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La ‘enfermedad holandesa’: la teoría económica que explica por qué Venezuela se hundió

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La pareja tempestad.

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fachada petroleos de venezuela
Fachad de la sede de Petróleos de Venezuela en Caracas. /Foto: EFE.

El hecho de que Venezuela sea lo que se conoce como petroestado es lo que hoy día explica que, en dos décadas, el país tenga el mismo PIB que hace 20 años. Con la llegada de Maduro, entre 2012 y 2024, el país caribeño perdió hasta un 80% de la riqueza que había ganado en tiempos de Chávez a inicios del siglo. Pero todo esto tiene una explicación.

Las expertas del Consejo de Relaciones Exteriores, un think tank independiente de Estados Unidos, Diana Roy y Amelia Cheatham, explican que los países cuyos ingresos provienen, en gran medida, de la explotación del petróleo y gas natural, cuyo poder económico y político está concentrado en una élite y las instituciones políticas son débiles y llenas de corrupción sufren lo que se llama la «enfermedad holandesa», un término acuñado durante la década de 1970 después de que los Países Bajos descubrieran gas natural en el mar del Norte.

En los países como Venezuela, el auge de los recursos, en este caso el petróleo, atrajo grandes flujos de capital extranjero, una moneda fuerte y un impulso a las importaciones, lo que atrajo más mano de obra a estos sectores en detrimento de la agricultura o la manufactura que, según los expertos, son más importantes para el crecimiento y la competitividad.

Los expertos lo tienen claro: «Venezuela es el arquetipo de un petroestado fallido«. Durante los primeros años de la revolución bolivariana de Hugo Chávez, en 1999, nacionalizó grandes empresas y centralizó el poder, lo que provocó que las arcas públicas se llenasen de dinero procedente de la recaudación petrolera del propio Estado. Chávez obligó a todas aquellas compañías interesadas en explotar las reservas de petróleo del país a participar, de manera minoritaria, en Petróleos de Venezuela (PDVSA). El momento era idóneo: los precios del crudo subían y se produjo el conocido como boom de las commodities -materias primas- de principios del siglo que alimentaba la demanda china.

El país, por aquel entonces, iba bien. El PIB creció de manera exponencial entre 2002 y 2008 -casi se triplicó- y el líder bolivariano aprovechó que estaba recaudando dinero del petróleo a manos llenas para invertir el dinero en programas con los que redujo a la mitad la pobreza en el año 2012.https://flo.uri.sh/visualisation/27124638/embed

Chávez creía que el petróleo le iba a asegurar la prosperidad del país, hasta el punto de emitir deuda para financiar las inversiones del Estado. No pasaba nada, la Hacienda venezolana tenía las arcas repletas de petrodólares y pedir créditos le salía prácticamente gratis. Pero de lo que Chávez no era consciente, o sí y no lo quiso ver, es que dejar todos los huevos en una misma cesta no era algo bueno.

En 2009 fue la primera señal. Con la caída de los precios del crudo, el país entró en recesión. La recuperación fue rápida. En 2012 el PIB marcó su pico histórico, pero por muy poco tiempo.

La caída del precio del petróleo, de más de 100 dólares por barril en 2014 a menos de 30 dólares por barril a principios de 2016, sumió a Venezuela en una debacle económica y política. Por aquel entonces, la venta de crudo suponía casi el 95% de los ingresos de Venezuela. A pesar del aumento de los precios desde entonces, la situación siguió siendo desoladora y se mantiene hasta el día de hoy.

En marzo de 2013 Chávez fallece y Nicolás Maduro asciende al poder. Venezuela sigue sumida en la crisis y, en 2015, todo vuela por los aires. El país entró en un ciclo de hiperinflación que tocó su pico máximo en la escandalosa cifra del 130.000% en 2018. Por otro lado, el PIB ya se había situado en cifras más bajas que las del inicio del chavismo.https://flo.uri.sh/visualisation/27124720/embed

La pobreza creció hasta casi un 80% y los problemas de desabastecimiento de alimentos y medicinas se incorporaron al día a día de la sociedad venezolana. Es entonces cuando se produce el gran éxodo de Venezuela. Desde 2014, casi ocho millones de refugiados venezolanos huyeron a países vecinos y a España. Muchos de ellos, además de escapar de la pobreza, huían de la represión del régimen de Maduro, que se había vuelto más dura debido a las revueltas sociales por la escasez de recursos.

Según los datos de la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior de España, entre 2014 y 2024 se estima que nuestro país recibió cerca de 70.000 solicitudes de asilo por parte de ciudadanos venezolanos. Según el INE, en 2024 en España residían de manera legal 400.000 personas con nacionalidad venezolana.

Las sanciones de EE. UU.

Estados Unidos ha puesto durante más de dos décadas sanciones muy duras a Venezuela. Sin duda, y con el claro objetivo de desestabilizar su economía, las más duras fueron para las importaciones de petróleo de PDVSA en 2015, que en 2017 incluyeron también a su sector energético. Al mismo tiempo, también impidió al gobierno del país caribeño entrar en el sistema financiero estadounidense. El Estado entró en un círculo vicioso en el que no podía exportar crudo, por lo que se volvía cada vez más pobre y, por consiguiente, no tenía dinero para invertir en infraestructuras.

Aun así, Caracas conservó importantes socios a los que venderle petróleo: China, Cuba, Irán, Rusia y Turquía. Todos ellos ayudaron a que el régimen de Maduro pudiera mantenerse a flote.

En el año 2023, cuando Venezuela apenas había exportado medio millón de barriles diarios, según los datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la Administración de Joe Biden rebajó la dureza de las sanciones a Venezuela a cambio de que Maduro diese garantías de unas elecciones presidenciales transparentes.

El 17 de octubre de 2023, Nicolás Maduro y la oposición firmaron en Barbados, bajo mediación de Washington, un acuerdo que daba esas garantías a cambio de levantar ligeramente las sanciones al petróleo venezolano, lo que le permitiría bombear hasta 250.000 barriles diarios de crudo. Eso subiría un 25% su producción.

Esas elecciones no se produjeron y las sanciones volvieron. Maduro intentó abrirse al comercio y reducir los controles cambiarios de Chávez y consiguió parchear la sangría financiera, pero sin éxito.

Noruega, el ejemplo opuesto de cómo gestionar el petróleo

Los expertos establecen que la maldición del ‘petroestado’ se puede evitar siempre y cuando el país tenga una estructura democrática sólida. Como ejemplo ponen Noruega, un país en el que el crudo ha contribuido a su sostén económico desde los años 60, cuando descubrieron las reservas en el Mar del Norte. En el año 2024, el petróleo representó tan solo el 20% del PIB del país nórdico.

«Las democracias sólidas con una prensa y un poder judicial independientes contribuyen a mitigar los problemas clásicos de los petroestados al exigir responsabilidades al gobierno y a las empresas energéticas», explican los expertos del CFR.

El objetivo primordial de un gobierno debería ser utilizar los ingresos del petróleo de manera responsable «para financiar gastos en bienes públicos que sirvan de plataforma para la inversión privada y el crecimiento a largo plazo», afirma Jeffrey Sachs, experto en desarrollo económico de la Universidad de Columbia. Noruega, por ejemplo, han establecido fondos soberanos de inversión (FSI) para gestionar sus inversiones públicas. El Economista.