La ansiedad puede manifestarse de múltiples maneras: palpitaciones, preocupación constante, inquietud o temor son algunas de las más comunes. Además, los factores que pueden propiciar este tipo de afecciones pueden ser muy variados, aunque la genética o el entorno puede jugar un papel clave.
La psicóloga Ángela Fernández advierte en una de sus últimas publicaciones en redes sociales que las personas que sufren ansiedad suelen además compartir una serie de rasgos de la personalidad. Este problema de salud mental es el más frecuente registrado en las historias clínicas de atención primaria, puesto que afecta a casi el 7% de la población, según recoge el último informe de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria del Ministerio de Sanidad.
Autoexigentes, rigurosas y disciplinadas
En palabras de esta psicóloga, uno de los rasgos de la personalidad de las personas con ansiedad es la alta responsabilidad, puesto que «suelen ser personas muy autoexigentes, rigurosas, disciplinadas y con una muy alta implicación en las tareas». En general, se trata de personas que están en constante búsqueda de la perfección, algo que «se traduce como una alta rigidez mental».
«Un rasgo que desde que somos pequeños está muy aceptado socialmente, se alaba, se admira, a los padres les gusta que los hijos sean responsables, que saquen buenas notas sin tener que estar ellos encima», confiesa esta experta. Si algo está claro es que todo está bien siempre en su «justa medida», por lo que si una persona pretende rebajar sus niveles de ansiedad, tendrá que mantener una actitud más flexible.
«Tienen el foco siempre puesto en el resto»
Las personas que muestran una excesiva amabilidad tienden a tener unos niveles más elevados de ansiedad, ya que tienden a no establecer correctamente los límites. «Tienen el foco siempre puesto en el resto, con lo cual muy poco autocuidado. Deberá pasar a la acción y poner límites».
En cuanto al tercero de los rasgos que explica Fernández es el neuroticismo, un rasgo que se asocia con la inestabilidad emocional, impulsividad y nerviosismo. «Se conoce como ‘personas de alta reactividad’, ya que presentan un constante estado de alerta, a las que un ruido, una mala contestación o un plan que se frustra a estas personas les frustra mucho más».
Lo ideal en estos casos es que las personas encuentren actividades que propicien la serenidad y la tranquilidad del día a día, tal y como indica la experta. «La clave de todo esto está en intentar hablarnos con una mirada flexible y compasiva, y no forzarnos demasiado, porque podemos caer en esa trampa de autoexigencia, perfeccionismo y frustración».
eleconomista.es




