- China domina casi el 70% del titanio del mundo
- Es el componente clave para cazas de última generación, drones y todo tipo de armas
- Una mina en Canadá puede revolucionar el mercado de Occidente
Hay una guerra soterrada a múltiples niveles entre China y Occidente. El país asiático se ha hecho dueño y señor de materias primas y recursos estratégicos necesarios para los ejércitos de Occidente y para el funcionamiento de toda su industria del futuro. El frente habitual de esta batalla son las tierras raras, unos recursos ultra escasos dominados por Pekín;; sin embargo, el titanio se ha quedado fuera del radar de este choque. China controla más del 67% de la minería mundial y se trata de un componente clave para fábricas, los cazas y los drones que compondrán las fuerzas armadas del mañana. Sin embargo, Occidente está encontrando una solución en una mina canadiense que está llamada a romper el dominio oriental sobre el suministro.
EEUU ha descuidado su producción durante años, que ha ido desmoronándose y dejando cada vez más espacio para el dominio del metal. Hoy, China posee las segundas reservas más grandes de titanio del planeta. Según datos de la Comisión Europea, pese a que China domina con puño de hierro la producción, tiene menos reservas que Australia. Concretamente tendría 215.000 millones de toneladas frente a las 210.000 millones de toneladas del gigante asiático (todo con cifras de 2023).
Sin embargo, a medida que otros países han ido abandonando esta industria, Pekín ha pisado el acelerador. Una situación que ha llevado a que ahora controla aproximadamente dos tercios del producto refinado conocido como esponja de titanio. Durante la última década, China ha más que duplicado su producción de esponjas, mientras que la producción estadounidense se ha desplomado a tan solo el 2% de lo que era en 2013.
El proyecto Radar está emergiendo este año como la gran esperanza para que EEUU y Europa recuperen su independencia y puedan controlar su cadena de suministro sin estar sometidas a Pekín. La perforación inicial de esta mina a orillas del río Dykes, en la región del Labrador, está ofreciendo resultados esperanzadores. Tras un detallado programa geofísico terrestre y un muestreo superficial, los datos que está arrojando este 2025 están siendo mejores de lo esperado.
De momento es pronto para decir exactamente cuántas toneladas pondrá en marcha esta prospección dado que está en una etapa muy indiciaria. Se espera que los primeros datos de cuánta producción pueda arrojar se den en el segundo semestre de 2026. Sin embargo, los primeros resultados, con 120.000 nanoteslas (unidad que mide el flujo magnético) detectadas por las lecturas magnéticas de Saga, la empresa detrás del proyectos, muestran mejores datos que los grandes proyectos de China. Los resultados de las perforaciones muestran una uniformidad del 80% en las muestras encontradas.
La mina, de 24.175 hectáreas cubre la totalidad del Dykes River Intrusión, una ubicación 10 kilómetros al sur de la ciudad de Cartwright, Labrador. La primera perforación se ha realizado este año 2025 y ya se plantea una expansión. Este sería el proyecto bandera de una ‘revolución’ del titanio que lidere Canadá. En la región del Labrador se esconden algunas de las principales reservas del planeta.
El titanio, la guerra del futuro
El titanio es un metal de transición con una alta resistencia, una baja densidad y una elevada capacidad anticorrosiva. Sus características físico-químicas lo vuelven una materia prima esencial para la industria. Aviones, misiles, drones, naves espaciales o buques de guerra utilizan en sus estructuras componentes de titanio. Sus usos en aplicaciones médicas como las prótesis o como elemento de aleación antioxidante con otros metales es clave en la industria pesada, la sanidad y en la construcción.
Representa una de las materias primas más versátiles dentro de la producción manufacturera. Su relevancia lo ha convertido en un recurso estratégico y tanto la Unión Europea como los Estados Unidos consideran al titanio un mineral crítico. Aproximadamente, el 38% de la estructura del F-35 Lightning II, el caza de combate más avanzado de Occidente, está compuesto de titanio.
Su consumo no deja de aumentar en todas las áreas que demandan equipamientos más ligeros: desde la industria drónica hasta los cohetes de Elon Musk. Las aletas que permiten recuperar los cohetes Falcon de SpaceX están compuestos de fibras de carbono, aluminio y titanio, que soportan temperaturas de casi 900 grados centígrados.
La clave del titanio es su peso, resistencia y capacidad de evitar la corrosión. Según The Oregon Group, «tiene la relación resistencia-peso más alta de todos los metales estructurales , casi tan resistente como el acero, pero un 45 % más ligero». La consultora de materias primas explican que este es el motivo por el que es ya oficialmente un mineral «crítico» tanto para EEUU como la UE. Ponen como ejemplo el caso del F-22 Raptor, uno de los cazas más modernos de EEUU y que contiene cerca de un 39% de titanio sobre el total de su peso.
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