Gobierno Naftali Bennett, anexionarse casi dos tercios. Su número dos, Yair Lapid, que defendió en el pasado la creación de un Estado palestino, evita ahora el tema y condena a los países que lo reconocen.
“Netanyahu y sus ministros siguen repitiendo que, después del 7 de octubre, no puede haber una conversación sobre un Estado palestino. Y el mensaje ha calado. La gente y los partidos lo han adoptado” asegura Ksenia Svetlova, analista y exdiputada israelí (2015-2019) por una alianza entre los laboristas y el partido de la exministra de Exteriores Tzipi Livni. “No es que antes hubiese apetito por una solución de dos Estados, pero es que ahora se ve como un peligro mortal. Como: ‘Qué queréis? ¿Qué cometamos un suicidio colectivo?”.
Antonio Pita desde Tel Aviv para ElPais.com 26/10/26




