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La fiebre del oro se paga con deuda: el apalancamiento alcanza máximos históricos y convierte el ‘refugio’ en caos

Oro

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  • La inversión apalancada sobre el mercado está en máximos históricos 
  • Los analistas creen que hay un gran peligro de volatilidad y correcciones
  • En la inversión apalancada, una pequeña corrección obliga a ventas masivas que la amplifican

El oro se ha disparado un 20% en lo que va de año y un 74% en los últimos doce meses. Este rally totalmente insospechado hace no tanto para un activo defensivo como este ha desatado la curiosidad de inversores y analistas para ver el futuro del metal amarillo. Incluso ha crecido el debate sobre si estamos ante una burbuja. Se han mezclado dos factores a gran escala: por un lado, los bancos centrales, comprando en meses las mismas toneladas que en los últimos 40 años, han dado un gran soporte. Por otro lado, los minoristas y fondos se han lanzado también para buscar refugio ante las dudas con el dólar, el caos geopolítico y la deuda incontrolada de los gobiernos. Sin embargo, hay un indicador que está creciendo en las sombras de este rally y que ha encendido las alarmas: la deuda dorada.

El mercado se ha llenado de derivados y compras a través de deuda. Estas compras sirven para amplificar las ganancias. Si un inversor tiene 1.000 dólares puede invertir, por ejemplo 5.000 dólares de forma apalancada. Esto significa que si las acciones suben un 10% se lleva 500 dólares en vez de 100. Ahora bien, si bajan un 10% en vez de perder solo 100 dólares, pierde 500, el 50% de su capital inicial. El peligro es claro, un oro cayendo un poco puede provocar que esos inversores vendan masivamente. También se ha llenado el mercado de futuros, opciones y swaps, con operaciones basadas en sus movimientos futuros y no en la cotización actual.

Normalmente, el oro, como activo defensivo que es, suele ser el refugio de una liquidez que los inversores quieren proteger. Por ello, es mucho menos común que en otros activos que estos recurran a crédito para comprar lingotes, intentando superar los intereses con más rentabilidad. Sin embargo, esto es lo que está pasando hoy en día, la inversión apalancada en el metal amarillo está en máximos desde que hay registros. «Los inversores minoristas están usando instrumentos apalancados de forma extendida para apostar que el ascenso meteórico del oro seguirá vigente», comentan desde Bravos Research.

Desde AInvest creen que este gran apalancamiento supone un gran problema, pues agrega un elemento de volatilidad enorme y otro de transmisión al sector financiero. «El papel del apalancamiento en la negociación de futuros de oro ha intensificado aún más la volatilidad y el riesgo de burbuja», comenta la firma. Este se remite a lo ocurrido en enero de 2026 cuando el metal amarillo cayó un 12% en un solo día. Este movimiento tan agresivo «fue un colapso que se vio agravado porque había posiciones apalancadas de hasta 100 veces y un aumento del margen del 47%, algo que desencadenó liquidaciones forzosas. Se trata de un evento que muestra cómo se ha puesto de manifiesto la fragilidad de un mercado cada vez más dominado por la especulación».

La firma explica que durante la gran inflación de los años 79-80 también se dieron estos grados de apalancamiento con el oro, dado que con la gran inflación todos esperaban un gran repunte del metal amarillo. Sin embargo, «fue una especulación que amplificó la volatilidad del oro». A diferencia de entonces, creen que ahora hay otros elementos estructurales que han sostenido el relato de un oro en alza, pero que «la afluencia de capital apalancado ha generado un efecto de aglomeración«.

También hay otra ratio que ha preocupado a los analistas, la comparativa del oro con el M2 (efectivo en circulación). El M2 es una métrica que incluye la oferta monetaria al contabilizar el efectivo, los depósitos y las cuentas de ahorro. La lógica es que en momentos de tranquilidad el oro suele crecer con la oferta monetaria. Si el oro se separa demasiado de la base monetaria, puede haber problemas, pues indica que lo que mueve los precios es más la especulación, el apalancamiento y la narrativa que una protección real de los ahorros.

«La relación entre el oro y el M2 ha caído hasta niveles no vistos desde niveles de los años setenta y de la Gran Depresión. El oro se aprecia a un ritmo muy superior al precio de la oferta monetaria». Cuando estas dos ratios coinciden, lo normal es que en años posteriores suela haber una fuerte corrección del metal amarillo.

La comparativa con los años 79-80 es constante entre los analistas. En aquel entonces EE. UU. había vivido una gran inflación del 14-15% casi institucionalizada y empezaba la crisis del petróleo. La posición del dólar era débil e incluso se cuestionaba su papel, tal y como ocurre ahora. Esto disparó el oro de los 35 dólares la onza en 1971 a 200 dólares la onza en 1978 y a 850 dólares en 1980. Esta última subida en menos de un año, donde se cuadruplicó el precio, fue un movimiento liderado por compras apalancadas, especulación y la narrativa de ‘debasement trade’ (una enorme caída del valor del dólar).

Sin embargo, el entonces nuevo presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, disparó los tipos hasta un 20%, acabando tras años de sufrimiento con la gran inflación. El oro, en ese contexto, se desplomó hasta los 350 dólares en una caída devastadora pero mucho más lenta de lo que había sido el gran rally del metal amarillo.

Ahora las condiciones no son tan extremas y hay argumentos físicos y estructurales para la subida… pero también hay cada vez más espuma. «Algunos de estos factores pueden ser ‘estructurales’ y, por lo tanto, seguir impulsando el precio del oro», comentan desde Capital Economics. «Pero también parece cada vez más posible que el oro se encuentre en una burbuja que estallará pronto«.

Desde MKS Metal comentan que es especialmente clave la inversión minorista china, que ha disparado la volatilidad. «Esto ha sido impulsado por una gran combinación de entradas especulativas tanto minoristas como institucionales, a través de ETFs, lingotes, pero también futuros». Desde Capital Economics coinciden alegando que «la volatilidad crece de la mano de un gran acceso a productos financieros vinculados al oro en China y, además, de un creciente apalancamiento en el mercado del oro chino. Lo que añade una volatilidad significativa».

Para Capital Economics, esto refleja un cambio de paradigma. «El uso creciente de contratos de futuros y deuda no es algo que se pueda imputar a un activo refugio seguro e indica que puede estar inflándose una burbuja especulativa«. Los expertos de la firma reconocen que «hay una huida hacia la seguridad, pero también está creciendo la espuma, principalmente desde China».

Más allá de los factores especulativos, desde EFG reconocen que hay fuertes factores fundamentales que «seguirán elevando el precio del oro». Aunque añaden que estos nuevos elementos provocarán eventos de caos y pausas en el camino. «Tres fuerzas principales impulsaron el repunte: el aumento del riesgo geopolítico, las crecientes preocupaciones por la estabilidad macroeconómica y financiera, y la disminución de la confianza en el dólar estadounidense», comentan desde EFG. De momento el clima de que hay fundamentos pero no mucho más recorrido. El consenso de los analistas, en su media, apunta a que la onza cotizará al cierre de 2026 en los 4.826 dólares frente a los 5.172 actuales. Una caída del 6,7%.

eleconomista.es

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