Tras meses de primarias y golpes bajos, de insultos y ocurrencias, de una incesante lluvia de millones de dinero sucio, de amenazas al sistema y de sorpresas —de octubre, pero también de noviembre—, llegó el gran día de las midterms, las elecciones legislativas de mitad de mandato con Donald Trump al poder.
Los estadounidenses están citados este martes para emitir su veredicto en centenares de contiendas y contestar a decenas de preguntas planteadas en las papeletas por cada uno de los 50 Estados. Las cifras de voto por adelantado han alcanzado registros históricos. Se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado, así como 30 gobernadores y un sinfín de cargos locales y estatales.
Teniendo en cuenta la complejidad de la cita y la inmensidad de este país inabarcable, es probable que al final de la jornada, más que de noche electoral, toque hablar de semana o semanas electorales. La siguiente cita es el 3 de enero, día marcado en el calendario para certificar la composición del Congreso que emane de las urnas.
De estas también saldrán un puñado de respuestas sobre el futuro de Estados Unidos, en la misma semana en la que se cumplirán 10 años desde que Donald Trump conquistó la presidencia por primera vez. Lo que sigue es un repaso en seis preguntas y una certeza.
¿Serán demócratas las dos cámaras?
Antes del verano, las encuestas daban como probable una victoria demócrata en la Cámara de Representantes; no tanto, en el Senado. Los últimos sondeos dan por hecho lo primero y no consideran descabellado lo segundo. Y eso, aunque en el tercio del Senado que se renueva favorece el voto conservador.
La composición actual de la Cámara alta (con una mayoría de 53 republicanos) hace que a los demócratas les baste con dar la vuelta a cuatro de los 100 escaños para retomar el Senado. Una encuesta de The New York Times y Sienna publicada este lunes fue recibida como un bombazo en Washington al mostrar que sumarán siete nuevos senadores.
En algunos casos, como Míchigan (11 puntos) y Texas (7), el sondeo da ventajas nunca registradas durante la campaña. Si se cumple la primera predicción, Abdul El-Sayed será el primer musulmán de la historia de la Cámara alta. La segunda haría otro tipo de historia: los republicanos llevan más de 30 años sin perder en ese Estado en la frontera con México.
Habrá otras contiendas disputadas a las que estar muy atentos: en Alaska, una maniobra para despistar a los votantes rivales al meter a un candidato con el mismo nombre del aspirante republicano puede enturbiar un triunfo demócrata. Iowa mide el enfado de los votantes rurales con la economía. Y si Kansas es el escenario de una contienda entre un pastor y un ginecólogo, la republicana Susan Collins busca renovar por quinta vez en Maine; y Ohio, patria del vicepresidente, J. D. Vance, amenaza con teñirse de azul demócrata.
¿Será el principio del fin del trumpismo?
Las midterms siempre suelen traer malas noticias para el partido en el poder. Si los republicanos pierden ambas cámaras, estas serán pésimas para Trump. Solo hay seis precedentes de algo así. Primero, en 1894, con Grover Cleveland de presidente, el único, antes del actual, que lo ha sido en dos mandatos no consecutivos. Las otras veces fueron en 1918, al final de la Primera Guerra Mundial; en 1946, después de la Segunda; en 1954, tras la de Corea; en 1994, una vez terminada la Guerra Fría, y en 2006, con la paciencia de los estadounidenses al límite con la de Irak.
Si los demócratas se hacen con el control del Capitolio tendrán capacidad para plantear investigaciones contra Trump y los miembros de su Administración. El presidente dijo este lunes que, ante esa eventualidad, está dispuesto a conceder un indulto preventivo a Elon Musk, uno de sus más polémicos aliados.
La Constitución impide a Trump presentarse en 2028, así que, pase lo que pase este martes, empieza en Washington la temporada del pato cojo, que es como se conoce en la jerga a los inquilinos de la Casa Blanca con los días contados y, si se diera el caso, una o las dos manos atadas. El actual ha prometido gobernar a base de vetar las decisiones del Congreso, y en sus dos primeros años ha demostrado una pasión autoritaria por ampliar el poder Ejecutivo en detrimento del Legislativo y la inestimable ayuda de la supermayoría conservadora del Tribunal Supremo.
Está por ver qué pasa con el trumpismo si se confirma la muerte política de su líder. Sus miembros suman más o menos en torno al 30% del electorado, y han forjado en una década un movimiento (MAGA, por Make America Great Again) que cuesta imaginar sin Trump en cabeza.
Sus fieles han dado moderados signos de agotamiento por los mismos motivos por los que el resto de los votantes parecen estar listos para dar la espalda al presidente: la guerra en Irán, la corrupción del Gobierno, un Trump desdeñoso con las preocupaciones de las familias, la brutal campaña migratoria y una economía maltrecha.
¿Qué lecciones extraerán los demócratas?
Estas midterms son también un referéndum para el partido que las puede ganar. Si finalmente lo logran, será más por el rechazo al rival (y por la unidad demócrata ante los desmanes de su segundo mandato), que porque hayan sabido armar un discurso ilusionante para el electorado.
Están, además, en mitad de una batalla por el alma y el futuro del partido. Por un lado, se trata de la formación que se atrevió a probar con el progresismo en la estirpe de Bernie Sanders, Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez. Por el otro, la de los candidatos que apuestan por un populismo centrista para engatusar a los indecisos y pescar a los republicanos descontentos. En el primer grupo está El-Sayed. En el segundo el pastor Adam Hamilton (Kansas) o Josh Turek (Iowa) y el seminarista a James Talarico en Texas.
¿Y los republicanos?
La gran pregunta es si estarán por fin dispuestos a llevarle la contraria a Trump si la derrota resulta ser un batacazo. Pudieron hacerlo en 2021 tras el asalto al Capitolio, y en 2022, después de que en las últimas midterms, cuando la ola roja que vaticinaban las encuestas se quedó en salpicadura, en buena medida, debido al papel del entonces expresidente. Las dos veces pensaron que no hacía falta dar la estocada a Trump.
Él se ha pasado la campaña empeñado en pedir a los votantes que finjan que es él el que se presenta a las elecciones y no los candidatos a los que su impopularidad está afectando por delegación. El presidente también se ha empeñado en imponer aspirantes que han complicado apuestas seguras para el Senado en lugares como Texas (Ken Paxton) o Carolina del Sur (Darline Graham, cuyo mérito es ser hermana del fallecido Lindsey Graham).
La vida después de Trump no será fácil para el conservadurismo estadounidense. Se encuentran en lo que el habla popular, gracias a la literatura de Joseph Heller, llama una “trampa 22″, un dilema de imposible resolución. No solo será difícil buscarle sustituto, sino que encontrárselo podría condenar al partido a un secuestro MAGA aún más prolongado. Y todavía más difícil de dejar atrás.
¿Aceptará el presidente los resultados?
Trump y sus aliados llevan un año orquestando una campaña que prepara el terreno para, llegado el caso de una eventual derrota electoral, negarse a aceptar los resultados. Han presentado demandas tumbadas por los jueces, sembrado dudas sobre la integridad de los trabajadores electorales. Los han amenazado con multas y penas de cárcel, y a los votantes, con la presencia de agentes federales en los colegios electorales.
Funcionarios, abogados y activistas por el derecho al voto están preparados para actuar si algunas de esas amenazas se cumplen durante una jornada electoral que promete durar mucho más que la noche de la votación. También alertan de que el daño puede estar ya hecho, porque Trump y los suyos llevan meses poniendo en duda un sistema seguro para sembrar la desconfianza entre los votantes y que estos crean que no merece la pena participar.
¿Darán los latinos la espalda a Trump?
Algunas de las preguntas previas tienen parte de su respuesta en el papel de los hispanos en estas midterms. Giraron en 2024 para apoyar a Trump porque las cosas no iban bien para sus bolsillos y, tras dos años de terror migratorio, alta inflación y precios de la gasolina por las nubes, parecen dispuestos a cambiar de idea. El voto anticipado está registrando récords y los hispanos, que se han caracterizado por su alta abstención, están acudiendo a las urnas como nunca lo habían hecho.
Ese bloque de votantes representa al menos el 20% del electorado registrado en cerca de dos docenas de contiendas muy reñidas para la Cámara de Representantes en Arizona, California, Colorado, Florida, Pensilvania y Texas, entre otros.
Lo que decidan será crucial para el futuro de Estados Unidos. Y esa tendencia solo puede acentuarse. Se calcula que cada 30 segundos un hispano cumple 18 años y, por tanto, se convierte en candidato a votar.
La campaña de 2028 empieza ya
En un país que vive en perpetua campaña, cuando las midterms caen a mitad del mandato de un presidente que no puede volver a presentarse, estas marcan la cuenta atrás para las siguientes elecciones. Ambos partidos tendrán que escoger sus candidatos entre noviembre de este año y el de 2028. Las quinielas, que llevan meses abiertas, entran en su fase decisiva.
Son varios los políticos cuya decisión se espera para después de las legislativas. ¿Dará el paso al frente Alexandria Ocasio-Cortez? ¿Saldrá Jon Ossof, candidato al Senado por Georgia, catapultado hacia la Casa Blanca si las encuestas aciertan en darle como ganador? ¿Se atreverá Kamala Harris a probar de nuevo? ¿O será el gobernador de California, Gavin Newsom, que dijo que no se presentaría si Harris decide hacerlo?
El campo contrario parece más despejado. Está la opción del vicepresidente, J. D. Vance, que ha vuelto a acumular salidas de tono en esta campaña, pero parece gozar del favor del movimiento MAGA, aunque no del carisma de su líder.
También está el secretario de Estado, Marco Rubio, que ya aspiró a la Casa Blanca en 2016. Si la deriva tóxica de la actual presidencia continúa, tal vez la mejor idea para los republicanos será presentar un candidato que no haya tenido que ver con la gestión de una Administración enormemente controvertida.
¿Y quién podría ser? Aún faltan dos años para salir de dudas. Toda una eternidad para los tiempos de la política estadounidense.
Iker Seisdedos, El País



