Por Denny (Dennis) Citrinowicz
La posibilidad de un acuerdo negociado con Irán, al menos en las condiciones actuales, es prácticamente nula. En la práctica, ni siquiera se han iniciado las conversaciones. Además, las condiciones que harían posible un acuerdo desde la perspectiva de Teherán son políticamente insostenibles en Washington: el cese de la presión militar estadounidense, garantías creíbles contra futuros ataques, el reconocimiento tácito de la posición de Irán en puntos estratégicos marítimos y, probablemente, algún tipo de compensación.
Precisamente por eso, el conocido modelo de «zanahorias y palos» difícilmente tendrá éxito. Presupone la voluntad de intercambiar concesiones por alivio. Pero hoy, el liderazgo iraní no se siente bajo la presión suficiente para llegar a un compromiso. Al contrario, considera que el momento actual le brinda una ventaja estratégica.
Esa realidad plantea una pregunta aún más inquietante: ¿Se le está presentando al presidente una evaluación objetiva de la postura de Irán? El gobierno estadounidense cuenta con numerosos expertos en Irán. Sin embargo, las recientes declaraciones públicas sugieren una brecha persistente entre las expectativas de Washington y los cálculos de Teherán.
El ultimátum del Sr. Trump refleja esa brecha. Al establecer condiciones que Irán casi con seguridad rechazará, ha reducido sus opciones a dos caminos poco atractivos. Puede intensificar la situación, arriesgándose a una fuerte perturbación en los mercados energéticos mundiales y a un daño potencialmente grave a la economía internacional. O puede dar marcha atrás sin un acuerdo, una medida que le daría a Irán una imagen de resiliencia y erosionaría la credibilidad de la presión estadounidense.
Una tercera opción, posponer el plazo con el pretexto de que el progreso es inminente, podría dar tiempo. Pero esto tendría como consecuencia un mayor deterioro de la credibilidad de Estados Unidos, tanto ante sus adversarios como ante sus aliados.
En resumen, no hay una salida fácil. Y, a falta de una reevaluación fundamental de la mentalidad estratégica de Irán, Washington corre el riesgo de tomar decisiones basadas en una interpretación errónea de la otra parte, lo que podría resultar mucho más costoso de lo previsto.
Cuenta en X 5/4/26




