Los estafadores en Estados Unidos han perfeccionado todos sus métodos. Fingen ser familiares en apuros, abogados a punto de interponer demandas, vendedores con ofertas increíbles o temidos policías de migración. Han llegado tan lejos que ahora abren call centers, desarrollan estrategias, redactan guiones, contratan telefonistas que hablan inglés y les exigen resultados cada vez más altos. También echan mano de la inteligencia artificial y tienen cómplices (mulas) que recogen y envían dinero. Muchos han cumplido, casi con precisión empresarial, sus metas de despojo.
Este nuevo modus operandi se expone en distintos casos penales en tribunales federales de Estados Unidos. Los defraudadores no se han tocado el corazón ni siquiera para vaciar la cuenta bancaria de la viuda de un sobreviviente del Holocausto, ni para advertir falsamente a indocumentados que agentes del temido Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estaban a punto de montar un operativo afuera de sus casas.
A diferencia de otros delitos que conocen temporadas de repliegue, los fraudes no ceden, ni titubean. Año tras año, las estadísticas del FBI muestran una tendencia en aumento. De 49.000 denuncias y pérdidas por casi 18 millones de dólares registradas en 2001, se llegó a dos récords históricos en 2025: un millón de reportes y un botín de 20.800 millones de dólares.
La estafa a los abuelos
Un joven posa sonriente frente a la cámara, mostrando su trofeo: 189.250 dólares en efectivo. Las autoridades aseguran que esa pila de billetes fue obtenida por una sofisticada banda que estafó a más de 400 ancianos de Estados Unidos. Los llamaban desde varios call centers clandestinos instalados en casas en Santiago de los Caballeros y Puerto Plata, República Dominicana. La edad promedio de sus víctimas era de 84 años.
Este era uno de los guiones que les leían: “Hola, abuelo. Soy yo, tu nieto… Vine al funeral de un amigo… Fuimos a un restaurante… Al salir, una conductora se pasó la luz roja de un semáforo y choqué su auto”. Necesitaban dinero para cubrir supuestos gastos médicos y legales, les decían. La siguiente llamada la hacía alguien que fingía ser abogado. Los abuelos enviaban efectivo por paquetería o lo entregaban a inocentes conductores de la aplicación Lyft.
El FBI alega que estos delincuentes operaban en regiones específicas para facilitar el trabajo de las mulas. El dinero era enviado a través de una cuenta bancaria vinculada a una supuesta distribuidora de cigarrillos electrónicos. El destinatario era el jefe del grupo, Óscar Manuel Castaños García, quien vivía a cuerpo de rey en República Dominicana. Con los más de cinco millones de dólares que se embolsó, hizo mejoras a su residencia y compró una lancha.
Los astutos telefonistas, a quienes les decían “openers”, hablaban perfecto inglés. Ellos se quedaban con un pequeño porcentaje de las ganancias ilícitas. Un software de telemercadeo les permitía organizar listas con nombres de víctimas potenciales, a quienes les decían “carne fresca”, y dar seguimiento puntual a las llamadas que iban haciendo. Esa base de datos provenía de la darkweb. Además, usaban el Voice Over Internet Protocol (VoIP), una tecnología que hace llamadas usando internet y con números telefónicos locales falsos. Los call centers tenían “gerentes” y su personal operaba en estaciones con teléfonos y dispositivos de alta tecnología. En una pizarra anotaban las cantidades que obtenían cada día.
Más de 13 miembros de este grupo criminal han sido acusados de fraude. Castaños García fue arrestado por la policía dominicana en agosto de 2025 y lo extraditaron al mes siguiente. En un tribunal federal de Massachusetts le imputaron cargos de conspiración para cometer fraude postal y lavado de dinero. Enfrenta una condena de hasta 40 años de prisión.
Los falsos cursos de inglés
El fraude de Carla Magaly Alcedo Mendoza apuntaba a la comunidad inmigrante de habla hispana en Estados Unidos. Esta peruana fue detenida en su país por una acusación que la señala de dirigir varios centros de llamadas falsos.
Fingían ser representantes de “universidades”, “centros de ayuda” y “entidades del gobierno”. Les decían que habían sido seleccionados para recibir asistencia financiera para la compra de cursos de inglés y que solo tenían que pagar por el envío de materiales didácticos. Lo peor venía después. Les inventaban deudas por almacenamiento y demandas por “incumplimiento de contrato”. La extorsión era hecha por supuestos abogados, fiscales y funcionarios. Les advertían que los meterían a la cárcel, dañarían su historial crediticio o incluso que los denunciarían con el ICE para que los deportaran.
Cientos de inmigrantes cayeron en la trampa. Solo la banda de Alcedo Mendoza, que operó de 2013 a 2018, obtuvo más de 15 millones de dólares, se lee en documentos judiciales.
Ella fue recapturada en marzo de 2025 en Perú y días después la extraditaron a Florida. La habían detenido por primera vez en 2023, pero nunca se presentó a su primera comparecencia tras quedar en libertad condicional. En una corte federal de Miami le fincaron cargos federales por conspiración, fraude postal, fraude electrónico y extorsión.
Múltiples estafadores que tenían call centers en Perú han usado el mismo método. Varios cómplices y “competidores” de Alcedo Mendoza han sido extraditados desde Perú a lo largo de los años para enfrentar cargos de fraude postal y extorsión. En algunos casos, sus cómplices se han hecho pasar por agentes del ICE, aprovechando el clima político del país.
Un fraude que se viralizó en YouTube
El engaño fue expuesto por youtubers que se dedican a desenmascarar fraudes. Ellos cooperaron con las autoridades en una investigación que concluyó en una acusación penal contra 28 personas. Creadores de contenido de las páginas Scammer Payback y Trilogy Media se hicieron pasar por víctimas y mensajeros para enfrentar a mulas de dinero.
Todo comenzaba con una amable llamada telefónica. Los estafadores fingían ser agentes de soporte técnico o empleados bancarios. Se ganaban la confianza de las víctimas y lograban tener acceso remoto a sus computadoras para mostrarles un falso estado de cuenta. Les hacían creer que habían recibido un reembolso erróneo de miles de dólares y les presionaban para que lo devolvieran lo antes posible, en efectivo y enviado por paquetería.
“Permítame hablar con el jefe de mi departamento y ver cómo podemos arreglar esto. Porque eres una mujer honesta, recibiste 5.000 dólares en vez de 500”, se escucha decir a uno de los telefonistas en uno de los videos de YouTube.
La primera fase de la estrategia que diseñaron Scammer Payback y Trilogy Media consistía en comunicarse con estos defraudadores para hacerles creer que habían caído en la trampa, mientras documentaban su modus operandi. Las autoridades aseguran que en este esquema colaboraban estafadores chinos y operadores de call centers en India.
Seis videos de Scammer Payback y Trilogy Media ahora son parte de la evidencia en este caso judicial radicado en una corte federal de San Diego, California. A la fecha, al menos 25 integrantes de esta banda han sido detenidos. “No todos los héroes llevan capa. Algunos tienen canales de YouTube”, afirmó el fiscal federal Adam Gordon, en un comunicado.
Isaías Alvarado, El País




