Gato Encerrado

Gato Empresarial | Gato Internacional

La caída de Maduro abre una ventana a Repsol: busca el aval de EEUU para cobrar una deuda de US$ 2.480 millones con petróleo.

OIP

Compartir:

  • Eni, socia de la española en Cardón IV, cifra su deuda pendiente de recibir en 2.100 millones
  • Trump alertó a algunos ejecutivos de grandes petroleras sobre los movimientos en Caracas
  • La petrolera busca reactivar la licencia para exportar crudo que Washington le revocó el pasado 27 de mayo

Repsol busca fórmulas con Estados Unidos para recuperar alrededor de 2.480 millones de euros de inversión en Venezuela. La petrolera, tal y como indicó el consejero delegado de la española, Josu Jon Imaz, mantiene contactos con la administración estadounidense para reactivar una licencia que les permita recobrar estas cantidades mediante las exportaciones de petróleo.

La compañía española no confirmó ayer la cifra de deuda pendiente en el país aunque Eni, su socia en Cardón IV al 50%, si cifra su parte en 2.100 millones de euros.

Las cuentas de la petrolera española muestran 2.480 millones de inversiones acumuladas en Venezuela con unas amortizaciones y provisiones de 1.971 millones, lo que deja los importes netos en 512 millones. Repsol, además, para poder acelerar la velocidad de cobro de estas cifras recibió en 2024 de PDVSA el 40% de los pozos de La Ceiba y Tomoporo, en una operación valorada en 1.700 millones de dólares.

Asedio al petróleo

El choque entre el presidente de EEUU y Nicolás Maduro se inició apenas dos meses después de la vuelta de Trump a la Casa Blanca cuando decidió prohibir la exportación de crudo de empresas como Chevron, Eni, Repsol, Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes, Weatherford o Maurel & Prom.

Posteriormente, Trump abrió una vía a Chevron para poder seguir operando en el país mientras el resto de empresas trataban -y tratan- de lograr recuperar esta posición.

De hecho, el propio Imaz mantuvo en junio una reunión con el secretario de Energía, Chris Wright, para reabrir esta vía.

Repsol había acelerado antes de las elecciones en Venezuela y EEUU su estrategia para reforzar la fórmula del cobro en especie. El 18 de diciembre de 2023, la española y PDVSA alcanzaron un acuerdo para reforzar Petroquiriquire, con el objetivo de elevar producción y facilitar el repago mediante crudo.

Ya en abril de 2024, la compañía pactó ampliar el perímetro de activos incorporando los campos de La Ceiba y Tomoporo. Repsol se quedaba un 40% de La Ceiba y Tomoporo, con la que aspiraba a sumar 20.000 barriles diarios adicionales para cobrar antes sin aumentar su exposición financiera neta al país.

El 23 de mayo de 2024, Repsol recibió la autorización de la Administración Biden para mantener y ampliar dichas operaciones en Venezuela.

A partir de ahí, Venezuela elevó los envíos de crudo a España y buena parte de esos flujos estuvieron asociados a los levantamientos de cargamentos que Repsol utilizaba para compensar la deuda.

Mientras tanto, el calendario político venezolano seguía su curso. Las presidenciales se celebraron el 28 de julio de 2024 y el mandato de Maduro arrancó el 10 de enero de 2025, en un contexto de fuerte disputa por los incumplimientos de los Acuerdos pactados con la oposición sobre la limpieza de las elecciones.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca (enero de 2025), la Administración estadounidense dio un giro a su posición sobre Venezuela y, en marzo de 2025, asestó un golpe regulatorio que fue directo a la línea de flotación del cobro de las petroleras.

El 31 de marzo de 2025, Washington notificó a Repsol la revocación de su licencia para exportar crudo venezolano, con fecha efectiva el 27 de mayo, dentro de una retirada más amplia de autorizaciones.

Desde ese momento, Repsol tuvo que paralizar exportaciones y las compras de crudo venezolano a España cayeron a cero durante buena parte de 2025.

El pasado 3 de enero, la crisis entró en una fase completamente nueva tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina.

Rodríguez asumió el cargo respaldada por el Tribunal Supremo y el estamento militar, mientras Marco Rubio -secretario de Estado- fijaba el marco de presión y control sobre el sector petrolero.

La consecuencia inmediata para Repsol es que se abre una ventana para que vuelvan los cargamentos -y, por tanto, el cobro- o, por contra, la prioridad se limita a compañías estadounidenses.

En ese contexto, Trump había lanzado mensajes explícitos al sector: The Wall Street Journal relató ayer que el presidente había avisado a ejecutivos petroleros con un «prepárense» semanas antes del operativo, como anticipo de un plan para reactivar la industria venezolana con inversión estadounidense.

Por el momento, las petroleras estadounidenses mantienen la cautela sobre las inversiones en el país, lo que abre la puerta a que compañías que ya están en el mismo, como el caso de Repsol, pueden tener mayores oportunidades.

El mayor ‘trader’ de petróleo ya mira hacia Caracas

El Gobierno de Estados Unidos está dispuesto a abrir las puertas a la inversión en Venezuela para poder reactivar la economía y facilitar una mayor llegada de petróleo desde el país a las refinerías texanas con el objetivo de que se facilite una bajada de los precios de los carburantes para los estadounidenses.

Con una situación donde la incertidumbre poítica se mantiene -existen grupos paramilitares actuando en estos momentos en Venezuela e incluso se ha producido el secuestro de varios periodistas colombianos-, los grandes intermediarios del crudo se están reposicionando. ‘Bloomberg’ recogió ayer que Trafigura planea abordar con el Gobierno de EEUU cómo retomar compras de crudo venezolano y el suministro de combustibles al país tras la salida de Maduro, un movimiento que anticipa que el mercado intentará reactivarse en cuanto exista un cauce regulatorio claro.

Por otro lado, el creciente envío de cargamentos de petróleo por parte de México hacia Cuba, otro de los grandes objetivos de Trump, está generando tensiones con la administración americana.

La Administración estadounidense ha puesto el foco en varios objetivos y lo que tiene claro es que no quiere que sus rivales geopolíticos ganen fuerza alrededor de su país. Rubén Esteller.

El Economista.