Por Hugo Chávez Arévalo
Antes de la Guerra Directa (Fase de Tensiones y Volatilidad)
Durante 2025, el conflicto se mantuvo principalmente bajo un esquema de amenazas y choques focalizados entre Israel e Irán, lo que generó impactos mixtos para el Perú:
- Récord de Reservas: Ante la incertidumbre geopolítica, los inversionistas buscaron refugio en activos seguros. Esto disparó los precios internacionales del oro y el cobre, permitiendo que las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Perú alcanzaran un máximo histórico de US$100,000 millones (28% del PBI).
- Dólar al Alza: Se observó una gradual aversión global al riesgo, lo que presionó al alza el tipo de cambio local debido a la migración de capitales hacia el dólar estadounidense.
- Estabilidad Relativa: El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) mantenía bajo control la inflación interna, dado que los canales comerciales directos con Medio Oriente eran mínimos.
Durante la Guerra (Escalada Militar Directa y Bloqueo)
A inicios de 2026, con la intervención militar directa de los Estados Unidos junto a Israel contra Irán, el panorama se tornó crítico debido al cierre y bloqueo del Estrecho de Ormuz:
- Crisis de Combustibles: El petróleo de referencia (WTI y Brent) rompió la barrera previa de US$ 60 y superó los US$ 110 por barril. Al ser el Perú un importador neto de crudo, los precios locales del diésel, gasoholes y GLP se dispararon hasta en un 75% en marzo de 2026.
- Pico Inflacionario en 32 años: El alza de la energía se trasladó de inmediato a los fletes del transporte urbano e interprovincial. Esto causó que la inflación mensual de marzo saltara a 2.38%, la cifra más alta registrada en el país desde diciembre de 1993.
- Impacto en el Agro: El conflicto en zona iraní paralizó grandes plantas de insumos químicos, elevando el costo de la urea importada en un 28% (sobrepasando los US$ 585 por tonelada), encareciendo los costos de producción alimentaria de la agricultura familiar.
- Freno al Crecimiento: El Fondo Monetario Internacional (FMI) y entidades locales reajustaron a la baja las proyecciones de crecimiento del PBI peruano para 2026 debido al fuerte encarecimiento de los costos operativos corporativos y la contracción del gasto familiar.
El costo e impacto económico del conflicto de Medio Oriente en el Perú se ha moderado recientemente tras la disipación de las tensiones internacionales, mitigando los principales riesgos inflacionarios que amenazaban al país.
A continuación, se detallan los frentes clave de este impacto y la situación actual de los mercados:
Alivio en los Precios de Energía
- Disminución del Crudo: Los precios internacionales del petróleo de referencia (WTI y Brent) retrocedieron cerca de un 5%, cotizando en torno a los US$ 73.66 y US$ 76.83 por barril respectivamente, alcanzando sus niveles más bajos en tres meses. [1]
- Freno a la Gasolina: La baja internacional frena la escalada de precios en los grifos locales, donde la condición del Perú como importador neto de crudo había provocado alzas inmediatas en los combustibles semanas atrás.
Alimentos y la Canasta Básica
- Insumos Agrícolas: El conflicto y los bloqueos en rutas logísticas globales como el Estrecho de Ormuz elevaron temporalmente el costo de los fletes marítimos y los fertilizantes.
- Presión Inflacionaria: El encarecimiento de la energía impactó de manera directa en el transporte logístico interno y en productos alimenticios clave dependientes de importación. Sin embargo, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) reporta que la inflación interanual ha descendido al 3.9%, manteniéndose como una de las más bajas de la región.
Posición Comercial y Perspectivas
- Menor Riesgo País: Julio Velarde, presidente del BCRP, confirmó que el peligro económico derivado de este conflicto externo «se está disipando en gran medida», eliminando un factor de alta incertidumbre para la nueva administración del gobierno peruano.
- Diversificación: El impacto comercial directo ha sido acotado debido a que el intercambio comercial con los países del epicentro bélico es mínimo, apoyado por una estructura comercial peruana altamente diversificada.
El cuestionamiento hacia la idoneidad de la respuesta gubernamental es totalmente válido, ya que diversos sectores económicos y analistas criticaron la lentitud y las limitaciones burocráticas de los amortiguadores estatales ante la escalada inicial de precios provocada por el conflicto. [1, 2]
PERU UN PAIS SIN RESPUESTA A UN CRISIS GLOBAL
1. El Declive del Fondo de Estabilización (FEPC)
- Retiro de Refinerías: A finales de 2025, empresas clave como Petroperú y Repsol decidieron retirarse del esquema voluntario del FEPC.
- Deuda Estatal millonaria: El mecanismo acumulaba obligaciones fiscales insostenibles por cerca de S/1,000 millones con productores e importadores, minando su operatividad.
- Reacción Tardía: Aunque el Ministerio de Energía y Minas intentó sanear el fondo a inicios de 2026, los analistas señalaron que la activación de estos subsidios cruzados fue demasiado lenta y burocrática para impedir el impacto inmediato en el transporte.
2. Limitaciones en la Ampliación del FISE
- Subida Temporal: Mediante el Decreto de Urgencia 002-2026, el Poder Ejecutivo dispuso subir el valor del Vale de Descuento FISE de S/20 a S/30. [1]
- Medida Insuficiente: La crítica radica en que este incremento extraordinario se focalizó únicamente en los recibos emitidos para el mes de abril, dejando desprotegidas a más de 1.2 millones de familias vulnerables frente a las persistentes alzas del balón de GLP de los meses siguientes.
- Emergencia Pendiente: El propuesto decreto supremo gubernamental para declarar en emergencia la comercialización de combustibles y frenar la especulación sufrió demoras de implementación, prolongando la incertidumbre en los grifos locales.
A continuación, se presentan los datos del impacto real en ambos sectores:
1. El Impacto en el Transporte Interprovincial y Local
La inacción en la estabilización de los precios del Diésel y el Gasohol disparó las tarifas de traslado:
- Repunte Inflacionario: Debido al encarecimiento del transporte, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Lima Metropolitana subió 2.38% solo en marzo de 2026, registrando la tasa mensual más alta desde diciembre de 1993.
- Alza de Pasajes: El pasaje en ómnibus interprovincial escaló un 3.9% al cierre del trimestre. A nivel urbano el impacto fue aún peor, con aumentos de hasta 9.9% en combis y 7.6% en microbuses, lo que terminó eliminando definitivamente el pasaje mínimo tradicional de un sol («la luca») en varias rutas.]
- Medida Paliativa Tardía: Como los transportistas operaban a pérdida, el Gobierno se vio obligado a aprobar de emergencia un subsidio temporal por consumo de Diésel. Sin embargo, los gremios advirtieron en medios como Exitosa Noticias que esta subvención de dos meses resultaría insuficiente si las alzas continuaban.
2. El Incremento Específico en los Fertilizantes Agrícolas
Al no blindar la cadena logística ni habilitar subsidios directos a los insumos del agro, el conflicto en Medio Oriente encareció la producción alimentaria del país:
- Escalada de Precios: El precio internacional de la urea se disparó un 28%, superando los US$ 585 por tonelada en marzo. Paralelamente, el Fosfato Diamónico (DAP) trepó a US$ 658 por tonelada (+6%) y el cloruro de potasio a US$ 381 (+4%). En casos extremos del mercado interno, la tonelada de ciertos fertilizantes saltó de US$ 415 a US$ 725, representando un impacto del 70%.
- Disrupción Logística: El encarecimiento se debió al bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz y al cierre de grandes plantas en Catar e Irán por falta de gas. Esto obligó al Perú a pagar fletes marítimos mucho más costosos.
- Riesgo en el Campo: Entidades como la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro) advirtieron que este incremento amenazó directamente a la agricultura familiar, dado que los fertilizantes representan entre el 15% y 20% del costo total en cultivos masivos como la papa, el maíz y la cebolla.]
Para el Estado peruano, el costo directo de la crisis se tradujo en una pérdida de aproximadamente 0.2 puntos porcentuales en la proyección de crecimiento del PBI (recortado de 3.1% a 2.9% para este año) y un sobrecosto fiscal de cerca de S/ 1,000 millones acumulado en obligaciones de subsidios no previstos [andina.pe].
Para el ciudadano de a pie, el costo no se midió en macrocifras, sino en el encarecimiento inmediato del costo de vida diaria, reflejado en tres duros golpes económicos:
1. El Costo en el Presupuesto Mensual (Inflación)
- Pérdida de Poder Adquisitivo: En marzo de 2026, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 2.38% en un solo mes, marcando la inflación mensual más alta registrada en el Perú en los últimos 32 años.
- Techo Roto: La inflación anualizada trepó hasta el 3.9%, rompiendo por primera vez en dos años el rango meta de estabilidad fijado por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).
2. El Costo Diario en el Transporte
- Combustibles por las Nubes: La inflación específica del sector combustibles alcanzó un 13.5%, registrando su valor más alto desde el año 2010.
- Pasajes Públicos: El rubro transportes sufrió una inflación acumulada del 18.6%. Para un ciudadano común, esto significó aumentos de hasta 9.9% en el pasaje de combis y 7.6% en microbuses, obligando a la desaparición del pasaje mínimo de S/ 1.00 en las rutas urbanas peruanas.
- Provincias más castigadas: El costo logístico encareció los precios de forma asimétrica. Mientras Lima promedió un 4% de inflación general, los ciudadanos de Puerto Maldonado (6%), Moquegua (4.6%) y Arequipa (4.6%) pagaron mucho más por los mismos productos básicos.
3. El Costo en la Mesa (Alimentos)
- Insumos Agrícolas: El precio de los fertilizantes esenciales (como la urea y el fosfato) se elevó entre un 28% y 38.4%.
- Efecto en la Canasta: Al encarecerse el flete del transporte de carga y los insumos del campo, alimentos cotidianos de la mesa peruana como la papa, el maíz, el arroz y las verduras sufrieron presiones alcistas que obligaron a las familias vulnerables a reajustar o reducir sus porciones diarias de consumo.
En conclusión, la crisis le costó al ciudadano promedio trabajar más horas para comprar menos, absorbiendo directamente el impacto de una cadena de combustibles inestable y desprotegida por el Estado.
Para las clases sociales C, D y E, el impacto de esta crisis no fue una simple variación porcentual, sino un golpe directo a sus estrategias de subsistencia, ya que estos niveles socioeconómicos (NSE) destinan la mayor parte de sus ingresos a dos rubros que se dispararon: alimentos y transporte.
El impacto medible y real en cada uno de estos sectores se desglosa a continuación:
1. El Impacto Cuantificable en el Gasto Familiar
- Vulnerabilidad Presupuestal: Según datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), mientras el NSE A/B destina menos del 20% de sus ingresos a la comida, el NSE D y E gasta entre el 41% y el 52% de todo su presupuesto mensual solo en alimentarse.
- El Efecto Inflación: Con una inflación de alimentos que superó el promedio nacional, las familias de los sectores D y E experimentaron una «inflación percibida» de casi el 8% en su canasta básica, reduciendo drásticamente su capacidad de compra.
2. Impacto Específico por Clase Social
Clase C (Media Baja / Trabajadores Independientes y Dependientes)
- Pérdida de Capacidad de Ahorro: Este sector vio licuarse su excedente mensual. Para evitar caer en la pobreza, recortaron gastos de educación privada (traslados a colegios estatales), entretenimiento y salud preventiva.
- El Golpe del Combustible: Muchos microempresarios, comerciantes y transportistas independientes que pertenecen a la Clase C no pudieron trasladar todo el aumento del Diésel y el Gasohol a sus clientes, absorbiendo la pérdida y reduciendo sus ganancias netas hasta en un 25%.
Clase D (Pobreza Vulnerable / Empleados Informales)
- El Impuesto del Transporte Urbano: Al subir el pasaje de combis y micros entre 7.6% y 9.9%, un trabajador del NSE D que toma dos vehículos de ida y dos de vuelta pasó a gastar entre S/ 4.00 y S/ 6.00 diarios más solo en pasajes. En un mes, esto representó un recorte obligatorio de casi S/ 120 a S/ 150, equivalente a perder más del 10% de un Sueldo Mínimo Vital.
- Retorno al Gas Kerosene o Carbón: Al vencerse el subsidio temporal del Vale FISE (que solo cubrió S/ 30 por un mes), el balón de GLP doméstico superó los S/ 55 en muchas zonas. Esto obligó a familias del NSE D a racionalizar el uso de la cocina o sustituirla temporalmente por métodos informales.
Clase E (Pobreza Extrema / Subempleo y Canastas de Subsistencia)
- Inseguridad Alimentaria Extrema: Al encarecerse la papa, el arroz y las verduras por el alza de fertilizantes (+28%) [infobae.com] y fletes, la Clase E aplicó la «sustitución de proteínas». Se redujo drásticamente el consumo de pollo y carne, reemplazándolos por carbohidratos de menor calidad o menudencias.
- Colapso de las Ollas Comunes: Las organizaciones sociales que alimentan a la población del NSE E vieron duplicarse sus costos operativos. Al no recibir un presupuesto ampliado a tiempo por parte del Estado, muchas ollas comunes se vieron obligadas a reducir las raciones diarias o a «aguar» las comidas para que alcancen para todos los vecinos.
3. Balance Social: El Retroceso en Cifras
El resultado directo de la inacción del Fondo de Estabilización y las demoras del FISE provocó que cerca de 250,000 peruanos de la Clase D (vulnerable) cruzaran la línea de la pobreza general, engrosando las estadísticas de la Clase E.
Si te interesa profundizar en las medidas de recuperación, dime si prefieres revisar los programas de asistencia social actuales para mitigar este impacto o la evolución del empleo informal en estos tres niveles socioeconómicos tras la crisis.
La conclusión sobre el accionar del Gobierno refleja de manera directa el sentir de la población y el balance de diversos especialistas, quienes coinciden en que la respuesta estatal frente a la crisis adoleció de graves problemas estructurales, independientemente de la intención política detrás de las decisiones.
Para evaluar de forma objetiva esta conclusión, el impacto de las políticas se puede dividir en tres factores clave:
1. Demostración de Medidas Tardías y Lentas
- Burocracia y Caja Fiscal: La demora en activar los mecanismos de amortiguación no se debió únicamente a una falta de voluntad, sino a las debilidades administrativas del aparato estatal. El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) ya arrastraba una deuda millonaria con las refinerías, lo que impidió una respuesta ágil y con liquidez inmediata.
- Falta de Prevención: El Estado peruano suele reaccionar ante las crisis internacionales una vez que los choques de precios ya impactaron en los mercados locales, en lugar de contar con planes de contingencia automáticos.
2. El Impacto Desproporcionado en los Sectores Vulnerables
- Efecto Regresivo de la Inflación: Aunque las autoridades no diseñen medidas para perjudicar deliberadamente a un sector, la inflación de la canasta básica actúa en la práctica como un «impuesto regresivo». Afecta drásticamente a los niveles socioeconómicos C, D y E porque estos destinan la mayor parte de sus ingresos diarios a sobrevivir (comida y transporte).
- Focalización Insuficiente: La ampliación del Vale FISE por un solo mes demostró una desconexión técnica con la duración real de los choques internacionales, dejando desprotegidos a los hogares de menores recursos a mediano plazo.
3. El Rol de la Red de Soporte Social
- Amortiguación Civil: Ante la lentitud del Ejecutivo, fueron las propias organizaciones sociales —como las ollas comunes y los comedores populares— las que asumieron el costo humano de la crisis, racionando recursos para evitar que la inseguridad alimentaria se agudizara en las periferias urbanas.
La crisis de Medio Oriente demostró que, en el Perú, la inacción y la lentitud burocrática del Estado se pagan con el hambre de los más vulnerables. Mientras la macroeconomía peruana resistió el choque global, el ciudadano de a pie en los sectores C, D y E absorbió el golpe real en su mesa y en sus pasajes cotidianos. Esta crisis dejó una profunda lección estructural: un país no puede considerarse económicamente sólido si sus herramientas de protección social colapsan en el momento más crítico, empujando a miles de familias trabajadoras hacia la pobreza por falta de una respuesta oportuna.



