- La subida de los chips de memoria y los aranceles han arrasado sus cálculos originales
- La compañía ya pierde más de 60 euros por cada unidad vendida en Japón
- El mercado le presiona para que suba sus precios en la presentación de resultados de este viernes
Desde que Nintendo lanzó la NES en 1983, hay dos cosas que nunca ha hecho en su historia: vender sus consolas a pérdidas y subir los precios de sus dispositivos de entretenimiento después de su lanzamiento. Pero la crisis de los chips de memoria, que ha desencadenado una subida de costes sin precedentes, ha situado a la compañía en una posición en la que nunca antes se había visto: tener que elegir entre aumentar los precios o perder dinero por cada consola nueva que venda. Una situación que lleva meses golpeándole en bolsa, y que amenaza con empeorar si el mercado de los chips de RAM sigue al rojo vivo.
El momento clave será este viernes, cuando la compañía de videojuegos de Kioto presente resultados. La situación en la que se encuentra es, en abstracto, bastante positiva: su nueva consola, la Switch 2, está batiendo todos los récords históricos de velocidad de ventas para un sistema nuevo; y la venta de juegos sigue creciendo, sumando los de la Switch 1 y la 2. Sin embargo, los cálculos de precios que hicieron en su momento han volado por los aires por culpa del ‘apocalipsis de la memoria’, que sacude a la electrónica desde hace un año.
En el mercado de los videojuegos, el negocio nunca ha estado en las consolas, sino en los juegos: los márgenes son más altos, y los fabricantes, como Nintendo, se llevan además un porcentaje de todos los juegos de terceros que se vendan en sus sistemas. El objetivo ha sido siempre colocar las consolas como fuera, atar a los consumidores a su entorno, y venderles todos los juegos posibles. Sus dos grandes rivales, Sony y Microsoft, que tienen otras grandes líneas de negocio detrás, pueden permitirse vender consolas a pérdidas con tal de empezar a vender juegos. Pero Nintendo, que vive exclusivamente de los videojuegos, siempre ha intentado ganar algo por cada consola.
Y la crisis de los chips de memoria está golpeando de lleno a ese objetivo. En las últimas semanas, la compañía ha anunciado que empezará a vender los juegos digitales más baratos que los físicos, ante el sobrecoste que supone fabricar las tarjetas de memoria físicas, incentivando a los consumidores a pasarse a los digitales (la ratio de ventas digitales no ha dejado de crecer, y ya supera a las físicas, 53% a 47%). Pero en las consolas, que vienen de serie con un disco duro de 256 GB, es imposible evitar ese golpe, que está lastrando su rentabilidad. En sus últimos resultados, su margen de beneficio bajó con fuerza, pese a haber vendido más consolas y juegos que el año anterior. Y la culpa la tiene la división de consolas.
De entrada, fabricar una Switch 2 es más caro que una Switch 1, que apenas viene con 32 GB de memoria interna. Y la situación es aún peor por culpa de Japón, donde Nintendo ofrece una versión de la Switch 2 exclusiva para este mercado, solo en idioma japonés, por unos 280 euros. Los cálculos del medio financiero nipón Diamond sitúan los costes de fabricación de la consola en unos 340 euros, por lo que estaría perdiendo más de 60 euros por unidad en Japón, donde ya ha vendido más de 5,2 millones de consolas, según las cifras de Famitsu.
En sus últimos resultados, la compañía aseguró que evalúan la rentabilidad de sus consolas «a nivel global», por lo que su esperanza era que los beneficios adicionales por vender en EEUU y Europa compensaran las pérdidas en Japón, donde registra un 23% de su negocio. Pero en el resto del mundo tampoco es que vaya con mucho margen. En Europa cobra 470 euros, pero la cifra real que ingresa la compañía es 388, una vez descontado el IVA. Si se eliminan los costes de distribución y de los minoristas, no queda mucho margen sobre esos 340 euros de precio. Y en EEUU, los aranceles de Donald Trump también han pegado una buena dentellada a los 450 dólares de precio de venta: al 10% actual, el Gobierno de EEUU se llevaría unos 40 dólares, mientras que el coste de fabricación equivale a unos 400 dólares.
La consecuencia de la subida de los costes ha sido poner al límite esa norma de no vender a pérdidas. Por lo pronto, sus dos grandes rivales, Sony y Microsoft, han anunciado subidas de precios para sus propias consolas, la PS5 y la Xbox Series, algo inédito en la historia de los videojuegos. Tradicionalmente, la fabricación de las consolas se abarataba según avanzaban los años, y las compañías lanzaban al mercado versiones más asequibles a mediados o finales de la generación. Esta vez es todo lo contrario: los precios no paran de subir, nadie espera una versión barata de la PS5, y hasta la Switch 1 vive sus últimos meses de vida sin haber sufrido ni siquiera una sola rebaja de su precio oficial en 9 años de existencia.
En esta situación, los mercados están presionando a Nintendo para que suba los precios. Las acciones de la compañía han caído un 45% en los últimos 6 meses, presionadas por el alza de costes de los chips de memoria. Con la normalización en este sector aún lejana, la pregunta que deberá responder la compañía este viernes en su presentación de resultados es si está dispuesta a subir precios o acepta seguir sufriendo pérdidas a cambio de asegurarse más ventas de consolas. En su última reunión con los accionistas, la compañía recordó que «este es un momento clave para garantizar la adopción del nuevo sistema», el paso previo para vender juegos, donde se obtiene la mayor parte del beneficio. Los mercados, por lo menos, parecen tenerlo claro.
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