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Entrevista | Gato Internacional

Irina Scherbakova, activista: “No creo en la ONU, ni en las organizaciones de derechos humanos, ni en las organizaciones de mujeres”

Irina Scherbakova
Irina Scherbakova en la sede de Zukunft Memorial en Berlín, el pasado 10 de agosto. Patricia Sevilla Ciordia

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La historiadora y premio Nobel de la Paz rusa, que ha luchado por recuperar la memoria de los crímenes de Stalin, lleva en el exilio forzado desde 2022. Confiesa que se siente “increíblemente decepcionada” con el paraguas político internacional

Irina Scherbakova (Moscú, 1949) vive en el exilio en Berlín. En marzo de 2022 huyó de Rusia, un mes después de que Vladímir Putin ordenara la invasión a gran escala sobre Ucrania. La ONG que presidía, Memorial, fue ilegalizada en 2021 por el Kremlin y Scherbakova declarada agente extranjera. Memorial fue fundada en 1989 para investigar sobre los crímenes del estalinismo. En la Rusia contemporánea, Stalin es venerado y su pasado de terror, borrado.

En 2022 Memorial recibió el premio Nobel de la Paz junto al activista bielorruso Ales Bialiatski y a la ONG ucrania Centro para las Libertades Civiles. Scherbakova está vinculada a Ucrania de varias maneras. Sus abuelos paternos eran de este país; Memorial fue la última organización rusa que operaba en Ucrania, hasta 2019, recogiendo pruebas del horror estalinista pero también de crímenes de guerra rusos en la guerra en Donbás.

Nada de esto es hoy posible, explica en la sede de la nueva Memorial Zukunft, la ONG refundada en Berlín. Scherbakova atendió a EL PAÍS con motivo de la conferencia que impartirá el 12 de octubre en los Encuentros de Pamplona.

Scherbakova habla del exilio como si fuera algo que esperaba hace tiempo. Su último libro publicado en Alemania son unas memorias tituladas Der Schlüssel würde noch passen (La llave todavía abriría). Es un libro pesimista. Entre otros ejemplos de ello, Scherbakova afirma que nunca podrá volver a su dacha, a su casa de veraneo, en Sumi, Ucrania. “La guerra ha roto tantas cosas”, repite durante la entrevista. Hoy la utilizan refugiados ucranios.

Pregunta. En su libro Memorial (Temporal) afirma que “la gran mayoría de la sociedad rusa dejó de apoyar las ideas por las que se creó Memorial en 1989 y renunció a la paz, el progreso y los derechos humanos”. El intelectual ucranio Pavlo Kazarin ha escrito que la sociedad rusa nunca ha creído en estos valores, que Putin es solo la consecuencia de un sistema, de la última sociedad imperialista en Europa. ¿Está de acuerdo?

Respuesta. Rusia fue un imperio durante siglos, pero un imperio en algunos aspectos diferente a lo que entendemos como colonialismo clásico. Porque los pueblos del imperio ruso eran ellos mismos siervos, esclavos. En historia no se puede generalizar. Uno puede preguntarse por qué fracasó la Revolución de febrero de 1917 que liberó a todos los pueblos del imperio y les otorgó todo tipo de libertades, incluidas las minorías. Y fracasó rápidamente. Hay explicaciones de por qué la gente fue seducida por las consignas populistas de un partido de izquierda radical muy pequeño [el Partido Bolchevique] y por Lenin. Muchos factores influyen aquí: las divisiones entre las fuerzas que luchaban contra los bolcheviques, por ejemplo. Creo que se puede comparar esto con la historia española y el desarrollo de la Guerra Civil.

P. ¿Esto no es una prueba de que Kazarin tiene razón?

R. No se debe decir que la historia siempre es homogénea, que siempre hubo imperialismo. Muchos creyeron en la igualdad, la fraternidad y la justicia social. Eso era lo que los comunistas prometieron al pueblo. Hablo desde la experiencia de mi familia, todos eran de izquierdas. Pero detrás de ello había una terrible mentira que se convirtió en terror. Generalizar sobre las personas y declarar que todos fueron siempre de una manera, que Rusia está eternamente condenada, atrapada en esta cuadratura de dictadura, es una simplificación de la historia. Por cierto, Ucrania formó parte de esta historia. No fueron solo los rusos quienes participaron en todo esto.

P. ¿Cuándo se ha visto en Rusia este apoyo a la paz, el progreso y los derechos humanos?

R. A finales de los años ochenta. Si no fuera por aquel momento, Ucrania no hubiera podido ser libre, tampoco las repúblicas bálticas. Estamos en Berlín, aquí cayó el Muro porque Mijaíl Gorbachov estaba listo para la reunificación de Alemania y porque lo empujamos a realizar estas reformas en 1989 y 1990, cuando dudó. Había muchas tropas soviéticas aquí. Y los aliados no estaban convencidos de que fuera posible, ni americanos ni franceses. Fue en parte posible por un gran interés de Gorbachov. La Unión Soviética se derrumbó sin derramarse sangre. No olvidemos lo que sucedió en Yugoslavia en aquel momento. Por eso esta generalización, que no es cierta, es triste.

P. En Ucrania mucha gente piensa como Kazarin, es su experiencia. ¿Tienen razón en algo?

R. Desafortunadamente, la gente en Rusia también ha creído a los populistas, y Putin era un populista inteligente. No tenían experiencia con la democracia y estaban muy decepcionados con el capitalismo depredador. Y tenían sentimientos nostálgicos. Diría que Kazarin tiene razón en que la gente tiene que someterse al estado fuerte, a la mano fuerte, por este miedo a la libertad. Esto realmente en Rusia tiene una larga tradición.

Irina Scherbakova en Zukunft Memorial, en Berlín, este mes de agosto.Patricia Sevilla Ciordia

P. ¿Qué debe suceder para recuperar ese momento de esperanza que sucedió en los años ochenta?

R. Quizá las personas más jóvenes que yo tengan más esperanza, porque no creo que los cambios puedan ocurrir rápidamente. Esto llevará mucho tiempo. No sé cuánto durará esta guerra. Y nadie sabe cómo terminará esta guerra. Porque Putin, como vemos, no está en absoluto dispuesto a que la guerra termine. Putin no ve futuro para Rusia sin esta guerra. Y todavía es lo suficientemente fuerte. Todo el mundo habla de la crisis, pero en mi opinión, Putin todavía tiene la opción de continuar esta guerra. Está sumiendo al país en una situación verdaderamente terrible. Está arrastrando al país a la catástrofe.

P. ¿Qué entiende por catástrofe?

R. Una catástrofe económica, moral y política. Las instituciones están completamente destruidas: las elecciones, el parlamentarismo, el poder judicial y todo lo demás. Y tengo mucho miedo de que estos acontecimientos lleven al país a una crisis tan profunda que no será tan fácil como en 1989. Será mucho más difícil, mucho más dramático. Y Dios no lo quiera, también podría ser mucho más sangriento. Porque algo tiene que unir a la gente, alguna convicción, alguna fe en la restauración de la democracia, en la liberación de Rusia. Creo que el futuro es muy sombrío. Mucho depende de cuánto dure esta guerra, cuán profunda sea la crisis y cuánto tiempo permanezca Putin en el poder. No veo ninguna fuerza real en Rusia que pueda formar un movimiento de resistencia decisivo. Se ha acumulado demasiada violencia. El aparato de violencia es enorme. A muchísimas personas de base se les ha dado, por así decirlo, el poder de ejercer esta violencia. Y esa es una situación muy peligrosa.

P. Usted pudo salir de Rusia gracias a que tiene la ciudadanía israelí. Putin y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, muestran una simpatía mutua, además de una afinidad ideológica, desde el uso de la violencia militar contra civiles a ignorar el derecho internacional. Israel, además, no apoya a Ucrania en prácticamente ningún ámbito. ¿Qué les une?

R. Los bailes de Netanyahu con Putin me resultan sumamente desagradables. Estoy totalmente convencida de que Netanyahu debe ser destituido en las urnas. Pero no se puede comparar a Netanyahu con Putin. Ni se puede comparar a Israel con la Rusia de Putin. En mi opinión, Israel está evolucionando en una dirección peligrosa en comparación con muchos otros países. Pero sigue siendo un país democrático. Y las elecciones no serán fraudulentas. Esa es la cuestión que decidirá su pueblo. Y eso es completamente diferente en Rusia.

P. Lo que sí tienen en común es que son los dos únicos jefes de Gobierno o de Estado sobre los que hay una orden de arresto del Tribunal Penal internacional…

R. Putin no será destituido del poder mediante un proceso electoral. Respecto a Natanyahu, espero que sea destituido y que se inicie un juicio, primero en Israel. En cuanto al ámbito internacional, estoy increíblemente decepcionada. Con todas las organizaciones internacionales, la ONU especialmente. La ONU ha fracasado estrepitosamente tantas veces en sus supuestos esfuerzos. En los conflictos en Yugoslavia, ¿qué hizo la ONU y sus tropas? Permitieron que todo aquello sucediera. También están los terribles conflictos africanos. No creo en la ONU, ni en las organizaciones de derechos humanos ni las organizaciones de mujeres. Por cierto, viví algo que jamás la olvidaré: ​​estuve en Berlín el 7 de octubre de 2023 [fecha del ataque terrorista de Hamás] y fui testigo de cómo se celebró con euforia en Neukölln [distrito de la ciudad con una alta densidad de población musulmana], y eso me resulta absolutamente inaceptable.

Cristian Segura desde Berlín para ElPais.com 6/10/26

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