La vida del matrimonio Baekelando era glamurosa y llena de fiestas y cockteles de vivir en las mejores ciudades como Nueva York, Paris, Milan y Londres, Brooks era nieto del inventor de una resina predecesora del plástico, por lo que formaba parte de un imperio que gozaba de gran fortuna y Barbara era una socialité que en su juventud fue modelo y que incluso apareció en publicaciones como Vogue y Harperz Bazar, ¿que es lo que esta familia podría tener en contra que los llevó a la destrucción?
El inicio de la fortuna familiar
Todo inició cuando Leo Baekeland un químico belga inventó la baquelita, el primer plástico del mundo, que se utilizó desde radios y discos hasta extremidades artificiales y bombas atómicas, por ello la familia se sumergió en una era de lujos y decadencia, especialmente Brooks nieto de Leo, ex piloto a quien solo le interesaba figurar en la pantalla grande y asistir a fiestas.
Por otra parte, Barbara era una joven de Boston cuyo padre atormentado por una enfermedad mental decidió terminar con su vida y aspiró dióxido de carbono al encerrarse en su auto, tras lo cual su madre tuvo que mentir sobre la muerte para que fueran acreedoras al seguro de vida y con ello huir a donde no las conocieran y empezar una nueva vida en la Gran Manzana.
Ya en Nueva Yor,k Barbara fue descubierta por su gran belleza y su color rojo de cabello, eso la llevó a las pasarelas y poco después a las portadas de revistas y con ello fue invitada a las fiestas de los círculos de moda donde conoció a quien se haría una de sus mejores amigas, Cornelia “Dickie” Baekeland, quién a su vez creyó que Barbara era perfecta para que saliera con su hermano Brooks y se lo presentó.
La vida del nuevo matrimonio
Barbara quedó prendada de Brooks y de su estilo de vida, y para asegurar su futuro dentro de la familia Baekekand fingió que estaba embarazada y se casaron rápidamente en California. Brooks se sorprendía constantemente con su esposa y la redefinía todo el tiempo. Dijo de ella que “tenía travesuras en la sangre”. Barbara no solamente tenía “travesuras en la sangre” sino, además, serios problemas psicológicos. No le contó a su marido que la trataba un célebre psiquiatra de Nueva York, llamado Foster Kennedy. Cuando el psiquiatra se enteró de que Barbara se había casado con Brooks solo dijo: “¡Dios no quiera que tengan un hijo!”. El 28 de agosto de 1946 Bárbara y Brooks tuvieron a su hijo Antony, o Tony.
La paternidad hizo que el matrimonio pasara casi todo su tiempo en fiestas, ahora su vida era ir de coctel en coctel pero también de amante en amante.
Se habían instalado en un apartamento imponente del Upper East Side, y su casa se había convertido en el centro de las juergas nocturnas. Por allí pasaron grandes personalidades como Greta Garbo y William Styron quienes fueron testigos delos cambios súbitos de humor de su joven anfitriona.
Pero la inestabilidad de Barbara no fue un problema para su matrimonio. Ambos viajaban constantemente con el pequeño Anthony como carabina, iban a fiestas en cada ciudad y al final decidieron asentarse en París en la década de los 60.
¿Y el cuidado de Tony?
La personalidad trastornada de Barbara la convertía en una madre incongruente, demasiado intensa con su hijo, y posesiva, pero no siempre. Ella necesitaba ayuda emocional, y gritaba, pero luego se sentía segura de sí misma y se quedaba en silencio, además como Brooks era una ferviente consumidora de drogas, lo cual tampoco ayudaba a mejorar sus cambios súbitos de sentimientos, lo que la hacía una madre negligente para Tony.
Mientras los Baekelands iban de un destino lujoso a otro, buscando siempre el verano en cualquier parte donde se encontrase, en una infinita espiral de ocio y vagancia, su hijo era lo que menos contaba para ellos. Se encargaban de que alguien lo fuera a buscar y lo llevara a determinada hora. Y así daban por finalizadas sus obligaciones con su hijo.

Tony nunca estaba con ellos, nada importaba mientras que a la hora indicada lo llevaran de regreso, por lo tanto, Tony se convirtió en un chico solitario que aprendió a darse maña con las cosas porque no había papá ni mamá que le enseñaran nada. Tenía una muy buena apariencia, pues había heredado el pelo rojo de su madre y lucía unos ojos marrones brillantes. Le caía bien a todo el mundo; entretanto, en su interior las cosas comenzaban a desajustarse sin que los padres lo notaran.
El chico les contó a los médicos que había tenido su primer encuentro homosexual en un internado a los ocho años, y que a los catorce estaba buscando activamente sexo con otros hombres. En Nueva York, cuando sus padres estaban fuera, a menudo, buscaba chicos más grandes en las calles y los llevaba a casa.
El hecho de que Tony estuviera más interesado en los hombres que en las mujeres frustró a Bárbara, no lo soportaba nunca lo aceptaría gay y lucharía para revertir la inclinación sexual de un hijo al que no había criado, ni educado ni atendido y del que esperaba que, por arte de magia, se convirtiera en un varón hecho y derecho y, además, un sabio o talentoso en cualquier arte o ciencia.

Por aquellos años en Paris Brooks ya se había enamorado de una de sus amantes y le pidió el divorcio a Barbara, quien en respuesta tomó una botella entera de barbitúricos y se cortó las venas, por supuesto sobrevivió a su intento de suicidio, pero esto sirvió para que Brooks no volviera a tocar el tema, temía que ella lo volviera intentar y no querría cargar con su muerte en la conciencia.
Tras un problema policiaco en España que involucraba un amigo íntimo de Tony y a la propia Barbara, todo volvió a calmarse un poco, incluso Tony le dijo a su madre que salía con una joven llamada Sylvie hija de un diplomático inglés, por lo que Bárbara estaba feliz de que dejara sus inclinaciones homosexuales a un lado.
Sin embargo, la mala suerte perseguía Barbara pues Brooks terminó enamorándose de Sylvie y esta vez sin importar otro intento de suicidio decidió irse con la joven 15 años menor que él.
Intentando curar a Tony
Tony y su mamá pasaron el verano de 1969 en Mallorca, bebiendo y fumando marihuana en una casa que les prestó la hija de un archiduque austriaco, Barbara llevó a prostitutas a las que les pagó muy buen dinero, para que lograran que su hijo se interesara por las mujeres.
Sin embargo, no consiguió que alguna captara su interés, así que la mujer que había seducido a hombres de todo el mundo dirigió sus atractivos hacia su propio hijo y lo llevó a su cama. Ella pensó siempre que había hecho lo correcto, incluso ufanándose de ello cada vez que tenía la oportunidad. “Barbara me llamó y me dijo que se había acostado con Tony”, aseguró su amigo Alan Harrington. No tenía culpa alguna, al contrario. Hasta lo comentaba a nuevos conocidos.
Si algo faltaba para terminar de descalabrar la psiquis de Tony, era que su madre lo obligara a acostarse con ella. En esa casa, hubo amigos que fueron de visita y encontraron sillas rotas, aunque Barbara decía que “algo molestó a Tony, le dio mucha rabia y reventó una silla”. En la psique ya dañada de Tony, los efectos del incesto iban a resultar catastróficos.
Una noche, Tony se mostró tan violento que amenazó con golpear a su madre. Tony la alcanzó y le pegó con un bastón de madera hasta dejarla inconsciente. Los psiquiatras del hospital local le diagnosticaron esquizofrenia y recomendaron que lo enviaran a una institución mental privada, pero su padre, Brooks, no quería pagar nada. Entonces Tony volvió con su mamá. El muchacho estaba fuera de control. Durante una cena, delante de los invitados, le rompió un huevo en la cara a Barbara, la amenazó con un cuchillo y quiso estrangularla mientras los comensales buscaban rápidamente sus abrigos para escapar de esa casa.
Luego se mudaron a Londres donde Tony intentó sacarle los ojos, clavándole un bolígrafo en el ojo, en otra ocasión lanzó a su madre al arroyo vehicular para que fuera atropellada, pero no pasó, la policía lo detuvo por intento de homicidio pero Barbara no presentó cargos y Antony, de veintiséis años, fue internado en el hospital psiquiátrico privado The Priory, pero se lo dio de alta enseguida porque hacía falta mucho dinero para solventar la internación.
Por fin logra matar a su madre
La noche del 16 al 17 de noviembre cde 1972, Barbara y Tony discutieron por la invitación que Tony le había hecho a un amigo para que fuera a su casa, un amigo al que Barbara no quería ver. Tony le pegó a su mamá, ella cayó, pero se repuso y corrió hacia la cocina escapando de su hijo. Tony la alcanzó, agarró un cuchillo y la mató a puñaladas. Barbara Daly de Baekeland tenía 51 años. Antony llamó a la policía y esperó en el lugar.
Al llegar la Policía, Tony admitió que había asesinado a su madre. Fue declarado culpable de homicidio y enviado a Broadmoor, uno de los principales hospitales de seguridad del Reino Unido.
Salió gracias a la ayuda de varios amigos y se fue a vivir con su abuela. Unos días más tarde, la apuñaló con un cuchillo de cocina. Él decidió quitarse la vida poco después, en 1981, asfixiándose dentro de una bolsa de plástico.
Nadia A. Espejel para La Prensa de México 20/3/25



