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De las Siete Magníficas a los Diez Titanes: ¿se ha quedado obsoleta la aristocracia de la bolsa de EEUU?

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  • Los analistas de BofA idearon la etiqueta de las ‘7 Magnificent’ en 2023…
  • La capacidad única de autofinanciación de estas empresas genera un círculo virtuoso
  • Pero el mercado sigue premiando la innovación y es hora de mirar más allá 

Una génesis con pocos precedentes recientes. La consolidación de la aristocracia bursátil que hoy descansa sobre las tecnología y la inteligencia artificial trasciende a cualquier ejemplo que se quiera tomar de la Historia en términos de concentración de poder. El sobrenombre de las Siete Magníficas alumbrado en 2023 por un equipo de analistas de Bank of America buscó capturar la arrolladora hegemonía que ya por aquel entonces Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia y Tesla tenían en los índices estadounidenses. Este grupo no es solo el espejo de una coincidencia estadísticas -en función de su capitalización de mercado-, sino la cristalización de unas fuerzas económicas que han transformado (y lo siguen haciendo) tanto la estructura del mercado como la percepción del riesgo.

Ya la evolución conceptual desde las antiguas FAANG hacia las Siete Magníficas reflejó un cambio fundamental en los que hasta entonces se habían entendido como motores del crecimiento empresarial. Mientras Facebook (antes de su reconversión en Meta), Apple, Amazon, Netflix y Google dominaron en la década de 2010 gracias a la capacidad que demostraron de poder monetizar la atención de las masas y la construcción del (nuevo) mundo digital, la nueva formulación incorporó dos vectores disruptivos que, hasta entonces, no habían sido tenidos en cuenta: la revolución de la inteligencia artificial —donde Nvidia tomó el papel protagonista y Microsoft, Meta y Alphabet pasaron a ser los principales beneficiarios—y la transformación energética en la movilidad cuya bandera enarbolaron, antes que nadie, Tesla y Elon Musk.

En menos de dos años, estos siete valores han alcanzado una peso que oscila entre el 30% y el 35% de la capitalización total del S&P 500, frente al 17% que las FAANG ocupaban una década antes. La explicación, en sus resultados que justificaron, aproximadamente, tres cuartas partes del crecimiento del beneficio por acción del índice durante el último año.

Sin embargo, la supremacía de las Siete Magníficas no descasan únicamente en ese discurso de crecimiento y nueva tendencia tecnológica, sino en otro tipo de ventajas, más estructurales, que algunos bancos de inversión creen que son imposibles de replicar para una competencia de menor tamaño. Lo básico, su excepcional fortaleza financiera: estas compañías operan con balances en los que las posiciones netas de efectivo positivas o los niveles de apalancamiento están muy controlados, lo que les permite financiar ciclos de inversión multimillonarios sin recurrir a ampliaciones de capital, con la consiguiente dilución accionarial, ni comprometer sus márgenes. Esto se traduce en una capacidad única de autofinanciación que genera un círculo virtuoso en el que las inversiones masivas en investigación, infraestructura, adquisiciones… se traducen en ventajas cada vez mayores respecto de la competencia. Algo a lo que no aspiran las más pequeñas. Morgan Stanley estimaba en uno de sus últimos informes en agosto que la ventaja financiera acumulada de estas empresas equivale a una «prima de liquidez perpetua» que actúa como un foso defensivo.

La columna vertebral de la nueva economía

Microsoft con Azure, Amazon con AWS y Alphabet con Google Cloud Platform son, a día de hoy, la columna vertebral sobre la que opera gran parte de la economía. Una posición que no solo ofrece ingresos recurrentes y altamente predecibles, sino un acceso privilegiado a teras de datos empresariales y patrones de comportamiento que les permiten adelantarse a lo que venga. Apple y Meta han perfeccionado el arte de capturar y retener la atención humana. El iPhone no es solo un dispositivo, es la puerta de entrada a millones de usuarios que incrementan exponencialmente su valor. Igual, las plataformas de Meta —Facebook, Instagram, WhatsApp— han creado redes sociales tan profundamente integradas imposibles de abandonar para muchos.

Y luego está Nvidia que, silenciosamente, ha establecido un cuasi monopolio en el hardware especializado en torno a la inteligencia artificial que hace a quien usa sus chips dependiente de sus arrebatos. La migración hacia otras alternativas implica no solo costes económicos, sino también la obsolescencia de inversiones masivas en capital que las empresas no se pueden permitir.

Pero ahora han entrado en el partido nuevos jugadores. Broadcom, por capitalización, una compañía más grande que Tesla (1,7 billones de dólares de valor de mercado). Es uno de los casos más interesantes de éxito empresarial que permanece invisible para el inversor minorista, pese a su rol como proveedor de componentes críticos para la infraestructura de inteligencia artificial. Por poner un ejemplo, sus chips para IA reportaron un incremento de los ingresos del 63% en el último trimestre con proyecciones que apuntan a un volumen de negocio cercano a los 6,2 billones de dólares. Broadcom compite con Nvidia aunque sus chips personalizados en función de la carga de trabajo de las compañías supone un elemento diferenciador que podría valerle un buen impulso en el medio plazo.

¿Por qué, a pesar de todo, no es parte Broadcom de las Siete Magníficas? Su inclusión en ese club enfrenta varios obstáculos que trascienden las métricas financieras. El grueso de su facturación continúa vinculado a sectores menos visibles como redes empresariales y software corporativo, áreas que carecen de ese vínculo de los gigantes tecnológicos como plataformas de consumo masivo. Además, tiene una menor exposición mediática y un perfil de marca considerablemente más bajo entre los inversores retail.

Oracle empieza sonar también como una compañía protagonista en la revolución de la inteligencia artificial. Los ingresos relacionados con ese negocio crecieron en el último año un 52% y su cartera comprometida con servicios en la nube ha alcanzado los 97 billones de dólares. La compañía ha logrado posicionarse como un proveedor preferencial, pero su capitalización (870.000 millones de dólares) la deja lejos de otras como Alphabet (3 billones) o Amazon (2,4 billones). Los inversores siguen penalizando su menor exposición al consumo masivo y la dependencia de sectores empresariales de lento crecimiento e intensa competencia, según Bloomberg.

Y luego está el caso de Netflix, una compañía a la que se excluyó de la familia real de la bolsa de Estados Unidos cuando las FAANG pasaron a ser las Siete Magníficas, pero que hoy se cuela en los debates de los mentideros del mercado. Porque es una empresa que vale mucho menos que el resto, aproximadamente, 510.000 millones de dólares, pero que tiene mucho que ofrecer. La compañía ha desarrollado el sistema de recomendaciones más sofisticado de la industria del entretenimiento, con más del 80% del contenido visualizado en su plataforma descubierto a través de sus algoritmos de inteligencia artificial. Este motor de personalización representa un activo valorado en más de 1 billón de dólares anuales en términos de retención de clientes y reducción de pérdidas. Su catálogo es la diferencia: global, de alto presupuesto y con un impacto cultural masivo.

¿Están en peligro las ‘Siete Magníficas’?

Llegados a este punto, el debate: ¿se ha quedado obsoleto el término de las Siete Magníficas? Morgan Stanley dice que sí. Sus analistas se han mostrado recientemente preocupados por la sostenibilidad matemática de la concentración actual del mercado. Las siete compañías más grandes han explicado más del 50% de los retornos totales del mercado durante el último lustro, un nivel de concentración que la firma califica como «difícil de sostener sin episodios de volatilidad extraordinaria». La lógica explicativo de esto es sencilla: para que estas empresas mantengan la velocidad de crucero que han demostrado hasta ahora, deben seguir superando al resto del mercado por mucho. Los expertos de la entidad creen que es un supuesto con muchos límites.

Bank of America, la ideóloga de las Siete Magníficas, sugiere que la era de la hegemonía absoluta de los nombres propios norteamericanos podría estar llegando a su fin, principalmente, por China.

Quizás por esto algunos ya empiezan a ampliar su espectro y más que hablar de las Siete Magníficas creen que es el momento de bautizar a los Diez Titanes con Broadcom, Oracle y Netflix sentadas, también, en el cúspide del mercado a medida que los inversores van reconociendo implícitamente que el crecimiento extremo no constituye un monopolio exclusivo de las siete pioneras y que las innovaciones tecnológicas, especialmente, las ligadas a la inteligencia artificial, siguen premiando la innovación independientemente de la pertenencia a clubes arbitrarios que responden más a una estrategia de marketing que a otra cosa.

eleconomista.es