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El bloqueo de EEUU al petróleo empieza a aplastar el eje formado por Venezuela y Cuba sin dañar el mercado de crudo mundial

petroleo venezuela

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  • En noviembre y sin bloqueo, la producción de Venezuela ya cayó un 10%
  • El efecto disuasión dificulta la llegada de diluyentes y químicos a Venezuela
  • El mercado global de crudo no debería resentirse demasiado

EEUU va a impedir que cualquier petrolero sancionado entre o salga de Venezuela. Esta medida va a impactar de lleno en las exportaciones de crudo venezolano. No las va a reducir a cero ni mucho menos (el crudo puede salir por camión, oleoducto…), pero el impacto va a ser notable. De hecho, en noviembre, la sola presencia de EEUU en las aguas del Caribe ya se ha comido buena parte de la producción de crudo de Venezuela, según ha revelado la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su último informe. Y como víctima colateral aparece Cuba, un país absolutamente dependiente del crudo que llega de Venezuela. Donald Trump mata así ‘dos pájaros de un tiro’ aprovechando el histórico superávit de petróleo del mercado global, lo que le da margen para acosar, atosigar y oprimir el crudo venezolano sin generar un terremoto en los mercados globales de petróleo. A primera vista parece una jugada casi perfecta para los objetivos de Trump.

Desde Gavekal Research apuntan que «Washington tiene muchas razones para deshacerse de Maduro. Un cambio de régimen eliminaría la posibilidad de que Maduro exportara su revolución bolivariana a países vecinos, incluyendo Guyana, rica en petróleo. Reduciría el número de ‘socios estratégicos’ de China en la región. Y aumentaría la presión económica sobre el gobierno comunista de Cuba, que depende del petróleo barato de Venezuela para la mayor parte de su energía». Mientras tanto, el petróleo a nivel global podría subir algo, pero sin generar ningún estrago en la economía, puesto que sobran millones de barriles de crudo cada día y las exportaciones de Venezuela rondan los 700.000 barriles diarios.

Venezuela sufre el golpe

Con todo, mientras que el precio del petróleo Brent apenas sube un 2% (el mercado global se mueve poco tras esa decisión), la producción de crudo en Venezuela ya se ha desplomado más de un 10% desde que la Marina de EEUU empezó a ahuyentar y acosar a los buques petroleros y con productos que pretenden entrar en Venezuela. Esto deja a la luz la gran debilidad del país caribeño, que depende por completo de los químicos y diluyentes que llegan por mar para poder procesar su petróleo y mantener la maquinaria que lo extrae. Este mismo jueves, el Financial Times ha publicado un extenso reportaje en el que llega a similares conclusiones, Venezuela lo va a tener complicado para sobrevivir al bloque.

La AIE señalaba en su informe mensual que Venezuela ya estaba sufriendo en sus carnes la presencia de EEUU en las aguas del Caribe. Este informe, publicado antes del bloqueo, ofrecía datos reveladores que muestran el mal estado de la industria petrolera venezolana. «En noviembre, la producción de crudo de Venezuela cayó con fuerza en 150.000 barriles por día (kb/d) hasta los 860.000, tras varios meses en los que la producción se había mantenido por encima del millón», señala la AIE.

«Las exportaciones de crudo descendieron en 100 kb/d, hasta 670 kb/d, mientras que los inventarios se redujeron. Las tensiones persistentes entre el país y EEUU se intensificaron aún más en noviembre, cuando el presidente Donald Trump pidió el bloqueo del espacio aéreo venezolano», aseguran desde la AIE.

La clave está en los químicos y productos que entran al país y que son absolutamente necesarios para que Venezuela pueda seguir manteniendo a punto su producción de crudo, refinando petróleo y enviando el propio crudo. Desde la AIE explicaban en el informe que «un petrolero ruso que transportaba diluyente se retrasó en su entrada en Venezuela tras un encuentro con la Marina de EEUU». No obstante, este buque terminó llegando a puerto, por lo que la sangre no llegó al río. Sin embargo, la AIE lo dejaba claro, «las importaciones de diluyente son necesarias para las operaciones de mezcla de crudos pesados». Sin la diluyente resulta muy complicada vender y transportar el viscoso y pesado crudo venezolano, que paree más una pasta espesa de caco que petróleo.

«Ante la ausencia de una resolución del conflicto a la vista, esperamos que la producción de crudo del país se mantenga cerca de los niveles más bajos registrados en noviembre en el corto plazo», señalaba la AIE. Ahora que la situación ha escalado y el bloqueo es realidad, Venezuela podría tener problemas para producir incluso esos 860.000 barriles diarios.

Por el contrario, un mercado global muy bien abastecido no debería mostrar gran preocupación por este bloqueo. Paul Donovan, economista de UBS, señalaba en un comentario de esta mañana: «Esto afectará las exportaciones de petróleo, pero presumiblemente otras exportaciones podrán salir por camión. El impacto global de esto es limitado, puesto que las exportaciones petroleras venezolanas representaron mucho menos del 1% de la demanda mundial el mes pasado».

El hecho de que China haya sido un comprador clave de petróleo venezolano durante el último año también podría reducir el impacto general en el mercado petrolero mundial, apostillan desde Capital Economics. «El acaparamiento de reservas estratégicas de petróleo por parte de China ha sido un factor importante, aunque difícil de rastrear, en el mercado petrolero durante los últimos 18 meses, aproximadamente, lo que ha impulsado la demanda y ayudado a absorber la creciente oferta. Si los flujos de petróleo desde Venezuela cesaran indefinidamente, es posible que China también pudiera reducir el alcance del acaparamiento», explican David Oxley y Kimberley Sperrfechter en un informe para clientes.

Un éxito ‘fácil’ para Trump

Tras este nuevo giro de tuerca por parte de Washington, queda claro que el régimen de Maduro enfrenta su desafío más difícil hasta el momento, con poca capacidad para resistir la creciente presión estadounidense en el Caribe. El objetivo de fondo de la Casa Blanca parece seguir siendo forzar un cambio de régimen o de política mediante un golpe interno, no mediante una invasión terrestre. El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, no ha escondido que un «cambio» en Venezuela, a la larga, podría favorecer un contexto aún más bajista en el petróleo de la mano de una resolución del conflicto en Ucrania.

La situación económica de Venezuela sigue siendo crítica. El PIB venezolano cayó alrededor de un 80% entre 2013 y 2020, durante una de las peores depresiones económicas de la historia y se proyecta que la inflación alcance el 550% en 2025 y eso crea una oportunidad perfecta para que la administración Trump intente cambiar la política hacia el país caribeño, como lo hizo durante su primer mandato.

«En cuanto a las implicaciones para la economía venezolana, a corto plazo, una disminución en los envíos de petróleo interrumpiría un recurso vital para la economía. Después de todo, las exportaciones de petróleo son la principal fuente de entrada de divisas y han sido clave para la recuperación del crecimiento de Venezuela en los últimos años», admiten desde Capital Economics.

El otro gran damnificado de todo esto es un igualmente ilustre vecino del Caribe. Cuba depende del crudo y los productos refinados de Venezuela (transportados a la isla por pequeñas embarcaciones y la flota en la sombra de petroleros sancionados) para gran parte de su consumo, según datos y analistas del sector marítimo.

Esa cadena de suministro podría verse gravemente limitada ante el bloqueo de EEUU, dejando a la economía de Cuba en una situación más que desastrosa. Entre enero y noviembre, Venezuela envió 27.000 barriles diarios de crudo y combustible a Cuba, una cifra inferior a los 32.000 bpd del año pasado, según datos de transporte marítimo y documentos internos de la petrolera estatal PDVSA.

El golpe de Trump ahora puede ser letal. «Trump también está reivindicando la Doctrina Monroe de dominio estadounidense en el hemisferio occidental y dando a entender a las potencias extranjeras que EEUU ha vuelto a la política de las grandes potencias. Venezuela también podría ser una distracción útil durante las elecciones de mitad de mandato en EEUU», analiza Max Malakhveitchouk, estratega de BCA Research.

Recientemente, la Casa Blanca ha ofrecido ejemplos de cómo poner en práctica este principio establecido por el presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823, incluyendo la restauración del acceso privilegiado de EEUU a través del Canal de Panamá y el bloqueo del flujo de drogas ilegales a través de México. Este principio fue reforzado en 1904 por el presidente Theodore Roosevelt, quien declaró que EEUU podría tener la responsabilidad de intervenir en América Latina y el Caribe en casos de desintegración social o de irregularidades crónicas, recuerda Ed Crooks, vicepresidente para las Américas de Wood Mackenzie, Es el famoso Corolario Roosevelt.

El ‘Corolario Trump’ puede ahora rodar sin obstáculos en Venezuela. «Como presidente en su segundo mandato, sin reelección en juego y con baja aprobación neta, Trump tiene poco que perder con una pequeña intromisión en el extranjero. La política exterior ocupa un lugar bajo entre las prioridades de los votantes, pero una demostración de fuerza nacional y un aumento de la disuasión mediante el ‘poder duro’ contra la inmigración y el narcotráfico motivarían a los votantes republicanos. Un éxito visible, como la destitución de Maduro, representaría un pequeño impulso en las elecciones intermedias y ayudaría a forjar el legado de Trump», explica Malakhveitchouk.

«Con la frontera estadounidense ahora segura, cualquier consecuencia de las oleadas migratorias tendría un impacto interno limitado, a diferencia del antiguo statu quo, en el que la intervención militar amenazaba con expulsar a cientos de miles de venezolanos a las costas estadounidenses. (Si esto aún puede suceder a largo plazo es otra cuestión)», apuntala el estratega de BCA.

En línea con los analistas anteriores, Malakhveitchouk considera que el débil panorama del mercado petrolero «protege» a EEUU. «A nivel mundial, el aumento de las reservas de petróleo y de petróleo en el agua indica la existencia de un colchón de oferta. Se prevé que este colchón persista y podría aumentar el próximo año, a medida que se deteriore el contexto de la oferta y la demanda». Es por ello que «la administración estadounidense puede frenar los flujos de petróleo venezolano sin provocar un aumento repentino del precio del combustible, dado el papel marginal de Venezuela en los mercados petroleros mundiales y nacionales», insiste el experto.

Una prueba de esta ‘seguridad’ para EEUU es que, si bien sus refinerías de la Costa del Golfo recibían la mayor parte de las exportaciones venezolanas a EEUU, la proporción de volúmenes venezolanos en estas refinerías se ha desplomado, al reemplazar los barriles venezolanos con petróleo de esquisto nacional e importaciones de sus pares regionales.

En un plano más geopolítico, en la casa de análisis canadiense ven improbable que los aliados de Venezuela salgan en su defensa. «La capacidad rusa para proyectar su poder más allá del este de Ucrania es limitada. China, que enfrenta préstamos impagos y teme sanciones secundarias, tiene pocos incentivos para brindar nuevo apoyo. Irán enfrenta su propia inestabilidad bajo la presión estadounidense, mientras que Cuba carece de recursos. En conjunto, estos aliados solo pueden ofrecer respaldo diplomático, lo que deja a Maduro vulnerable», sentencia Malakhveitchouk.

¿De la asfixia a la liberación?

Hasta ahora, Maduro ha resistido el ‘envite’ y está pidiendo «paz» a EEUU mediante vídeos e intervenciones públicas que rozan la hilaridad. Desde BCA señalan que la frágil situación económica del país y su citada caída en la producción petrolera en las últimas décadas dejan poco margen para plantar cara a Washington. De seguir todo ‘igual’ (la dinámica previa a la presión de Trump), la economía solo recuperaría para 2050 la mitad de lo perdido desde 2013 hasta ahora.

Una de las pocas formas de presión que tiene Maduro es intensificar las tensiones en la región costera del Esequibo, donde se encuentra el Bloque Stabroek de Guyana, fuente de toda la producción de petróleo y gas del país. Sin embargo, más allá de que Guyana apenas representa el 1% de la producción mundial de líquidos, esta maniobra sería prácticamente»suicida», subrayan.

Con la incógnita del ‘umbral de sufrimiento’ real del régimen de Maduro, los analistas hacen cábalas con el posible escenario futuro: desde una apertura económica pilotada por el propio Maduro hasta la celebración de unas elecciones libres que acaben con las sanciones y el acoso de EEUU pasando por una sucesión ‘controlada’ de Maduro por algún cercano más pragmático (BCA señala a Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de 2014, hombre respetado en las Fuerzas Armadas del país y de los pocos cargos fuera de las acusaciones por narcotráfico imputadas por Washington).

Bajo todos esos escenarios, se contempla una mayor entrada de inversión extranjera y un aumento de la producción petrolera que, en todo caso, será bastante mesurado. La industria petrolera venezolana necesita urgentemente más apoyo operativo y financiero, confirman los analistas de Wood Mackenzie. Si se levantaran las sanciones y se dispusiera de dicho apoyo, podría tener un impacto nada desdeñable en la producción del país, tanto a corto como a largo plazo.

Según los cálculos de la consultora energética, las mejoras operativas y algunas inversiones modestas en la región de petróleo pesado de la Faja del Orinoco podrían elevar la producción de Venezuela a los niveles de mediados de la década de 2010, en alrededor de 2 millones de b/d, dentro de uno a dos años, dadas las condiciones favorables. Sin embargo, advierte Crooks desde la firma, hace falta mucho dinero: las empresas mixtas de la Faja del Orinoco entre la petrolera nacional PDVSA y compañías petroleras internacionales necesitarían una inversión de entre 15.000 y 20.000 millones de dólares para aumentar su producción en los próximos 10 años y sumar otros 500.000 b/d. Ir más allá requeriría una inversión aún más significativa, zanja.

eleconomista.es