Desde el Faro
Por Rafael Hidalgo
En los primeros cinco meses del año (enero-mayo), las utilidades de la banca se han elevado en 24% respecto a igual período del 2025, año en que se registró la marca histórica de S/14 mil millones. Es decir, al paso que van, todo indica que superarán los S/18 mil millones. No obstante, no se cumple a cabalidad el sueño bíblico del faraón de siete vacas hermosas y gordas, porque son solo cuatro: BCP, BBVA, Interbank y Scotiabank, que obtienen el 83.6% de esta nata financiera.
El auge bancario ha llamado la atención del exministro de Economía Waldo Mendoza (2020-21), quien comenta: “Además de las condiciones externas, la reactivación viene impulsada por el crédito… que ha crecido 9.1% anual al sector privado, la tasa más alta desde marzo de 2021. Salvo El Niño, el plato de la reactivación está servido. Provecho” (X, 2/7/26).
Resultan pertinentes los buenos deseos del extitular del MEF, porque las colocaciones a las empresas —que representan el 58% del crédito privado— han venido creciendo a un ritmo anual de 9.2%, mientras que, en el crédito a las personas, el crédito de consumo se ha incrementado casi en 10% —préstamos en efectivo, que se han disparado por los préstamos de hasta S/500 en billeteras digitales, vehiculares, tarjetas de crédito, etc.—, mientras que el crédito hipotecario solo viene creciendo 7.5%, porque se ha focalizado en inmuebles que superan los S/250 mil (Informe de Estabilidad Financiera SBS, mayo de 2026). Sin embargo, en medio de esta bonanza resulta imposible soslayar tres lunares: el primero es que se ha incrementado la tasa anual promedio del crédito que se cobra a la gran mayoría, desde junio del 2025 hasta junio del 2026, en 3% —de 55.57% a 58.7%— a 2.1 millones de microempresas y en 0.76% —de 56.33% a 57.09%— a los 6 millones 586 mil deudores de créditos de consumo (Informe N.º 44, Liquidez y Crédito, BCR).
El propio BCR, inexplicablemente, renuncia a explicar las alzas con manjar blanco en la redacción: “Las tasas de crédito a microempresas y consumo no muestran una tendencia decreciente —en realidad, es creciente—, teniendo en cuenta que estas son determinadas por otros factores específicos de cada línea de negocio, más allá de la política monetaria” (ibid.). En tanto, Sergio Espinoza, superintendente de la SBS, a quien le tocaría decir “esta boca es mía” por la lavada de manos del BCR, se queda mudo en el último informe de Estabilidad Financiera de la SBS, de mayo del 2026.
El segundo lunar es que la banca, no contenta con subir las tasas de los créditos de las microempresas y de los créditos de consumo, se ha permitido bajar la tasa pasiva que paga a sus ahorristas: “La rentabilidad ha seguido mejorando en la mayoría de entidades financieras… asociada al crecimiento de las colocaciones y al menor gasto financiero resultante de la disminución de las tasas de interés pasivas (ibid.)”. El ordeño ya no es el manual de antaño, sino mecánico.
El tercer lunar es que la “competitividad” que repiten como loros nuestros líderes empresariales tiene como indicador internacional financiero el margen o spread, que es la diferencia entre el promedio de la tasa activa —la que cobran los bancos por préstamos— y la tasa pasiva —la que pagan a sus ahorristas—, que en el mes de junio, en soles, se situó en 14.53%, la más alta de la última década —15.04% en enero del 2017—, ocupando el penúltimo lugar después de Brasil (BID).




