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Jubilación masiva entre los suizos.

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El ejemplo del estado bienestar.

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Suiza se enfrenta a una crisis inédita que pone en alerta a toda Europa: la jubilación del baby boom deja sin trabajadores a la economía más rica del continente

  • En 10 años abandonarán el mercado laboral alrededor de 400.000 personas
  • La jubilación del baby boom llega en plena escasez de trabajadores
  • Suiza mira a la IA y al empleo a tiempo parcial como posibles soluciones
Bandera Suiza Zurich
La bandera de Suiza cuelga en una calle de Zúrich.

Suiza, con el permiso de Liechtenstein y Luxemburgo, es el país más rico de Europa. Cuando se habla de países que han alcanzado el éxito en casi todos los sentidos, probablemente Suiza es uno de los que se viene a la cabeza de la mayor parte de economistas o expertos. Con una renta per cápita de 126.180 dólares es, además, la cuarta economía más rica del mundo. Los bienes y servicios made in Switzerland son reconocidos en el mundo entero y mantienen su atractivo pese a los elevados precios relativos de los mismos (consecuencia de unos salarios muy altos). La calidad, la fiabilidad, la tecnología y el marketing (todo hay que decirlo) permiten que Suiza venda al exterior casi todo lo que se propone, logrando así un superávit comercial constante que permite a la economía producir mucho más de lo que consume e invierte a nivel doméstico. Esto, a su vez, ayuda a generar una situación constante de pleno empleo que, al mismo tiempo, empieza a ser la gran amenaza del país. El propio éxito de Suiza y la jubilación masiva del baby boom se han convertido en una suerte de crisis inédita a la que el resto de Europa (al menos la Europa con bajos niveles de desempleo) debería prestar atención. Suiza se queda sin trabajadores.

La escasez de trabajadores en Suiza tiene raíces multifactoriales, siendo quizá la demografía una de las más importantes (la generación del baby boom se jubila), pero también es relevante poner de manifiesto que está escasez es consecuencia del propio éxito económico del país, lo que podría parecer contradictorio, pero no. Los países con tasas de paro más elevadas (o con más población ‘inactiva’) tienen, en teoría, un colchón para compensar parcialmente la jubilación de la generación más grande de la historia. Sin embargo, Suiza ha tenido tanto éxito a la hora de movilizar su fuerza laboral (de poner a trabajar todos sus recursos) y mantener una economía productiva que apenas dispone de desempleo ocioso que movilizar ahora. Cuando la demografía empieza a reducir la población activa, el problema se vuelve especialmente intenso.

Los países que han logrado emplear a toda su población tiene un problema potencial (bendito problema). Suiza lleva décadas registrando mes a mes (como un reloj suizo) superávits comerciales, además de ser uno de los centros financieros y del ahorro más importantes de Europa. ¿Qué tiene que ver esto? La economía suiza no solo produce suficiente cantidad de bienes y servicios para abastecer la demanda doméstica (en término de cantidad, no de variedad, obviamente Suiza no produce petróleo y tiene que importarlo), sino que es capaz de producir mucho más y exportarlo. Esto es clave para generar tanto empleo y de tanta calidad en el país, pero al mismo tiempo es una de las razones que están llevando a la economía hacia este precipicio laboral llamado escasez estructural de trabajadores.

¿Cómo el éxito de una economía puede dejarte sin trabajadores? Suiza es una de las economías más ricas, productivas y desarrolladas del mundo, gracias a ello, en parte presenta una tasa de paro de apenas el 3%, según los últimos datos de la Secretaría de Estado de Economía (SECO). El país ha alcanzado de forma estructural lo que se denomina como pleno empleo, algo a lo que aspira cualquier país del mundo, pero que al mismo tiempo puede limitar el crecimiento potencial futuro si la demografía no crece a un ritmo suficientemente elevado como para alimentar la demanda de las empresas de mano de obra. Esta crisis puede verse como un problema o una bendición, según desde el lado que se analiza.

En el caso de Suiza, esta crisis no significa que en la actualidad no haya ningún parado en Suiza (hay parados, pero la mayoría del paro es lo que se denomina como desempleo friccional, personas que no trabajan de forma voluntaria por diferentes motivos), ni que mañana vayan a cerrar 50 empresas suizas porque no hay mano de obra. Ni siquiera supone que todas las empresas tengan dificultades para contratar (de hecho, la desaceleración económica alivió temporalmente las tensiones en 2024 y 2025), pero sí que la demografía y buen funcionamiento del mercado laboral amenazan con reducir estructuralmente la oferta de trabajo disponible durante la próxima década. Ese desempleo friccional es lo que impide que las economías lleguen al 0% de tasa de paro. No es ni más ni menos que las personas que están sin trabajo porque están buscando otro empleo o se van a incorporar de forma inmediata a un nuevo trabajo y aparecen en la estadística como parados (técnicamente lo son, pero la realidad es otra).

El tamaño del agujero merece ser analizado. Un estudio de la Banco Nacional de Suiza (BNS) calcula que, si se excluyera la inmigración y la tasa de empleo permaneciese constante, durante los próximos diez años saldrían del mercado laboral alrededor de 400.000 personas más de las que entrarían. Dicho de otra forma, jubilaciones y relevo generacional dejarían por sí solos un déficit demográfico equivalente a unas 40.000 personas cada año sin tener en cuenta que el propio crecimiento económico podría incluso incrementar la necesidad de emplear a mayor mano de obra. Lo normal es que una empresa de éxito no solo tenga que reemplazar a los trabajadores que se retiran o se marchan, sino que además amplíe plantilla. Suiza envejece mientras que disminuye el peso relativo de su población en edad de trabajar. El último informe de Adecco y la Universidad de Zúrich muestra que actualmente existen unos 33 trabajadores mayores de 65 años por cada 100 personas de entre 20 y 64 años, pero la proporción aumentará hasta aproximadamente 40 en 2035.

Por eso resulta útil mirar más allá de los datos de última hora y poner el foco en el horizonte. En los últimos dos años, la escasez de trabajadores parece haberse suavizado en Suiza ante la ralentización de la economía, lo que podría hacer parecer que el problema se ha solucionado. El índice de escasez de trabajadores cualificados elaborado por Adecco y el Stellenmarkt-Monitor de la Universidad de Zúrich cayó un 22% en 2025, acercándose de nuevo a los niveles anteriores a la pandemia. La debilidad de los últimos años de las exportaciones, las incertidumbres económicas y unas empresas más prudentes a la hora de invertir redujeron las ofertas de empleo, mientras aumentaba el número de personas buscando trabajo.

Pero se trata fundamentalmente de un alivio coyuntural que puede ocultar el problema estructural que viene por detrás. De hecho, los últimos datos oficiales apuntan ya a una renovada tensión, ya en el segundo trimestre de 2026 las empresas suizas declararon un 2,7% más de vacantes que un año antes y mayores dificultades para encontrar trabajadores cualificados que en el trimestre anterior. El resurgir del sector exportador podría añadir más presión en los próximos trimestres.

El índice de Adecco identifica únicamente cuatro grandes grupos profesionales con escasez clara en 2025, pero son precisamente actividades difíciles de sustituir y esenciales para el funcionamiento de una economía. A la cabeza aparecen los especialistas sanitarios (médicos, enfermeros o farmacéuticos), seguidos de responsables de obra, capataces y responsables de producción; técnicos de ingeniería, automatización y sistemas; y, finalmente, electricistas y especialistas en electrónica. La construcción ofrece otra señal a tener en cuenta, puesto que los autores del informe advierten de que su escasez de trabajadores podría agravarse hasta 2040 debido simultáneamente a las jubilaciones y al descenso de titulados de formación profesional, hasta el punto de que «incluso con una mayor formación y capacitación, difícilmente podrá cubrirse la demanda».

El gran problema del sector sanitario

El caso de la sanidad es todavía más llamativo porque la demografía golpea por los dos lados. Los especialistas sanitarios ocupan ininterrumpidamente desde 2022 el primer puesto del ranking de escasez, mientras médicos, enfermeros y otros profesionales envejecen y terminan jubilándose, una población también cada vez más envejecida necesita precisamente más médicos, enfermeros, fisioterapeutas y cuidados. Es decir, disminuye potencialmente la oferta laboral al mismo tiempo que aumenta la demanda del servicio. El problema suizo no consiste, por tanto, simplemente en necesitar más trabajadores sino que existe un fuerte desajuste entre las cualificaciones disponibles y las que necesita la economía. En la encuesta de KOF, el 87% de los economistas identifica la demografía como causa fundamental de la futura escasez, un 63% señala el desajuste de cualificaciones y un 43% las insuficientes posibilidades de acceder a trabajadores extranjeros.

Por ahora, la solución ha sido la inmigración, pero el auge del nacionalismo y el creciente rechazo en Europa a los inmigrantes puede terminar calando en la sociedad suiza, que buscando una mayor satisfacción hoy puede terminar generando un gran problema mañana. Hasta ahora, la inmigración aparece como una de las válvulas de escape que Suiza ha utilizado durante décadas. Casi tres de cada cuatro economistas consultados por KOF consideran que la inmigración reduce la escasez estructural de trabajadores. Con todo, el escenario central de la BNS permite comprobar hasta qué punto la economía suiza dependerá del exterior. Si continúan las tendencias actuales, incluyendo una inmigración neta anual de unas 56.000 personas y alrededor de 11.000 trabajadores adicionales al año sin residencia permanente, el empleo todavía podría aumentar en unas 310.000 personas durante la próxima década. El problema es que incluso así el empleo crecería aproximadamente a la mitad del ritmo histórico.

Utilizar mejor la fuerza laboral

Suiza todavía dispone, además, de una reserva de trabajadores dentro de sus propias fronteras. El 80% de los economistas de KOF reclama medidas para elevar la participación laboral femenina y el 78% propone hacer lo mismo con los trabajadores de mayor edad; otro 78% apuesta por impulsar la formación profesional continua. El diagnóstico coincide con el de la OCDE. Aunque la participación laboral de las mujeres suizas es elevada, existe una utilización extraordinariamente intensa del trabajo a tiempo parcial, especialmente entre las madres, influida por el coste de las guarderías y determinados desincentivos fiscales.

La estadística revela que, de los 5,698 millones de ocupados existentes en el segundo trimestre de este año, 2,39 millones eran a tiempo parcial. Convertir aunque fuese una porción de ese trabajo parcial en más horas efectivamente trabajadas permitiría aumentar el factor trabajo sin necesidad de incrementar en la misma proporción el número de personas empleadas.

La alternativa será conseguir que cada trabajador produzca mucho más. Este es el antídoto en el que trabajan todas las empresas y países del mundo. Elevar la productividad solventaría el problema y todo hace pensar que la inteligencia artificial va a ser una gran aliada en este cometido. Pero por ahora todo son pequeños cambios que se empiezan a vislumbrar en las estadísticas, pero que son aún insuficientes. Adecco detecta ya una caída de la demanda en actividades administrativas, comerciales, financieras e informáticas especialmente expuestas a la IA. Entre los desarrolladores y analistas de software, por ejemplo, el número de personas buscando empleo aumentó un 36% en 2025 mientras las ofertas cayeron un 32%. Pero automatizar un trabajo administrativo resulta mucho más sencillo que sustituir a un enfermero, un electricista o un jefe de obra, precisamente algunos de los empleos donde más escasez existe. KOF refleja además una notable división entre los economistas, puesto que un 43% considera que la escasez laboral puede elevar la productividad (al incentivar automatización, inversión y reorganización) mientras que un 36% piensa que puede reducirla.

Ahí es donde el problema laboral termina convirtiéndose en un problema macroeconómico. El crecimiento potencial de una economía puede simplificarse en dos grandes motores. Uno es cuánto aumenta la cantidad de trabajo disponible y el otro (el antídoto de la productividad) cuánto aumenta lo que produce cada trabajador. Si la población activa deja de crecer al ritmo anterior, Suiza necesitará compensarlo mediante productividad, más horas trabajadas, mayor participación laboral o inmigración.

El banco central del país calcula que, manteniéndose las tendencias actuales, el crecimiento del empleo podría reducirse aproximadamente a la mitad de su promedio histórico durante la próxima década, y avisa expresamente de que el envejecimiento «pesará sobre la actividad económica» y afectará al crecimiento potencial no inflacionista del PIB. Solo una recuperación sustancial de la productividad (por ejemplo, gracias a avances tecnológicos como la IA) podría compensar completamente ese lastre.

Europa mira a Suiza

El caso de Europa no es aún tan alarmante, puesto que el mercado laboral europeo, en general, cuenta con un mayor colchón de trabajadores inactivos y en paro, pero Suiza puede ser un buen ejemplo para observar y aprender. Desde Eurofound explicaban hace unos meses que «Europa se enfrenta a una importante transformación demográfica. Las poblaciones están envejeciendo, y el declive natural solo se compensa parcialmente con la migración neta. Este cambio ejerce presión sobre los mercados laborales, amenaza con escasez de mano de obra y sobrecarga los sistemas de pensiones a medida que la generación del baby boom se jubila». Todo esto no va a suceder hoy ni mañana, ni siquiera en Suiza, donde el mercado laboral se encuentra en pleno empleo, pero analizarlo con perspectiva pone sobre la mesa cuáles pueden ser algunos de los problemas del medio plazo.

Suiza se enfrenta así a uno de esos problemas que surgen precisamente cuando una economía ha llevado algunas de sus fortalezas muy lejos. Un paro del 3% significa que existe relativamente poco trabajo ocioso que movilizar, mientras la generación más numerosa abandona progresivamente el mercado laboral y las empresas continúan necesitando médicos, enfermeros, ingenieros, electricistas y trabajadores de la construcción.

La cuestión ya no será cómo crear empleo, sino de dónde sacar a las personas necesarias para ocuparlo. Suiza tendría en teoría cuatro grandes palancas (inmigración, mayor participación de mujeres y trabajadores de edad avanzada, más horas trabajadas y un salto de productividad mediante inversión y tecnología), pero ninguna está asegura. Si no se compensa el el golpe demográfico se podría ver una crisis inédita en Europa. Como uno de los países más prósperos del planeta podría descubrir que su principal límite para seguir creciendo no es la falta de capital, inversión o demanda, sino lo más elemental y básico de cualquier tejido productivo… los trabajadores.

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