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EEUU tiene en su mano darle la estocada final al petróleo ruso, pero puede desatar una crisis mucho mayor sobre la economía global

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  • Aprobada una ley con aranceles secundarios para los compradores de Rusia
  • La norma da ‘superpoderes’ a Trump y amenaza seriamente a China y la India
  • Un mercado en tensión máxima no soportaría la ‘desaparición’ del petróleo ruso

EEUU ha estrechado aún más el cerco sobre el petróleo ruso después de que el Congreso haya aprobado esta semana el proyecto de ley que otorga al presidente Donald Trump nuevas competencias para imponer aranceles a los países que compren productos petrolíferos del país. La medida ha sido celebrada por Ucrania y se prevé que ayude a socavar aún más las finanzas de Moscú tras años sufragando su esfuerzo bélico con las exportaciones energéticas. Sin embargo, aparte de las dudas surgidas en torno al peligro de otorgar al volátil Trump estos ‘superpoderes’ arancelarios contra socios y rivales geopolíticos por igual, la norma hace preguntarse si el mercado petrolero global, en tensión máxima, soportaría la ‘desaparición’ de la oferta rusa. Una pregunta que tiene una respuesta muy distinta a la de hace justo un año.

En septiembre de 2025, los analistas de UniCredit Research publicaban un llamativo informe en el que detectaban un claro punto de inflexión en el mercado petrolero: las perspectivas de oferta y demanda para 2026 en ese momento hacían prácticamente ‘prescindible’ el crudo ruso. Con cifras de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en la mano y previendo una reversión de los recortes de producción de la OPEP+ aprobados en 2023, estos estrategas estimaban un exceso de oferta para este año de 4,5 millones de barriles (mb/d) que podía dejar al barril de Brent «muy por debajo de los 50 dólares». Teniendo en cuenta ese bajo precio y que Moscú exportaba por ese entonces 4,7 mb/d de crudo, se concluía que la eliminación de este suministro ruso acercaría el mercado del petróleo al equilibrio.

Doce meses y una guerra en Irán después, todo ha cambiado por completo y el mejor reflejo es un barril de Brent que ha coqueteado esta semana con los 110 dólares. La pérdida del estrecho de Ormuz como vía de suministro fiable y los recientes ataques contra Arabia Saudí que han paralizado su gran oleoducto Este-Oeste, la gran alternativa a Ormuz, han provocado un escenario de tensión tal que puede resultar inconcebible que se valore suprimir el suministro ruso.

A este vuelco se suma que Rusia tampoco produce hoy todo el petróleo que extraía hace apenas unos meses. La AIE ha vuelto a recortar en su informe de septiembre, al que ha tenido acceso elEconomista.es, sus previsiones por los ataques ucranianos contra la infraestructura energética del país y calcula que la producción rusa de crudo cayó en agosto hasta 8,36 millones de barriles diarios, 200.000 menos que en julio, 695.000 menos que un año antes y nada menos que 940.000 barriles diarios por debajo de enero. El organismo espera ahora que Rusia produzca una media de 8,7 millones de barriles diarios (mb/d) en 2026 y 8,6 mb/d en 2027. Es decir, Washington se plantea retirar del mercado parte de la oferta rusa precisamente cuando esa oferta ya está disminuyendo por razones físicas y no únicamente por las sanciones occidentales.

Una ‘soga al cuello’ para la India

La nueva norma aprobada por EEUU y que se prevé que Trump promulgue es, desde luego, expeditiva. El proyecto de ley permite al presidente imponer un arancel general del 500% a los productos rusos importados a EEUU y unarancel adicional del 100% a los cinco principales importadores de energía y a los países que importen crudo o gas natural ruso, o que faciliten la elusión de las sanciones. La nueva facultad arancelaria expira al cabo de cinco años. Los cinco principales compradores de productos petrolíferos rusos -una lista que incluye a China, la India y aliados de EEUU como Turquía- podrían verse afectados por nuevos aranceles de amplio alcance, si Trump decide hacer uso de las nuevas facultades. Los demócratas presentaron una enmienda para aclarar que la Unión Europea no se consideraría como un único país, pero la iniciativa fue rechazada.

El temor precisamente de muchos legisladores demócratas y analistas es que Trump disponga de un nuevo ‘arma’ comercial para sus intereses, dejando en segundo plano la asfixia financiera del Kremlin. El ejemplo más comentado es el de la India, ya que el inquilino de la Casa Blanca podría usar esta herramienta para obligar a Nueva Delhi a firmar un pacto comercial a su gusto.

«Los aranceles secundarios le darían a Trump otra herramienta para instrumentalizar el comercio, permitiéndole castigar a India (o China) simplemente por mantener una relación comercial con un tercer país incluido en la lista negra de EEUU», explica Tom Miller, estratega de Gavekal Research. La idea de fondo entre las casas de análisis es que ni China ni India probablemente reducirían su consumo de petróleo ruso, aunque los aranceles le darían a Washington mayor influencia en sus negociaciones con Nueva Delhi y Pekín.

Dado que Trump parece querer seguir sin enemistarse del todo con China, plantea Miller, toda la carga de la medida va contra una India que, muy a su pesar, es el mejor reflejo de lo difícil que es ahora mismo ‘prescindir’ del petróleo ruso. Moscú suministró aproximadamente un tercio del crudo de la India durante el último año fiscal, pero esa dependencia ha aumentado drásticamente durante la crisis del Estrecho de Ormuz: los barriles rusos representaron más de la mitad de las importaciones en junio, cuando las compras alcanzaron un récord de 2,7 millones de barriles diarios.

Tras la crisis de Ormuz, la cuota conjunta de las importaciones de petróleo ruso por parte de la India y China ha aumentado de una quinta parte a un tercio, según Kpler. A finales de agosto, China adquirió la mitad de las exportaciones de crudo de Rusia, seguida de la India, que compró el 37%, Turquía, con un 5%, y la Unión Europea, con otro 5%, según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA). En las condiciones actuales, sería «extremadamente complicado» para Pekín y Nueva Delhi sustituir los 3,5 millones de barriles diarios de suministro ruso por vía marítima, además de los aproximadamente 600.000 b/d que China importa por oleoducto, según ha declarado a la CNBC Iván Ryabov, responsable de análisis del comercio de petróleo en Kpler.

Compradores muy «nerviosos»

Como certifican en una nota de esta semana los analistas de materias primas de S&P Global, los descuentos en el crudo ruso se han reducido desde mediados de agosto, ya que la escalada del conflicto en Oriente Medio genera preocupación por el suministro mundial y la producción de crudo ruso se ve afectada por los ataques ucranianos. Según recoge la plataforma de datos Platts de S&P Global Energy, el crudo de los Urales (el de referencia en Rusia) cargado en Primorsk cotizaba con un descuento de 21,65 dólares por barril respecto al Brent con fecha de entrega del 14 de septiembre, frente al descuento de 25,90 dólares por barril registrado el 17 de agosto.

El analista energético independiente George Voloshin señala que los descuentos se han reducido debido a la competencia entre las refinerías asiáticas, las interrupciones en el suministro ruso en la fase de exploración y producción, y la incertidumbre sobre el suministro de Oriente Medio. «La escalada de tensiones y las interrupciones en las rutas marítimas del Golfo y del Mar Rojo han hecho que los crudos de acidez media de Oriente Medio sean más arriesgados y más caros de extraer. En consecuencia, las refinerías de la India y China han considerado los crudos rusos transportados por mar como una alternativa más segura para su consumo básico, lo que ha hecho subir los precios de los cargamentos entregados», detalla Voloshin, constatando la dificultad de prescindir de esta oferta ahora mismo.

El crudo de los Urales suministrado a la India se ha estado negociando con prima desde el 8 de septiembre, confirma la plataforma de S&P. «Los compradores están empezando a ponerse nerviosos y, en consecuencia, están pujando al alza por cualquier crudo disponible, incluso aquel afectado por las sanciones», analiza Ronald Smith, estratega de la firma.

Las sanciones occidentales pretendían obligar a Rusia a vender su petróleo con grandes descuentos para reducir los ingresos que financian la guerra, pero la actual escasez mundial está haciendo exactamente lo contrario: comprime ese descuento e incluso permite que determinados cargamentos rusos lleguen a la India con prima sobre el Brent. S&P Global constata que el crudo de los Urales entregado en la costa occidental india ha pasado de venderse 3,20 dólares por debajo del Brent el 17 de agosto a hacerlo 1,05 dólares por encima el 14 de septiembre. En menos de un mes, por tanto, la ventaja relativa del barril ruso ha mejorado en 4,25 dólares. El mercado está haciendo parte del trabajo contrario al que persiguen las sanciones.

Esta transformación resulta todavía más llamativa si se recuerda lo sucedido inmediatamente después de la invasión de Ucrania. India aprovechó entonces el aislamiento occidental de Moscú para convertirse en el gran comprador de unos Urales que Rusia tenía que colocar con importantes descuentos. Cuatro años después, la guerra de Irán ha invertido parcialmente esa relación, ahora es Nueva Delhi la que necesita especialmente esos barriles. En junio, cuando la crisis de Oriente Medio estranguló los suministros de sus proveedores tradicionales, las compras indias de crudo ruso se dispararon hasta unos 2,73 millones de barriles diarios, prácticamente la mitad de todas las importaciones del país y un máximo histórico.

Cuestión de pragmatismo

La situación coloca a Trump ante un dilema incómodo. Si utiliza toda la potencia de la nueva ley y consigue que India y China reduzcan realmente sus compras, el castigo podría golpear las finanzas del Kremlin, pero también retiraría de un mercado ya tensionado millones de barriles que difícilmente pueden sustituirse de inmediato. El petróleo Brent cotiza por encima de los 100 dólares, lo que está disparando los precios de los combustibles en EEUU y erosionando la popularidad del presidente de EEUU. Si, por el contrario, concede exenciones o utiliza la amenaza arancelaria fundamentalmente como palanca negociadora, el petróleo ruso seguirá encontrando compradores y la capacidad de la norma para erosionar los ingresos de Moscú será mucho menor. La propia legislación deja abierta esta puerta: el presidente puede suspender las sanciones cuando considere que hacerlo responde al interés nacional de EEUU.

Hay además un precedente muy reciente de hasta dónde puede llegar el pragmatismo estadounidense cuando el precio del petróleo amenaza con convertirse en un problema mayor que el propio objetivo sancionador. Tras el estallido de la guerra con Irán, Washington introdujo entre mediados de marzo y mediados de junio exenciones temporales a determinadas sanciones sobre el crudo ruso en plena crisis de suministro. Durante aquel periodo, el crudo de los Urales llegó incluso a cotizar con prima en la India y el descuento del barril cargado en Primorsk frente al Brent se estrechó hasta 17,65 dólares en abril. EEUU ya ha demostrado, por tanto, que está dispuesto a relajar temporalmente la presión sobre Moscú cuando mantener los barriles rusos circulando se convierte en una cuestión de estabilidad energética mundial.

La última dificultad enrevesa aún más la situación, porque incluso aunque China y la India cediesen a las presiones de Washington, sancionar no equivale automáticamente a sacar cada barril ruso del mercado. Moscú lleva años construyendo una enorme infraestructura paralela de comercialización, intermediarios y petroleros de la denominada ‘flota en la sombra’ para sortear las restricciones occidentales. Precisamente por eso la nueva legislación estadounidense no se limita a amenazar a los compradores, sino que extiende las sanciones a los buques utilizados para eludir las restricciones. La batalla no consiste únicamente en convencer a dos países para que dejen de comprar, sino en impedir que esos barriles cambien de ruta, intermediario, bandera o comprador y terminen regresando al mercado mundial.

Todo ello explica la enorme diferencia entre el mercado que contemplaba UniCredit hace exactamente un año y el actual. Entonces, un exceso previsto de oferta de 4,5 millones de barriles diarios permitía imaginar que prescindir de los 4,7 millones que exportaba Rusia simplemente devolvería el mercado al equilibrio. Hoy, Oriente Medio ha perdido buena parte de su capacidad para actuar como proveedor marginal, las rutas del Golfo y el mar Rojo se han convertido en focos de riesgo y la propia producción rusa está retrocediendo. El petróleo de Moscú ha pasado así de parecer el barril prescindible de un mercado inundado de crudo a convertirse en uno de los suministros que India y China más difícilmente pueden sustituir. EEUU dispone ahora de un ‘arma’ mucho más poderosa para intentar estrangular las finanzas de Putin; la paradoja es que nunca desde el inicio de la guerra de Ucrania había resultado potencialmente tan peligroso utilizarla con toda su fuerza.

eleconomista.es

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