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¿Una IA puede detectar si otra ha escrito una novela? Preguntas y respuestas sobre Pangram

La polémica sobre la premiada novela ‘Donde el agua trabaja’, de David Silva Rojas, ha provocado un montón de preguntas sobre la validez de este ‘software’

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El mundo literario en español vive estos días una crisis nueva, que otros oficios llevan años afrontando: la llegada masiva de la IA y cómo convivir con ella. EL PAÍS reveló este viernes que Pangram, uno de los detectores mejor valorados, había detectado que el 99% de la novela Donde el agua trabaja, de David Silva Rojas, era texto generado con IA.

En redes surgió un debate vivo y atrevido sobre cómo puede ser que una IA detecte a otra IA y qué implica para novelistas, editores y otros interesados. Pangram fue fundada en 2023 por Max Spero y Bradley Emi, graduados por la Universidad de Stanford. Antes de Pangram, trabajaron en empresas como Google y Tesla. Su percepción era el problema que tenemos hoy: con la aparición de ChatGPT se había reducido casi a cero el coste de escribir; la gente acabaría enterrada en palabrería artificial y necesitaría distinguirla de algún modo de la humana. Así surgió Pangram. Estas son algunas preguntas que hoy han salido sobre este software.

  1. ¿Qué significa eso del 99% de un texto?

Que casi todo está generado con IA. Pangram divide el texto en tramos y clasifica cada uno como “humano”, “asistido por IA” o “generado por IA”. Ese 99% es la parte del texto generado. No es una probabilidad. En un texto de más de 25.000 palabras, casi todas le parecen generadas con IA.

2. ¿Cuántas veces marca un texto humano como IA?

En rarísimas ocasiones para textos de cierta longitud. Se han hecho al menos siete pruebas independientes, y casi nunca marca como IA textos humanos: solo entre el 0% y el 0,2% de los textos probados. El profesor de literatura Steven Mollmann recopiló 17 estudios: en total encontró 49 falsos positivos en 36.282 textos humanos, un 0,14%.

La prueba más exigente son textos que Pangram no puede conocer. El moderador de un foro de novelas compró 46 libros viejos que nunca se digitalizaron: 2,9 millones de palabras que Pangram no puede haber visto. Ningún falso positivo real.

Hay más pruebas con textos antiguos y apuntan a lo mismo. Un equipo de la Universidad de Duke pasó por Pangram 4 3.000 pasajes de artículos científicos anteriores a ChatGPT. Marcó uno solo como “asistido por IA” y ninguno como “escrito con IA”. Epoch AI probó Pangram con 495 textos humanos: cero falsos positivos.

El profesor Tuhin Chakrabarty, autor de un estudio sobre libros autopublicados en Amazon, pasó 50 novelas autopublicadas anteriores a ChatGPT. Ninguna dio positivo. En EL PAÍS, ninguno de 56 libros de 2019 y 2020 dio IA. Tampoco los recientes de autores célebres como Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas. Y detectó los 29 textos que le pasamos escritos con IA.

3. ¿Es Pangram una IA que detecta otras IA?

Sí. Hay miles de IA que no son chatbots. Todas funcionan de manera similar: son redes neuronales que se entrenan con cantidades ingentes de datos. Hay modelos que “aprenden” a manejar el lenguaje, como ChatGPT. Otros “aprenden” a predecir el clima a partir de datos de temperatura, presión y otras variables. Pangram se entrenó solo para distinguir textos humanos y sintéticos. Encuentra patrones que el cerebro humano no percibe. Aunque haya señales gramaticales y sintácticas que pueden verse con el ojo humano, muchas otras no. Ahí es donde Pangram funciona mejor.

A Pangram lo entrenaron con decenas de millones de documentos: a cada texto escrito por una persona le emparejan un “espejo” escrito por una IA que lo imita. Y el modelo aprende a distinguirlos. Sus creadores querían reducir al mínimo los falsos positivos: los que acusan a un humano de haber escrito con IA. Para eso enseñaban grandes cantidades de texto humano especialmente difícil de clasificar. Así, miles de veces. Según sus números, hoy solo marca como IA uno de cada 38.000 textos escritos por personas.

Su CEO explicó que lo miden con millones de textos anteriores a 2022: “Son textos que sabemos que no están generados por IA, pero que tampoco están en nuestro conjunto de entrenamiento”. Así se aseguran de que Pangram no pueda recordarlos de memoria.

4. ¿Puede el estilo de la novela, de frases muy cortas, despistar al detector?

La novela de Silva Rojas tiene un estilo de frases muy breves, que, según el autor, bebe del haiku japonés. ¿Podría eso despistar al detector? Miramos otros textos suyos sin ese estilo. En una entrevista con la revista Ulrica, que ha confirmado que recibió las respuestas por escrito, Pangram atribuye a una IA el 97% de sus respuestas (mientras que el texto de la periodista sale todo humano). Otro texto suyo en primera persona, sobre cómo nació la novela, da un 80%. En ninguno de los dos hay muchas frases cortas: tienen de media unas 16 palabras por frase, frente a cinco en la novela.

5. ¿Es infalible?

No. Existen los falsos positivos, aunque sean rarísimos según todos los estudios que ya mencionamos. Es más habitual un falso negativo: que Pangram marque como humano un texto con IA. Es un principio de precaución: el detector está calibrado para fallar en ese sentido y no marcar como IA textos humanos. Ese comportamiento refuerza la credibilidad de cada positivo.

6. ¿Es el primer libro en español que ha detectado Pangram?

No. Hace dos semanas pasamos 175 libros de éxito por Pangram. Analizamos libros de la mayoría de grandes editoriales en español, incluyendo los principales premios. No detectamos IA en los grandes nombres de la narrativa: Cercas, Muñoz Molina, Allende, Dueñas, Redondo. Ningún libro de editorial salió con porcentajes altos, aunque encontramos señales de IA en 7 de 22 libros de no ficción de editorial.

Donde sí encontramos libros con texto generado con IA fue en superventas autopublicados en Amazon: cuatro de cada diez tenían al menos un 25% escrito con IA. El caso más visible es el libro del político español Alvise Pérez. Su libro Devuélveme mi país tiene un 97% de texto generado con IA, según Pangram. Él asegura que lo escribió “palabra a palabra”. Otras novelas románticas tenían más de un 50%. Sus autores, como Silva Rojas, tampoco respondieron a los mensajes de este periódico.

7. ¿Por qué es tarde para decir que ninguna herramienta de detección de IA funciona?

Porque ninguna funcionaba bien hasta 2025. Pangram lanzó su primer modelo en 2024, pero no se popularizó hasta el año pasado. El 19 de octubre lanzaron su versión 4.1, muy mejorada respecto a las anteriores. Mucha gente se quedó en los detectores de hace unos años, que no funcionaban. Entonces era verdad, pero ya no. La inteligencia artificial avanza mes a mes, como vemos con sucesivas versiones de Claude o ChatGPT. Lo mismo es cierto para los detectores.

Siguen existiendo detectores que no funcionan. Algunos tienen un conflicto de interés evidente y sospechoso: metes un texto, te dice que detecta IA y te ofrece un servicio de pago de “humanización”, para que no sea detectable. Pangram no ofrece ese servicio y, de hecho, intenta detectar también los textos IA que han pasado por una humanización artificial.

8. ¿Se equivoca con textos clásicos como El Quijote?

Esta idea se repite en X y otras redes. Quizá ocurrió antes, con fragmentos muy cortos o con otros detectores, pero hoy no: hemos probado ocho clásicos (el Quijote, el Lazarillo, Galdós, Pardo Bazán, Unamuno, Alicia en el país de las maravillas, Orgullo y prejuicio, el Génesis), con sus primeras 1.000 palabras y otras 1.000 del medio, y salieron todos 100% humanos según Pangram.

Esto no tiene mucho mérito: son textos populares que el detector puede conocer de memoria. Así que hicimos otra prueba: mezclamos el inicio del Quijote con párrafos escritos por una IA que lo imitaba. Pangram marcó como IA el 84% de lo artificial y ni una línea de Cervantes. De nuevo, cuando falla es por dejar pasar IA, no acusando a un humano.

9.¿Es un problema que un escritor use IA para escribir?

Esta es una pregunta para toda la sociedad, escritores y lectores. Muchos programadores llevan bastante bien que su código sea 100% escrito por la IA hoy. Los ilustradores afrontan de otro modo que alguien sin conocimientos pueda hacer un cartel. Los escritores están decidiendo si la IA es algo que ahuyentar de su proceso creativo o si es aceptable que un humano “colabore” con una máquina.

Es importante entender qué detectan estos sistemas: señalan que un texto ha sido generado con IA, pero eso no dice exactamente qué papel tuvo una persona en el proceso. Se puede usar IA para una escritura muy perezosa, casi automática, pero también para convertir en palabras pensamientos propios, notas de trabajo, transcripciones. Los grises abundan. Hay usos legítimos de IA. Y es posible pensar en formas de escribir con IA sin perder la autoría. ¿Se puede escribir una novela con IA como un director de cine dirige guionistas, actores y efectos especiales? Esos son los debates que vienen. Por eso no tiene sentido ninguna caza de brujas.

10/ ¿Por qué es un problema en este caso?

La respuesta a la pregunta de qué puede hacerse no corresponde a unos periodistas. Este caso era notable e importante por el tamaño del premio y porque sus bases decían literalmente que participar implicaba “la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial”. Si eso ocurría, seguían las bases, “cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada”.

Pero abre una pregunta que se mantendrá: ¿qué es escribir un libro “parcialmente” con IA? ¿Si te corrige el estilo? ¿Si convierte tus notas? ¿Si escribe cien veces y tú la guías? Muchos premios tendrán que reescribir sus bases.

11. ¿Ha habido casos en otras lenguas?

Sí. El caso más célebre es el del canadiense Thélyson Orélien. A finales de septiembre, una cuenta en X le acusó de escribir con IA su premiada novela C’était ça ou mourir.Casi un mes después, su editorial, Les éditions du Boréal, puso fin a su relación con Orélien. La editorial quería documentar el proceso creativo de Orélien pero sus gestiones “no permitieron zanjar la cuestión del uso de la IA en su novela” y Orélien anunció después que “no aportaría ningún otro documento”. Sin querer jugar un papel policial, la editorial pidió un informe externo, cuyos resultados “revelaron rastros de etiquetas de IA en los metadatos de algunos documentos”. Debido a este caso, la editorial Gallimard, según Radio France, pasará sus manuscritos por un detector de IA a partir de 2027.

En marzo, The New York Times publicó que una novela de terror de Mia Ballard estaba, según Pangram, generada en un 78% por IA. La autora acusó a un conocido a quien había contratado de usar IA. La editorial canceló el lanzamiento de la novela en EE UU.

En octubre, el escritor zimbabuense Simbarashe Steyn Kundizeza ganó en Londres el Premio Caine de Escritura Africana, dotado con 10.000 libras. The Atlantic publicó que un detector atribuía el texto a una IA. El premio ha abierto una revisión, que sigue su curso.

Jordi Pérez Colomé, Kiko Llaneras El País

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