

¡Hola! Esta semana, en Juego Limpio repetimos una pregunta que ha estado presente desde el comienzo: ¿qué hacemos cuando la ciencia advierte que un desastre puede ocurrir y no se toman a tiempo la medidas? ¿Sacar el barro, armar tiendas de campaña, reubicar en gimnasios a los damnificados? Eso es simplemente reacción.
El aluvión de San Carlos de Apoquindo puso esa pregunta una vez más sobre la mesa: meses antes existían informes que habían identificado el aumento del riesgo y la vulnerabilidad de las quebradas tras los incendios. Y el escenario climático tampoco puede ignorarse: fenómenos como El Niño pueden favorecer episodios de precipitaciones extremas que, en un planeta más cálido, encuentran condiciones para intensificarse, haciendo que la combinación de lluvia, suelo, incendios y características del territorio pueda superar más fácilmente los umbrales de riesgo.
La lección no es atribuir a El Niño o al cambio climático, sino entender que la ciencia permite anticipar escenarios de peligro y que, frente a ellos, actuar antes de que ocurra la emergencia puede marcar la diferencia entre un fenómeno extremo y una catástrofe.
Más que una costumbre, para Juego Limpio es una responsabilidad. En esta edición volvemos a entregar evidencia válida para tomar decisiones.
- El Niño entra en zona extraordinaria: el evento climático se fortalece y podría alcanzar en diciembre un máximo histórico, con temperaturas excepcionalmente altas en el Pacífico tropical. La pregunta clave es cómo esta señal oceánica se traducirá en el clima de Chile.
- La “ventana” que se abrió en la Antártica: una gigantesca polinia de casi 90.000 km² apareció en una zona que había permanecido cubierta de hielo durante todo el registro satelital. Un nuevo estudio reconstruye la combinación de ríos atmosféricos, calor oceánico y otros fenómenos extremos que la hicieron posible.
- Quitralco, una ventana al océano antiguo: científicos identificaron en Aysén el primer fiordo euxínico descrito en la Patagonia, con aguas profundas prácticamente sin oxígeno y altas concentraciones de sulfuro de hidrógeno. Un laboratorio natural para comprender cómo funcionaban los océanos en épocas remotas.
- Futuro verde en marcha: el VI Encuentro Nacional de Áreas Protegidas y Comunidades Portal aborda cómo compatibilizar conservación, participación local y desarrollo sostenible, mientras la nueva Mesa Público-Privada de Mercados de Carbono busca convertir estos mercados en una herramienta de inversión, descarbonización y competitividad para Chile.
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El Niño alcanzaría potencial histórico en diciembre
Veamos El Niño como un reloj climático. Ahora visualicemos que ese enorme reloj marca la 00:00 horas cuando está frente a Sudamérica. Eso es lo que está por pasar cuando lleguemos al mes de diciembre. El Niño habrá alcanzado un potencial calórico desconocido hasta ahora.
El agua del Pacífico tropical lleva meses acumulando calor y ahora los principales centros de predicción coinciden en que El Niño seguirá fortaleciéndose hasta alcanzar su punto máximo alrededor de diciembre de 2026. La última actualización de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicada el 8 de octubre, proyecta para octubre-diciembre una anomalía promedio de +3,7 °C en la región Niño 3.4, un valor que, de concretarse, sería el más alto registrado para ese indicador. La OMM advierte además que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical central y oriental podrían alcanzar valores sin precedentes.
Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, miremos el mapa. La región Niño 3.4 está en el Pacífico ecuatorial central, pero hacia las costas de Sudamérica el calentamiento también es extraordinario. La actualización del NOAA del 8 de octubre registró una anomalía de +3,9 °C en Niño 1+2, la zona del Pacífico más cercana a las costas de Perú y Ecuador, mientras Niño 3 alcanzó +3,0 °C y Niño 3.4 llegó a +2,1 °C.
En algunos sectores del Pacífico ecuatorial oriental, las temperaturas superficiales ya superaban los 4 °C sobre el promedio. Incluso bajo la superficie había un enorme reservorio de calor, con anomalías superiores a 10 °C en profundidad.
- ¿Qué significa esto? Imaginemos que la temperatura habitual del mar en esa zona fuera 20 °C. Una anomalía de +3,9 °C significa que el agua está cerca de 24 °C. No quiere decir que todo el océano tenga 24 °C, sino que está casi cuatro grados más caliente que lo que normalmente debería estar en ese lugar y momento.
Las zonas llamadas Niño 1+2, Niño 3 y Niño 3.4 son simplemente “ventanas” que los científicos utilizan para medir la temperatura del Pacífico en distintos lugares. Niño 1+2 está pegada a las costas de Perú y Ecuador; Niño 3 está un poco más hacia el centro y Niño 3.4 todavía más hacia el Pacífico central. Que las tres estén calientes indica que el calentamiento no está concentrado en un pequeño sector: ocupa una enorme franja del Pacífico.
La historia, sin embargo, no comenzó en octubre. En julio, cuando las señales recién empezaban a consolidarse, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) ya advertía que los modelos internacionales proyectaban una intensificación hacia el verano 2026-2027 y calculaban entonces un 63% de probabilidad de alcanzar una categoría intensa durante noviembre-diciembre-enero. Desde entonces, el escenario se ha fortalecido.
¿Y cuál será el impacto en Chile? Aquí conviene bajar un cambio antes de traducir automáticamente un océano excepcionalmente cálido en una predicción de lluvias.
Según los expertos, El Niño no funciona como un interruptor que simplemente enciende la lluvia sobre Chile. Es un evento natural de variabilidad del sistema océano-atmósfera que modifica las probabilidades de determinados patrones, pero sus efectos dependen también de otros factores. La propia DMC ha advertido que fenómenos como la Oscilación Madden-Julian y la Oscilación Antártica pueden alterar las condiciones mes a mes. También ha señalado que un pronóstico estacional describe tendencias medias y no permite anticipar un temporal específico con meses de anticipación.
A efectos de la prevención, la pregunta no es si tendremos más temporales o si las remociones en masa serán más frecuentes, lo que vale aquí preguntarse es qué regiones tendrán una mayor probabilidad de registrar precipitaciones o temperaturas por encima o debajo de sus rangos habituales. Esa distinción es clave cuando se habla de pronósticos climáticos y no de predicciones meteorológicas de corto plazo.
También es importante insistir en que El Niño no es el resultado del cambio climático. Lo grave es que está ocurriendo sobre un planeta que ya se ha calentado por la acumulación de gases de efecto invernadero. La OMM está mostrando que el océano Pacífico está entrando en una fase extraordinariamente cálida dentro de un sistema climático que ya parte desde temperaturas mucho más altas. Y diciembre será el momento clave para observar qué ocurre cuando un fenómeno natural de gran intensidad se encuentra con un océano que ya viene acumulando calor durante décadas.
La señal internacional es clara: El Niño se fortalece, el máximo se proyecta para diciembre y el Pacífico oriental presenta anomalías extraordinarias. Lo que queda por precisar es cómo esa señal oceánica se traducirá, finalmente, en el tiempo y el clima de cada región de Chile.
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