Por Aldo Mariátegui
Por más odiadores que sean muchos en el Poder Judicial y el Ministerio Público, así como en gran parte de nuestra prensa populistoide, por fin se acabó definitivamente el supuesto “Caso Cocteles” para Keiko Fujimori y otras víctimas de esa acusación esperpéntica (y ojo que Ollanta debería ser ahora excarcelado por esta decisión).
En la historia del Perú se estudiará como una vergüenza astronómica que tanta gente haya sido perseguida implacablemente durante años por un delito que NUNCA existió y que hasta significó la prisión para algunos: no olvidemos que la próxima mandataria Fujimori estuvo dos veces en prisión (16 meses y 12 días que nadie le devolverá) por la MALDAD de los fiscales Rafael Vela y JD Pérez y de los jueces Richard Concepción Carhuancho y Víctor Zúñiga Urday (como también de ese pseudoperiodista monstruoso que tanto manipuló a la justicia y prensa peruana).
Ahora toca que estos individuos paguen judicialmente por sus abusos. Eso debería traducirse en que cada persona que haya sufrido tantísimo por sus excesos les abra múltiples juicios civiles y penales por daños y perjuicios a cada uno de estos, aparte de que Carhuancho, Zúñiga y Vela no deben permanecer más en sus puestos públicos por ser tan politizados y tan abusivos.
Ahora a esos perversos les toca vivir enjuiciados por años, no dormir por el estrés, gastar fortunas en abogados y terminar indemnizando a sus víctimas. ¡Nada de benevolencias cristianas y olvidos con funcionarios que politizaron tan sádicamente la ley! El romano día de la ira (Dies Irae) les tiene que alcanzar por una justicia elemental.
A estos les toca vivir acechados por Alecto, esa mitológica Furia romana (la Erinia para los griegos), esa que de las tres hermanas infernales era la que no descansaba hasta hacer pagar las culpas. Como bien repiten los españoles para graficar la justicia divina que algún día siempre alcanza a los malvados: “A cada cerdo le llega su San Martín (y no se refieren al juez CSM, otro a la que Alecto también cazará)”.
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